Evo, los empresarios y la extraña forma de ayudar a Tarija

En 2018 Tarija tuvo un 7% de desempleo, en 2016 tenía 16%, en 2014 pleno empleo, pero el Gobierno tardó dos años en autorizar los primeros fideicomisos para paliar la crisis social que se generó por no brindar apoyo financiero

Vaya por delante que el Presidente Evo Morales tiene el derecho de reunirse con quien quiera y que los empresarios jóvenes también; más si lo que se tiene entre manos es el desarrollo de Tarija y los mecanismos para apuntalarlo. Que la reunión en sí venga cargada de fotos simbólicas y abrazos significativos en plena campaña electoral ya es cuestión de cada uno.

Tarija tiene un 7 por ciento de desempleo según el Ministerio de Planificación. En 2016 tenía un 16 por ciento. En 2014 la Gobernación de Lino Condori había regado el departamento con veintes por cientos de anticipos de obras de todo tamaño, contratadas en base a alegres declaraciones juradas de disponibilidad presupuestaria, con el visto bueno del Ministerio de Economía, que se convirtieron en papel mojado cuando el barril pasó de 130 a 30 dólares y por ende, las regalías. Para entonces el empleo no era bueno, pero había por doquier. La informalidad se había disparado e incluso aún se sostenían programas como el PEUP o las Brigadas Barriales que básicamente dejaban suculentos extras a las familias de menos recursos, sin menoscabo de que en algunas ocasiones si cumpliera su función.

El MAS también ha hecho buenos “diálogos” con los empresarios. En 2014 y 2015 abrió como nunca las puertas del partido, pero ni al MAS le fue bien y mucho menos a Tarija. Tal vez sí a los empresarios.

Como es sabido, Lino Condori se fue a su casa y la Gobernación pasó a manos de Adrián Oliva, que durante todo el 2015 y el 2016 trató de alcanzar un acuerdo para un plan de rescate que impidiera que se paralizaran las obras, se destruyera el empleo y se diera paso a una crisis real en las familias tarijeñas. Tardó tal vez demasiado en pedirlo y tal vez se empeñó durante demasiado tiempo en esperar una respuesta positiva, que nunca llegó.

El ministro de Economía de entonces, Luis Arce Catacora, llegó a reconocer en septiembre de 2016 que Tarija estaba en riesgo de recesión tras varios semestres de destrucción de empleo; llegó a reconocer que hacía falta una inyección de dinero público; pero se tuvo que esperar hasta agosto del año siguiente, ya con Arce fuera del Ministerio, cuando se habilitaron de urgencia los primeros fideicomisos de apoyo. Meses después llegaron los créditos privados, un endeudamiento caro al que Tarija ha tenido que recurrir ante la negativa del Gobierno a ayudar de buena manera.

El desempleo en Tarija estaba al 16% en 2016 y al 7% en 2018. El barril de petróleo ya ha subido de 30 a 65, donde parece se quedará un tiempo, afortunadamente, pues la producción de millones de metros cúbicos ha pasado de 60 a 40 y el mayor recorte se lo lleva Tarija. La situación no es boyante, pero tampoco cabe un sálvese quien pueda.

Los empresarios y el Estado han hecho negocios desde siempre en este y en todos los países del mundo. En algunos mejor – cuando las empresas crecen, compiten en el mundo y generan empleo y riqueza para el país – y en otros peor – cuando los empresarios crecen, viajan y derrochan por el mundo, ahorran en el empleo y esconden en paraísos fiscales su riqueza -.

El MAS también ha hecho buenos diálogos con los empresarios. En 2014 y 2015 abrió como nunca las puertas del partido, pero ni al MAS le fue bien y mucho menos a Tarija. Tal vez sí a los empresarios.

Probablemente es tiempo de pensar soluciones diferentes, creativas, tomar caminos nuevos e ilusionar con algo ambicioso y posible. Sirve para el MAS y sirve para los empresarios jóvenes, de los que se supone son vanguardia. Tal vez de algo de eso también se haya hablado.