Gringo Limón en una entrada muy recordada

El Carnaval Chapaco es uno de los principales atractivos en Bolivia, lo que lo ha hecho famoso es su fama de divertido y picaresco. Desde hace muchísimos años la entrada principal tuvo el tinte de satirizar a los políticos y burlarse de los personajes locales. Los disfraces innovadores siempre consiguieron este objetivo y arrancaron más de una carcajada.

Desde hace muchos años atrás esta época significaba el principal afán del año, todos se conocían y ya había tradicionales personalidades carnavaleras como hasta ahora. De esta manera, se organizaban las comparsas, se definían los nombres, se acordaban los disfraces y se elegían a los padrinos, nombrando siempre a los más “pudientes”, reconocidos por su entusiasmo y generosidad.

Luego venía el gran trabajo para las costureras “confeccionar los disfraces”. Pero el gran momento era el día del Corso

Los grupos recorrían bailando todo el trayecto a lo largo de la calle General Trigo, Sucre y a las dos de la tarde el bullicio se hacía más fuerte. Aparecía el primer carro alegórico, que encabezaba la comparsa y comenzaba la entrada.

El escritor Agustín Morales cuenta en su libro “Estampas de Tarija” que las comparsas entraban metiendo bulla y cantando los estribillos de su grupo. Los nombres de dichos grupos eran muy jocosos como: “Corazones sin rumbo”, “Los tres tristes tigres”, “Sin chicas ni padrinos”, “Los Boquerones” y muchos otros similares.
Luego de pasar los diversos autos con la capota abierta y enflorada, personalidades como Juan de Dios Shigler, José Sosa, Jesús Gaite, Juan Choque y tantos otros con hermosas guitarras, mandolinas y violines, llenaban los espacios con sus melodías, cubiertos de serpentinas.

Más atrás ingresaba Adolfo Schnor vestido de niño y mamando un enorme biberón de cerveza. Finalmente hacían su ingreso las comparsas populares de las lindas san roqueñas con polleras bien enfloradas y caras pintadas, “todas ellas iban acompañadas de sus esposos o parejas que llevaban la manta alrededor de sus hombros. Llevaban chacras, banderas de colores y las infaltables guitarras”, cuenta Luisa Vaca.

El Club Social, famoso en esa época, abría sus puertas y luego de la entrada comenzaba la más hermosa fiesta de fantasía, donde todos sin diferencia de edad compartían el baile y las risas. “Terminado esto las comparsas junto a sus bandas de música se recogían bailando. Detrás de ellas una fila de niños acompañaba su paso porque los jóvenes de los grupos iban tirando “chauchitas”, las que consistían en moneditas de corte sencillo”.
“Chauchita, chauchita, generosa chauchita” anunciaban y se arremolinaban los muchachos para alcanzar las monedas que por costumbre votaban a veces a manos llenas los generosos carnavaleros”.

Agustín Morales relata que las fiestas continuaban como se dice en Tarija: “Hasta que las velas no ardan”. El lunes y martes de Carnaval los jóvenes salían a jugar con agua y con los famosos cascarones, las jovencitas se zambullían en la fuente y todo era alegría.

El Carnaval en el campo

Cuentan que en una época con motivo de la Guerra del Chaco llegaron a suspenderse los carnavales en la ciudad y la gente se trasladaba a celebrar la época en el campo en lugares como: El Puente, Tomatas, San Luis o La Banda, donde se continuaba bailando y jugando. La gente de la ciudad se unía a los campesinos tocando los tradicionales instrumentos y montaba lindos caballos.

En cada “tomada” era costumbre ingresar a la casa a caballo y saludar a la dueña de casa, luego comenzaba el contrapunto. Toda esta linda y alegre fiesta se repetía año, tras año con mayor entusiasmo pero cuenta Luisa que luego de 1940 la costumbre fue decayendo, sin embargo en la actualidad muchas costumbres persisten.
La caballada que marca el inicio del carnaval, el compadrerio, los disfraces picarezcos y las coplas son tradiciones que representan a un carnaval que aún se mantiene vivo y que se ha constituido en uno de los más atractivos de Bolivia.

“En todas las casas buscábamos los cascarones que juntábamos durante casi todo el año y se rellenaban con agua de albahaca y agua florida” relata Luisa Vaca, quien a sus ochenta años aún recuerda las vivencias de la época “más colorida y chura del año”.
Cuenta que los cascarones constituyeron la actividad más divertida de los juegos carnavaleros, sin embargo algunas veces por el mal uso o simplemente por la mala suerte causaron desgracias en los ojos de los niños y jóvenes. “Éste fue el principal motivo para que la práctica se perdiera”, dice Luisa.

Otra característica del carnaval de antaño eran las tinajas de chicha, muy solicitadas en los barrios San Roque, el Molino y la Pampa. Toda esta alegría y preparación, según Vaca, explotaba en colores el domingo de Carnaval, día en que las comparsas salían a relucir sus hermosos disfraces al ritmo de las orquestas. “Cada uno de los integrantes llevaba su nombre impreso en cintas y cantaban jocosos estribillos en honor a su comparsa”, relata.

Luego del mediodía los grupos se concentraban en las alturas de San Roque, algunos a caballo, otros en burro, a pie o los que tenían más recursos en autos engalanados de colorida fantasía. Los jóvenes y adultos iban acompañados de orquestas, guitarras, serpentina, mixtura y matracas. “Todo era bueno para meter bulla”, dice Luisa.

Apuntes sobre el Carnaval Chapaco

Carnaval mendeño

Según el profesor Ciro Fernández una de las tradiciones más importantes de San Lorenzo y que se mantiene viva a pesar de los años, es el carnaval mendeño. Los habitantes de Sella, Canasmoro, Lajas, Carachimayo, Rancho, Monte, San Mateo, Erquis, la Victoria, Coimata y otras comunidades vecinas visitan este querido pueblo en esta ocasión.

Las comadres

La Fiesta más importante del calendario carnavalesco de Tarija es sin duda de  las “Comadres”, que se celebra el día jueves antes de Carnaval. Durante ese día y desde horas muy tempranas, miles de mujeres realizan la compra de la tradicional “torta” para entregarla a quién hayan elegido para cristalizar el parentesco espiritual

Corso

El corso es la principal entrada de Carnaval en Tarija, antiguamente se realizaba en el centro de la ciudad, pero en la actualidad se realiza en la avenida Víctor Paz. Las personas acuden disfrazadas individualmente y en grupos. Se baila la rueda chapaca, se hace mofa de la coyuntura local y nacional a nivel político, como así también de personajes de la farándula nacional e internacional