Iglesia Católica y Pederastia

No pasa una semana sin que se conozca nuevos casos de pederastia por parte de sacerdotes y dignatarios de la Iglesia Católica. Desde el momento en que el Papa Francisco tomó la decisión de ser implacable, resultó impresio¬nante la cantidad de casos que salían a la luz pública y que recibían la correspondiente sanción (siendo de hecho la sanción mayor, por supuesto, la revelación del caso). Y no deja de resultar indignante el hecho de que tantos casos se hayan mantenido en reserva y que miles y miles de víctimas se hayan encontrado sistemáticamente desamparadas.

Entre los pederastas aparecen sacerdotes y otros religiosos, aparecen obispos, aparecen cardenales… ¿tiene todo esto algo que ver con Jesús de Nazareth y su Evangelio? Evidentemente no tiene nada que ver, es una degeneración que tiene su origen en la institucionalización de la Iglesia Católica, y muy concreta-mente tiene que ver con el tema del celibato; y esto requiere, a mi juicio, una doble reflexión:
La primera es que no tiene sentido una institución que con tanta frecuencia deriva en el peor de los pecados que es la utilización, manipulación y degeneración de otros seres humanos; y que va acompañada de importantes componentes de hipocresía y de la no aceptación de la propia condición sexual. Por lo tanto, aunque en teoría tuviera sentido, es una institución que debe ser abolida cuando se comprueba que sistemáticamente sus resultados son contraproducentes.

La segunda es el invento de que la abstinencia sexual tiene un valor moral superior al ejercicio sano de la sexualidad, y de que por tanto la castidad es en sí misma un valor (y que supuestamente nos acerca a Dios). Los que así creen son comprensibles víctimas del apóstol San Pablo, que se esmeró en explicar que la vida en pareja es algo así como un “mal menor” y que el ideal es la castidad. Y por supuesto se esmera en presentarnos a Jesús de Nazareth como esencialmente casto, creando así una imagen más bien deprimente de él. Y como Pablo de Tarso se esmeró en escribir montones de cartas o epístolas, que a la larga serían la parte más influyente del Nuevo Testamento, su teoría personal se ha convertido en doctrina institucional.

Quienes piensan así, incluyendo a teólogos y arzobispos, deberían tomarse la molestia de leer a José Ignacio López Vigil (autor hace tiempo, junto con su hermana María, del libro “Un tal Jesús”) y autor más reciente de otro montón de documentos y videos como el que supone un debate entre “María Magdalena, la compañera de Jesús, y Pablo de Tarso, el que inventó a Cristo” (y al inventarlo le atribuyó una opción por el celibato que Jesús nunca tuvo).

No negamos que puede haber una opción por el celibato totalmente respetable, cuando responde a maneras de ser de determinadas personas o a los requerimientos de su compromiso profesional. El desastre histórico ha sido el celibato institucionalizado, el impuesto desde afuera a quienes quieran ejercer el sacerdocio, o el que muchos creen asumir voluntariamente como componente de una vida religiosa supuestamente superior.

Por lo tanto, Su Santidad el Papa Francisco y jerarcas en general de la Iglesia Católica, si de veras quieren acabar con la pederastia la cosa es muy fácil: fíjense en las demás iglesias cristianas (empezando por la Anglicana, tan similar a la Católica) y vean cuánto más humana resulta la vida de los pastores —¡ y pastoras!— que no viven en celibato, lo que no implica que sean perfectos o perfectas, pero sí nos libera a todos de de esas deprimentes e interminables noticias de pederastia institucionalizada. Ojalá la próxima Cumbre sobre la Pederastia, que acaba de anunciar el Papa Francisco, tome las medidas correspondientes.

Ahora bien, se entiende que con esa visión renovada como que entrara en crisis la razón de ser del Estado Vaticano como tal (que siempre ha sido un estado totalmente patriarcal, más machista que los demás estados, que ya es decir). Pero éste es otro tema con el que ahora no me meto… Amén.

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