Hidrocarburos: otra corrección a la baja

La corrección es el resultado de una política fallida con los “socios – no patrones”, que han acabado haciendo lo que han querido, y de la incapacidad de fortalecer a YPFB para controlar toda la cadena

No han pasado ni cuatro meses desde que el ministro de Hidrocarburos afirmara que el objetivo del sector era alcanzar los 20 trillones de pies cúbicos de gas hasta 2025. El domingo insistió en que el objetivo era llegar a los 15.

“Actualmente tenemos las reservas de gas más importantes de la historia del país, si continuamos con este ritmo de inversiones para la exploración y explotación de nuevos campos, estimo que hasta 2025 podemos duplicar la cantidad de reservas a 20 TCF”, resaltó el ministro Luis Alberto Sánchez en Radio Patria Nueva el 28 de marzo de 2019.

“El negocio de los últimos 13 años ha sido 55.603 millones de dólares, de esos 37.479 millones de dólares es para el Estado boliviano, esperamos como reto que el año 2025 podamos certificar las reservas cerca de 15 TCF”, dijo la misma autoridad el domingo 30 de junio de 2019 en una entrevista con el programa televisivo El Pueblo es Noticia del canal estatal.

El cambio de objetivo pasó casi inadvertido en las primeras lecturas de los expertos, acostumbrados a la vorágine de datos que el ministro Sánchez suele diseminar en cada una de sus intervenciones, pero lo cierto es que muestra un evidente cambio de tendencia con consecuencias en el resto de objetivos.

Hace cuatro meses el ministro Sánchez preveía 20 TCF en 2025; ahora solo prevé 15

El sistema de cuantificación de reservas es complejo y deja mucho margen a la interpretación especulativa. Entre las reservas probadas, probables y posibles existen matices en cuanto a la inversión que realmente se hace y también sobre la seguridad de los mercados donde se pueden colocar.

La última certificación – y única en la era Sánchez pese a las obligaciones normativas de hacerlo anualmente – se publicó en agosto de 2018. La empresa canadiense Sproule indicó que las reservas probadas eran de 10,7 trillones de pies cúbicos, efectivamente en crecimiento respecto a las anteriores ediciones. Las probables se quedaron en 1,8 TCF más y las posibles en 2,2 TCF.

En 2013, la también canadiense GLJ certificó 10,45 TCF probados; 3,50 TCF probables y 4,15 TCF en posibles. Anteriormente, en 2009, la Ryder Scott, que vino a sincerar los “fantásticos” números proyectados en la gestión de Sánchez de Lozada para justificar el proyecto del GNL por Chile, indicó que había 9,9 TCF probados, 3,71 probables y 6,27 TCF posibles.

Más allá de las perspectivas, algunos expertos habían advertido que en realidad con la inversión en desarrollo de campos, se estaban convirtiendo las reservas probables en probadas y las posibles en probables, pero que no se estaban incorporando de forma efectiva nuevos TCF a las reservas. Efectivamente, en 2009 se habían certificado en conjunto 20 TCF; en 2013 17,10 TCF y en 2018 14,7 TCF, una proyección a la baja casi matemática tomando en cuenta que se consumen anualmente entre 0,6 y 0,7 TCF en el mercado interno y de exportación.

Con los mercados cerrándose en el continente; con los proyectos de industrialización demorados, al igual que la posibilidad de alcanzar las costas de Ilo para ingresar al mercado mundial del GNL, la corrección a la baja de las expectativas no tiene nada de inocente ni de casualidad, sino que es el resultado de una política fallida con los “socios – no patrones”, que han acabado haciendo lo que han querido, y de la incapacidad de fortalecer a YPFB para controlar toda la cadena.

Este es el resultado de años de indecisión; aunque no se descarta que acaben achacando los problemas a aquellos que preguntamos por las urgencias del fracking o de Tariquía.