La historia recuerda al tarijeño expresidente de Bolivia, Aniceto Arce, como un hombre millonario y de lujos, quien gastó gran parte de su fortuna en obras estatales. Una de las grandes obras que efectuó es el Palacio de la Florida, restaurado y habilitado como museo en los últimos años.

Hoy este lugar se ha convertido en un atractivo turístico, ubicado en la capital de Bolivia: Sucre. La gran obra se encuentra a cinco kilómetros de la ciudad blanca, a orillas de la quebrada de Quirpinchaca. Fue la hacienda colonial de Aniceto Arce denominada Huirupucu.

Tras los trabajos de restauración, el municipio inauguró el museo con un recorrido gratuito desde las 16.00 hasta las 22.00 y la actuación de grupos de baile y música. Pero ¿qué posee en su infraestructura?

Los lujosos detalles del palacio

Cuenta con 50 habitaciones, ventanas y puertas de pino ucraniano, como también con misteriosos túneles subterráneos, hermosos jardines, además de escaleras. Entre los salones que posee están las salas de despacho, el oratorio, el comedor de diario y otro de lujo, además de corredores externos, piscinas, despensas, bodegas, salas de té, entre otros.

Su color resulta elegante de una combinación de tonos ladrillo y azul, está custodiado por enormes palmeras. Muchos historiadores aseguran que la obra es la extensión de la personalidad de Aniceto Arce.

Según el diario Correo del Sur el investigador e historiador Iván Gutiérrez Achá asegura que La Florida es un palacio, no un palacete, como comúnmente se lo denominó.

“Cuando Sucre iba a ser sede de la Federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones Municipalistas (FLACMA), los (funcionarios) de la Alcaldía cometieron el error de denominar a La Florida como palacete, cuando en realidad es un palacio, y así quedó en toda la publicidad que hicieron”, comenta a manera de anécdota.

Sostiene, en entrevista con Correo del Sur, que es un error que urge rectificar. El estudioso explica que se le llama “palacete” a una construcción suntuosa, muy elegante, con materiales de primera pero pequeña, como el caso del palacete de El Guereo. En cambio, un “palacio” es una edificación con más jerarquía, lujosa y grande, como es La Florida, que tiene más de 50 habitaciones y otras dependencias de uso pomposo.

Este palacio fue declarado como la segunda residencia presidencial por Evo Morales, tiene más de 140 años de antigüedad

La construcción

El palacio fue restaurado y funciona como museo

Su construcción fue realizada por grandes arquitectos y más que todo artistas que también efectuaron varias obras en Tarija. Se trata de los hermanos Miguel y Antonio (arquitectos) y Helvecio Camponovo (pintor). Éstos a finales del siglo XIX llegaron a nuestra ciudad, aquí construyeron la   “La Maison d’or”, (Casa dorada) de propiedad de Moisés Navajas.

Seguidamente se concentraron en el Castillo Azul y la Casa de Estensoro. Más aún los historiadores recogen que Antonio Camponovo decidió ir a Sucre donde conoció a Arce, quien lo introdujo en la sociedad chuquisaqueña, donde se hizo muy conocido.

De tal manera Sucre le debe varias hermosas obras como el palacete de El Guereo, el Banco Nacional, el teatro Gran Mariscal, el castillo de La Glorieta y La Florida.  Para la decoración de los murales de La Florida arribaron maestros desde Italia y algunos dicen que también de Francia.

La pintura “infinita”

Aniceto Arce hizo traer destacados pintores para darle uno de los toques finales al palacio. Se trataba de artistas europeos, quienes pintaron al temple. Otra de las técnicas empleadas fue la del “Tromp Lócil”, que significa una trampa para el ojo que da la ilusión de amplitud.

Ésta técnica se trabaja con falsos relieves y falsos acabados que imitan la madera, mármol y otros materiales. De esta manera, el comedor de lujo del palacio parece tener un espacio infinito.

El sueño de Arce

Arce poseía ocho propiedades: Maica, Ovejería, La Calera, Pilcomayo, Seripona, Liquinas, Santa Isabel y Pulqui. Sin embargo, la historia cuenta que vivió por mucho tiempo en el Palacio de la Florida, pues se enamoró de la zona muchos años antes.

De acuerdo al historiador Guillermo Calvo, le gustó mucho el lugar cuando fue a estudiar a Sucre. “Le gustaba este sector porque había una quebrada caudalosa y muchas huertas con sembradíos. Se enamoró del lugar”, indica.

El expresidente compró el inmueble en el año 1870, su ubicación era perfecta, pues estaba a unos dos kilómetros de la Glorieta, una joya histórica propiedad de Francisco Argandoña, su cuñado, con quien mantenía estrecha relación.

La propiedad fue bautizada por la hija de Arce, Luisa, quien falleció a temprana edad. “Esa hija, que falleció el año 1871, fue quien  le cambió el nombre de Huirupucu a La Florida”, explica  Calvo.

Aniceto Arce, el “hombre de hierro”

Aniceto Arce nació en Tarija, el 17 de abril de 1824. Perteneciente a una modesta familia, fue hijo de Diego de Arce y Francisca Ruiz de Mendoza. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Junín de Sucre, y de derecho en la Universidad de San Francisco Xavier. Muy joven recorrió el país.

En 1850, a sus 26 años, fue elegido diputado; perseguido por el presidente Manuel Isidoro Belzu, se exilió en Copiapó (Chile) donde se interesó por el trabajo de minas. Una vez que José María Linares subió al poder posesionándose como presidente de Bolivia en enero de 1857, Arce fue nombrado rector del Colegio Nacional Pichincha de Potosí. Un año antes, en 1856 había iniciado sus trabajos en las minas de plata de Huanchaca que lo convertirían en el primer millonario del país

Su mandato se caracterizó por un gobierno fuerte y constructivo. Comprendió que lo esencial era vincular las diversas regiones y comunicar el país con el exterior. De este modo hizo construir carreteras entre Sucre y Potosí, Sucre y Cochabamba y Oruro, y Cochabamba al Beni y, sobre todo, el ferrocarril entre la frontera chilena y Oruro, que relacionó al país y sus productos con el mundo; en cambio, sus proyectos de llevarlo a La Paz y Sucre no se realizaron, en parte, por oposición interna.

Es recordado por su carácter enérgico y su firme postura en favor de un orden civil y democrático (esto le valió el apodo de “el Boliviano de hierro”), y por haber sentado las bases para el funcionamiento de un sistema de partidos políticos modernos en el país.

Apuntes curiosos sobre el palacio

 El tirano

Entre los datos curiosos de esta construcción están  que Aniceto Arce tenía una habitación especial para encerrarse durante sus episodios de neuralgia. “Por eso lo llamaban ‘el Tirano de La Florida”.

Herencia

Luego de que Arce murió, La Florida pasó a sus herederos y éstos vendieron a otros propietarios hasta que fue cedida a la Prefectura.

Su deseo

El expresidente Aniceto Arce  era aficionado a la agricultura. De esta manera, soñó con el palacio y la construcción de un centro industrial en La Florida.