Experimentos en las listas electorales

La elección de 2014, como seguramente muchas ante-riormente, el reparto de los puestos de seguridad no se hizo en función a los criterios de trayectoria, compromiso con la fórmula o popularidad social, sino que se seleccionó en base a criterios sectoriales y, según varias denuncias, económicos.

Se acerca la fecha señalada para que los partidos inscriban a sus candidatos a las elecciones de octubre de 2019 ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Un acto que en sí mismo supone la formalización de la participación de los partidos en el acto electoral, más allá de lo que sucedió con las elecciones primarias de octubre, pero que sobre todo supone desvelar todas las cartas de la estrategia electoral al conocer los perfiles y personas por las que se apuesta a la hora de abordar una campaña que se prevé ajustada.

De entre todas las variables, el de los elegidos para las diputaciones uninominales resulta esencial. El sistema electoral boliviano tiene una no tan compleja fórmula mixta entre lo que es el parlamentarismo clásico – diputados colgados del Presidente (los plurinacionales) – y el sistema anglosajón, con elección de representantes directos para representar a todos los electores de determinada circunscripción (los uninominales). Ya en la anterior elección, una reforma legislativa favorecida por los dos tercios del Movimiento Al Socialismo equilibró la cantidad de plurinominales y uninominales en cada departamento.

Tarija, por ejemplo, pasó de tener cinco uninominales y tres plurinominales a tener cuatro y cuatro. El sistema D ́hont, que divide en cocientes y va asignando al mayor en cada momento el escaño correspondiente es corregido con el número de uninominales obtenidos por cada partido, que se restan de los primeros cocientes antes de empezar el reparto..

La cuestión es que para lograr una mayoría cualificada, es necesario tener tanto buenos candidatos uninominales como una buena campaña presidencial que tire del voto plurinominal.

En La Paz en 2014, por ejemplo, el MAS logró imponerse en sus 14 diputaciones uninominales y aun así logró 8 de las 14 plurinominales por 4 de Unidad Demócrata y 2 del Partido Demócrata Cristiano por la sencilla razón de que dobló en votos a los candidatos de ambos partidos juntos.

Las diferencias son sustanciales a la hora de afrontar una candidatura uninominal y una plurinominal. Mientras los primeros deben batirse a diario en su circunscripción, los segundos basta con ponerse de perfil detrás del candidato, pero llegar hasta ahí no es tan sencillo.

La elección de 2014, como seguramente muchas anteriormente, el reparto de los puestos de seguridad – primer senador y primer plurinominal en cualquier lista con opciones de pelear la Presidencia – no se hizo en función a los criterios de trayectoria, compromiso con la fórmula o un mínimo criterio de popularidad social, sino que se seleccionó en base a criterios sectoriales y, según varias denuncias, económicos.

Aquellos que garantizaban o recursos o votos, se hicieron con mejores espacios. Este 2019 va a ser diferente. Todos los votos cuentan y no valen experimentos. El MAS está ampliando su base, el resto quiere mostrar que son alternativa… mientras los electores aguardan el resultado de un proceso opaco en tiempos en los que la transparencia resulta esencial. El votante ha madurado.