García Linera, Levíticos y Tesalonicenses; reflexiones más allá del meme

Álvaro García Linera se acabó casando por la Iglesia, pero nunca fue un devoto feligrés, salvo que el último arreón místico de esta campaña lo haya convertido. De hecho es una de sus muchas contradicciones. Marxista teórico, nunca hizo esfuerzos progresistas en el gobierno, aunque se le presuponen, sobre todo entre la comunidad intelectual internacional que mira de palco Bolivia.

Estudioso como es, presuntuoso de una grandiosa biblioteca, no cabe duda de que el Vicepresidente cuenta entre sus volúmenes algún ejemplar de la Santa Biblia y que de seguro la ha ojeado, como cualquiera, más allá de lo que le exigieron los agustinos, que tampoco eran poco exigentes con esas cosas.

Que García Linera entre al juego simbólico propuesto por Luis Fernando Camacho, el presidente cívico de Santa Cruz que ha elevado a la enésima potencia los indicios que desató la candidatura de Chi Hyun Chung con su discurso ultraconservador, evidencia una vez más el desgaste que viene sufriendo el discurso del Movimiento Al Socialismo (MAS) en el poder.

García Linera esperó al final de la conferencia de prensa para responder sobre qué responderían a Camacho, el cruceño que llegó ayer a La Paz con “su carta en una mano y su Biblia en la otra” para pedir la renuncia del Presidente y que ha desatado algunas de las más viejas pulsiones racistas. Aclaró que no responde a la carta, sino a Camacho. Para ello, acudió precisamente a la Biblia, de la que leyó dos versículos en un modo poco ortodoxo – carne de meme – si lo que pretendía mostrar era algo así como que la Biblia es de todos.

Eligió Levíticos: “No aborrezcas a tu hermano en tu corazón” y una de las epístolas de San Pablo a los Tesalonicenses. “y el señor encamine vuestros corazones al amor de Dios y a la paciencia de Cristo”.

La Biblia es algo más complejo que un recopilatorio de frases tuiteables de Paolo Coelho, por lo que la selección de los versículos no solo corresponde a lo literal de sus palabras sino al conjunto del libro en el que están escritos y a su vez, al momento histórico filosófico de cada uno de ellos, coinciden grosso modo un pastor y un teólogo cuyos nombres no aportarían demasiado, y que también coinciden en que quien ha ido a elegir esos textos estaba pensando justamente en eso.

“No aborrezcas a tu hermano en tu corazón y que el señor encamine vuestros corazones al amor de Dios y a la paciencia de Cristo” puede interpretarse como una frase conciliadora, desde la rendición. Una suerte de “asume la derrota sin afán vengativo y trata de reconciliarte”, sobre todo si se tiene en cuenta la alocución previa del Vicepresidente, en la que insistió en la victoria del Movimiento Al Socialismo y culpó de los hechos violentos a toda la oposición que cuestiona la transparencia de esos resultados.

Aunque en teología hay tantas escuelas como doctores, por lo general se asume que Levíticos es un libro destinado a ensalzar al pueblo hebreo como elegido de Dios y en el que se dan todo tipo de instrucciones sobre cómo adorar a Dios y sus reglas de convivencia. Igualmente, las cartas de Pablo de Tarso a los Tesalonicenses – y a otros pueblos – vienen a ser también epístolas que aclaran terminologías y procesos sobre la llegada de Cristo y otros aspectos de los primeros cristianos que generaron numerosos pulsos entre ellos.

Para los amantes de las metáforas, la elección de uno y otro libro, más que el versículo, por parte del Vicepresidente, el mismo que ha teorizado numerosas veces sobre lo “divino” de Evo Morales; dirigido además a un hombre que viene haciendo de la Biblia su razón, su llegada a La Paz su calvario y su carta su martirio, no es casual, sino una suerte de invitación a un debate recién llegado de alcances todavía inexcrutables.