Evo: Del cambio a la estabilidad

Morales hizo un llamado a la unidad y por una vez, repartió el éxito de sus años de Gobierno con todos los bolivianos, no solo con sus militantes ni sus dirigentes, no solo con los pueblos indígenas y campesinos, sino con todos los bolivianos. La táctica entra en juego

En 13 años de Gobierno, el Movimiento Al Socialismo ha pasado de evocar el cambio a evocar la estabilidad como fórmula para ganar unas elecciones presidenciales. No hay duda de que Evo Morales llegó al poder impulsado por un proyecto más o menos revolucionario, producto del desengaño y frustración que generó la etapa de subordinación a los principios de la Escuela de Chicago, y que en los primeros años dio resultados en la reconquista de la soberanía y la dignidad nacional. Tampoco la hay en que actualmente cualquier idea rompedora o de matriz contracultural genera urticaria en las altas esferas del Gobierno.

Evo mandó un mensaje a dirigentes campesinos por las estafas de las viviendas sociales; bastó esa referencia para que a más de uno se le helara la sangre.

El discurso del Presidente Evo Morales en el día de la celebración del Estado Plurinacional no solo fue el más corto de su historia sino el mejor elaborado en términos estratégicos electorales. Morales no ha lanzado nuevos anuncios indiscriminados por los que le puedan acusar de hacer proselitismo y apenas ha prometido algunas medidas muy dirigidas a las clases medias, preocupadas sobre todo por la vivienda, el empleo y la salud. Ya en la previa el Vicepresidente Álvaro García Linera había dejado muy claro cuál es el objetivo de la campaña.

La introducción fue una lluvia de datos comparativos a los que los bolivianos están acostumbrados, y aunque fueron menos que otras veces y mejor presentados, el objetivo era precisamente ese, recordar que los bolivianos están acostumbrados a los buenos datos durante el Gobierno de Evo. Lo objetivo es que sea por el reordenamiento, por la buena coyuntura internacional, por la purga inicial, todos los datos macroeconómicos le favorecen, y aunque de macroeconomía no se come, muchos bolivianos han salido de la pobreza extrema.

Morales pasó de puntillas por el tema de la corrupción, por la versión reinterpretada de la derrota en La Haya sin hacer propuestas concretas, habló del SUS y la necesidad humana de su implementación y mandó un mensaje a dirigentes campesinos por las estafas de las viviendas sociales; bastó esa referencia para que a más de uno se le helara la sangre.

Para terminar, Morales hizo un llamado a la unidad y por una vez, repartió el éxito de sus años de Gobierno con todos los bolivianos, no solo con sus militantes ni sus dirigentes, no solo con los pueblos indígenas y campesinos, sino con todos los bolivianos. No hubo las habituales referencias a “vendepatrias”, “malos bolivianos”, ni toda la jerga belicista que habitualmente aparecía en los momentos álgidos de los discursos. Fue lo más parecido a un discurso de Estado que se le recuerda.

El MAS necesita movimientos tácticos rápidos y efectivos. Su punto de partida está en el 49% que le apoyó en el referéndum del 21 de febrero, que no es suficiente para revalidar su victoria, y en el tiempo que ha pasado nada indica que haya recuperado votos, sino todo lo contrario.

El MAS necesita seducir a la clase media y lo sabe, pero nadie es más susceptible a la manipulación que el recién llegado. En los 13 años de Gobierno se han alcanzado hitos relevantes, el país ha salido de la miseria y ha recuperado algo de autoestima, pero falta mucho por hacer.  Lo preciado de la conquista es mantenerla y no ponerla en riesgo por intereses personales y la propia reproducción del poder. De momento, el escenario de la batalla lo ha vuelto a definir Morales y su Gobierno.