Hacer política sin ideología

De la ausencia de ideología se ha pasado a la falta de identidad e incluso, a perder las banderas que se alzaron para llegar al poder. Y no sólo en el MAS; todas las siglas se han convertido en un compendio de rostros en el que todo vale y todo se promete contribuyendo a la desafección y a la desinformación

La vieja guardia del Movimiento Al Socialismo en Tarija han dado un paso al frente y han demandado recuperar la ideología en un momento en el que el partido en Tarija es fuertemente cuestionado y donde los resultados que ofrecen son ciertamente malos para los intereses del Gobierno y del proceso de cambio. En Tarija se ha probado casi de todo y los resultados son elocuentes: creció rápidamente entre el 2002 y el 2010 con una base reconocible, y empezó un declive con el ingreso de Lino Condori al poder en la Gobernación, acentuado con la última selección de candidatos en 2014 -2015. Que el MAS Tarija sea el partido que menos militantes movilizó el 27 de enero tiene más que ver con todos los cuentos que los nuevos amigos le cuentan al Presidente que con las conspiraciones internas o con las condiciones meteorológicas de ese día.

Nelson Aguilar, Alejandro Ortega y otros tantos de su tanda como Eulalio Sánchez han decidido dar un paso al frente y reclamar el retorno del debate ideológico progresista y de izquierda en el seno del partido. “Ahora se han afiliado y son compañeros, pero no hay neoliberalismo con rostro amable, eso ya lo decía Jaime Paz y no es verdad” señalaba Aguilar en una clara referencia a los muchos “invitados” que aparecieron para apoyar el proceso y en realidad acabaron tomando las riendas de las decisiones para llevarlo hacia nadie sabe muy bien dónde.

En 2010, con el Licenciado Carlos Cabrera como candidato empujado por los Luis Alfaro, Julia Ramos, Eulalio Sánchez y unos pocos perdió por 4 puntos la Gobernación ante el Mario Cossío más poderoso

En el MAS Tarija nadie ha asumido responsabilidades pese a haber registrado el índice de participación más bajo. Las palabras del presidente Evo Morales sobre un supuesto boicot de su TSE sirvieron para eludir cualquier culpa. Nadie hizo siquiera una mínima autocrítica sobre la forma en que se lanzaron a conseguir militantes, sin pedir siquiera un somero conocimiento de la base del proceso.

En 2010, con el Licenciado Carlos Cabrera como candidato empujado por los Luis Alfaro, Julia Ramos, Eulalio Sánchez y unos pocos perdió por 4 puntos la Gobernación ante el Mario Cossío más poderoso. En 2015 se perdieron casi diez puntos luego de estar gobernando.

Los gurús de la nueva política han implantado un sistema de lucha por el poder sin ideología. Una suerte de sumas de causas y voluntades en el que todo vale según la coyuntura del momento, en el que no hay rumbo ni horizonte fijo sino un tuit o un post al final de la jornada; y en el que más vale una sonrisa amable que un discurso fundado. Todo esto ha conllevado a la destrucción de los partidos tradicionales en casi todos los países del mundo, o al menos el fin del bipartidismo clásico – solo sobrevive en Estados Unidos por el componente económico clave, aunque cada vez se diferencien menos – y a la formación de alianzas que son a la vez programáticas y de reparto de poder. El mundo entero anda analizando estas cosas, pero lo cierto es que Bolivia fue pionero en eso de destruir los partidos, que en sí mismos se habían destruido apartándose de su ideología, pero también de cualquier línea de coherencia, y apostando por personas más o menos carismáticas que prometían temas concretos.

De la ausencia de ideología se ha pasado a la falta de identidad e incluso, a perder las banderas que se alzaron para llegar al poder. Y no sólo en el MAS; las siglas de todos los partidos se han convertido en un compendio de rostros en el que todo vale y todo se promete contribuyendo a la desafección y a la desinformación. Los datos del Latinobarómetro ratifican el desapego a un sistema en el que ya nadie puede confiar en nadie. Tal vez valdría la pena volver a los orígenes y no tener miedo de decir quien es quien, y lo que piensa.