Entre la ingenuidad y las mentiras

La sociedad y la política se transforman permanentemente. Esto no quiere decir que lo viejo desaparezca totalmente dando paso a lo nuevo, sino que se producen mutaciones, nuevas relaciones que dialogan con aquellas acumuladas en la historia. Hoy la política y la democracia se explican por una complejidad de interacciones, no solo las clásicas estructuras como las instituciones, los partidos políticos, la representación, la participación ciudadana mediante el voto o la acción organizada de los gremios y movimientos sociales, sino también por la emergencia de nuevos referentes identitarios y discursivos.
De pronto, por ejemplo, estamos ante el declinamiento de las grandes utopías y los metarelatos, la crisis de los programas políticos que pretenden dar respuesta a grandes problemas ontológicos y estructurales de la sociedad. Resulta que la población, la sociedad, el ciudadano de a pie hoy es interpelado por una diversidad de temas de la vida cotidiana relacionados con sus inquietudes más inmediatas y fraccionadas en una multiplicidad de discursos capaces de sensibilizar, movilizar, promover la participacion, comprometerlos con el presente, y quizas con el futuro; temas tales como la violencia contra la mujer, la depredación del medio ambiente, la inseguridad ciudadana, la pobreza económica, la falta de trabajo, las olas migracionales, la crueldad de la xenofobia y el racismo, la mala calidad de los servicios básicos, la falta de respespeto a las opciones de género, la corrupción estatal, en fin, una lista interminable de interpelaciones discursivas que no son excluyentes unas de otras, sino que van configurando un sujeto ciudadano complejo que dialoga con las improntas de la realidad histórica actual.
Al respecto, una relectura de Laclau y sobre todo del aporte de Chantal Mouffe sobre democracia radical y plural, y en particular sobre el tema de ciudadanía, nos recuerda que el individuo como parte de la totalidad social, es portador de una multiplicidad de “posiciones de sujeto”; y que en determinado momento una resulta dominante y tiene capacidad articulatoria, como es el caso hoy de los discursos sobre la democracia, esto sucede en el marco de un sistema abierto, cambiante, en permanente desplazamiento que se aleja de la visión reduccionista y esencialista a la que usualmente se confina el concepto de ciudadanía.
De ahí que resulta absolutamente limitado y simplista restringir el análisis de las actuales formas de expresión política como las plataformas y colectivos ciudadanos a una visión liberal o republicana de ciudadanía, un concepto plano, unilateral y ligado al mero ejercicio de derechos y obligaciones jurídicas, cuando en realidad se trata de una expresión política múltiple, compleja, portadora de contradicciones internas, diversidad de discursos y orientaciones ideológicas, y que hoy se encuentran articuladas al discurso de la defensa democracia y el respeto al voto del 21F.
Asi, la potencia del sujeto ciudadano que de hecho existe y habita en las calles, en los espacios publicos, y en las redes sociales es menospreciada por el discurso oficialista, que se esfuerza en demostrar su ingenuidad y escasa inteligencia porque es visto como una entidad facilmente manipulable por “las mentiras” propagadas en las redes sociales, sin asumir que el ciudadano vive en una realidad cotidiana que golpea desde distintos flancos todos los días a la puerta.