Fuego y muerte en El Pelícano

El 18 de octubre explotó un ducto de gas en el Chaco. Mientras YPFB pone paños fríos a la explicación, una familia quedó destruida por el impacto. Los dos padres fallecieron y los dos hijos tratan de recuperarse en Estados Unidos. La sensación de impotencia en el Chaco es generalizada

Don Dionisio entró en la cocina cinco minutos pasadas las 12.00. Doña Filomena encendió la hornalla. Los chicos jugaban unos metros más allá. Tal vez se besaron antes, tal vez se besarían después. Todo saltó por los aires. La explosión generó un hongo y elevó varias decenas de metros un tubo que giraba a toda velocidad empujado por las llamas. Doña María corrió con su nietito por la carretera hasta que se quebró un tobillo. Ivar Bonilla se metió de un salto en la cañada con sus hijos. Aquel 18 de octubre de 2018 hacía 38 grados en El Pelícano. Las llamas subieron tanto que de repente se convirtieron en lluvia, una lluvia sucia y gris que arruinó la cosecha de fruta pero apagó el fuego. Un lugar que nunca volverá a ser el mismo.

El gas huele en la garrafa; también en las instalaciones domiciliarias urbanas. No en el gasoducto Yacuiba – Santa Cruz, uno de los más antiguos y amortizados de toda la red que recorre el Chaco y que ha servido por décadas para extraer y comercializar el preciado gas natural de las entrañas de Villa Montes. Por ahí corre el gas de los campos de San Roque, San Alberto, San Antonio, etc., que luego cruzan la frontera y durante casi dos décadas han suministrado energético al cinturón industrial de Sao Paolo (Brasil). Aquella mañana se concentró en la cocina de doña Filomena.

La familia Franco – Subia salió de algún lugar en los valles chuquisaqueños y fue a instalarse en El Pelícano como tantos durante tanto tiempo: en busca de una oportunidad. Nadie les preguntó demasiado. Los comunarios del lugar les abrieron los brazos como a todos los que llegan a poblar este rincón del mundo. Los Franco – Subia habían sido contratados como caseros de don Pablo Mendoza. Cuidaban la casa y daban vuelta a las tierras. Don Mendoza dejó de aparecer por la comunidad y fue cediendo algunas tierras al joven matrimonio. No hacía mucho tiempo que la comunidad los había aceptado como socios. Ivar Bonilla cuenta que era una familia trabajadora y discreta y que el niño de 11 años y la niña de 6 le habían dado vida al lugar. Don Dionisio había construido un pequeño parquecito en las puertas de la casa, a la orilla de la hoy zona cero de la tragedia.

Un mes después de la explosión, una veintena de operarios todavía se mueven por la zona. Overoles naranjas, azules, cascos de seguridad, botas de punta acero, todo marcado con logos de algunas de las docenas de empresas que viven del negocio del gas y que en el Chaco son algo así como el poder detrás del trono. Al mando hay un funcionario de YPFB Transporte que no habla, no se nombra, no existe y que cumple órdenes estrictas de la gerencia de comunicación, que finalmente nos facilita el acceso. Es un día de los últimos surazos, humedad al 100%, casi nadie trabaja.

Una explicación pendiente

El ducto que explotó y voló por los aires ha sido soldado y repuesto. En el fondo nadie quiere una explicación. El Chaco entero está cruzado por ductos viejos que son a la vez los que han articulado los caminos. “Antes no había nada. Antes eran horas a caballo para hacer cualquier trámite” dice Rodolfo Ávila, ojos claros, labios gruesos, overol, botas de goma en la comunidad Pirití en la zona San Roque. No pasa los 30 pero trabaja las tierras de su papá y ha heredado el amor-odio que rige la relación campesinos – petroleros en este lugar inhóspito cuando hace calor y cuando hace frío. “A nosotros nos quitaron 200 hectáreas, a cambio de nada”, dice con amargura aprendida al mismo tiempo que responde con la cruda lógica chaqueña. “Claro que viven encima del tubo, ¿dónde pues? Ellos hicieron los caminos. ¿Miedo a que pase algo? Siempre hay, pero qué vas a hacer”.

YPFB Transporte aplica la prudencia

Desde la Gerencia de Comunicación se facilitó el intercambio de un cuestionario para conocer detalles de la situación. Este es el resultado:

EP.-  ¿Cómo se realiza el monitoreo del estado de los ductos?

YPFB T.- El mantenimiento de la red de ductos, que se extiende por las diferentes regiones de Bolivia, se realiza en conformidad con las normas técnicas y de seguridad nacional e internacionales. La empresa trabaja en estricto apego a las mismas y su cumplimiento es controlado mediante auditorías internas y externas a las que se somete regularmente, tanto por las autoridades regulatorias competentes nacionales como por organismos internacionales de control.

EP.- ¿Hay otras empresas involucradas en las funciones de mantenimiento

YPFB T.- Para realizar el mantenimiento de los ductos se contratan empresas especializadas dependiendo del área del servicio requerido. Todas las actividades ejecutadas por estas empresas son supervisadas por personal de YPFB TRANSPORTE S.A.

EP.- ¿Existía algún informe recomendando acciones sobre el gasoducto Yacuiba – Santa Cruz?

YPFB T.- No aplica la pregunta.

EP.- ¿En qué tramos?

YPFB T.- No aplica la pregunta.

EP.- ¿De qué fechas?

YPFB T.- No aplica la pregunta.

EP.- ¿Qué cronograma se definió?

YPFB T.- No aplica la pregunta.

EP.- ¿Cuál consideran que fue el origen del problema?

YPFB T.- Tanto YPFB TRANSPORTE S.A. como peritos nacionales e internacionales están desarrollando una investigación técnica para emitir un informe final.

EP.- ¿Había empresas trabajando sobre el ducto?

YPFB T.- Posterior al evento y producto de indagaciones se sabe que había circulación de vehículos de alto tonelaje que cruzaban el Derecho de Vía del gasoducto.

EP.- ¿Se debió a un desgaste de materiales?

YPFB T.- No aplica la pregunta.

EP.- ¿Existen riesgos identificados en otras zonas?

YPFB TRANSPORTE cuenta con procedimientos de gerenciamiento de riesgos y oportunidades, con los que se evalúan los riesgos y su tratamiento.

Ahí donde trabajan los operarios, nadie quiere decir si ese punto en concreto estaba identificado como uno de los que YPFB Transporte había recomendado modificar o no; igualmente se había llegado tarde. Adjunto está el cuestionario que YPFB Transporte respondió y en el que básicamente no responde al kit de la cuestión, pero sí esboza una causa con la boca pequeña: “Posterior al evento y producto de indagaciones se sabe que había circulación de vehículos de alto tonelaje que cruzaban el Derecho de Vía del gasoducto”, una afirmación de la que se habla poco, porque a nadie le conviene un enfrentamiento entre comunarios y petroleros, pero que tiene implicaciones mayores en uno de los negocios más poderosos del mundo: el de los seguros.

“YPFB TRANSPORTE S.A. tiene contratados los seguros correspondientes al tipo de actividad” señala la institución en el cuestionario. Un experto que trabajo años en el rubro y ahora práctica la política casi por entretenimiento recordó que en ocho horas la empresa debió dar un informe a la compañía aseguradora y que en juego está la propia credibilidad de una empresa incapaz de cuidar su patrimonio. Que el ducto sea viejo y no se cambió a tiempo tiene unas consecuencias, que sea la acción humana persistente la causante, tiene otras; en cualquier caso, no cabe otra explicación.

Una familia destrozada

Los vecinos de El Pelícano han armado dos grutas al pie de la casa donde se produjo la tragedia; al pie del mismo ducto que voló por los aires. Sus cuerpos descansan en Santa Cruz a miles de kilómetros de sus hijos, que todavía siguen recibiendo atención en el “Shriners Hospital for Children”, centro médico especializado ubicado en Galveston, Texas, Estados Unidos, según certifica YPFB Transporte.

La comunidad sabe que en el velorio en Santa Cruz asistieron dos hermanas de doña Filomena Subia Ávila; otras fuentes hablan de un hermano mayor hijo de Dionisio Franco Pérez; YPFB Transporte dice que la evolución es favorable y que “el apoyo otorgado se prolongará el tiempo que sea necesario”. La Defensoría de la Niñez y Adolescencia de Villa Montes no dice nada ante el poderío petrolero y asegurador de quienes temporalmente se han hecho con la custodia de los dos niños.

El día de la explosión, dos vecinos cuyos nombres no han trascendido, asistieron a toda la familia con sus propios medios y los llevaron a toda la velocidad hasta Villa Montes, grabaron un video que más daba muestras de vida y solidaridad, aunque no tardó en convertirse en un viral monstruoso explotado por inescrupulosos advenedizos. La ansiedad de los improvisados enfermeros y sus esfuerzos por mantener conscientes a la familia bien sirven para explicar ese sentimiento chaqueño de campo adentro, donde nadie espera demasiado del Estado, aunque lo vea todos los días pasar por sus carreteras y sepa que de sus entrañas salen millones y millones de dólares precisamente para soportar ese aparato estatal que ahí, nunca llega.

La tragedia se contó hito por hito, comunicado a comunicado. A la explosión inicial y el accidentado traslado, le siguió una evacuación a la clínica Foianini de Santa Cruz esa misma tarde. La situación era compleja. Luego de una semana de lucha, don Dionisio cerró los ojos para siempre el 25 de octubre y los dos menores fueron traslados a Estados Unidos para tratar de buscar mejoras dos días después. El 31 de octubre se paró el corazón de doña Filomena Subia, que no pudo continuar con la batalla de su recuperación.

Volvimos de El Pelícano hace mes y medio con el alma golpeada y conscientes de que falta una parte por contar. La familia Franco Subia sigue luchando en Estados Unidos por su recuperación; el gas sigue corriendo por las entrañas del Chaco, los comunarios tal vez hayan conseguido que les devuelvan el dinero de la cosecha perdida, pero las casas de piso de tierra seguirán sin ventanas.

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Explicación pendiente

YPFB dice que había camiones circulando por encima del ducto antes de la explosión en El Pelícano, sin que llegue a determinar eso como causa de la rotura que provocó la explosión. La convivencia entre comunarios y petroleras nunca ha sido fácil en esta región chaqueña. En cualquier caso, no hay señalizaciones que indiquen prohibiciones sobre los ductos en la zona, que atraviesan los pueblos de forma habitual.

¿Alto tonelaje para qué?

El ducto estaba enterrado más de tres metros bajo tierra y con las pertinentes medidas de seguridad. Desde el primer momento YPFB Transporte habló de una acción de terceros, una manipulación inadecuada, y finalmente hablaron de los vehículos de alto tonelaje. La única obra de cierta dimensión cercana es la represa de Ipa que las autoridades de Villa Montes construyen dentro del Parque Nacional del Aguaragüe, a más de 30 kilómetros de distancia

Un negocio en retroceso

Villa Montes sigue siendo el municipio más importante en la producción de gas de Bolivia. Produce más del 50 por ciento del gas tarijeño, que a su vez produce casi el 60 por ciento de lo nacional. Sin embargo, sus campos más emblemáticos están en retroceso. En las proximidades de El Pelícano funciona la planta de San Roque, una de las más antiguas y cada vez con menos producción.


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