El mismo SUS para Tarija

Buscar acuerdos distintos para salvaguardar el Susat puede acabar en decepción, como acabaron los acuerdos por el SIN o la interminable conciliación con la ABC. El Gobierno debe pagar en Tarija lo mismo que en el resto del país

El nuevo Seguro Universal de Salud (SUS) lanzado por el Gobierno es evidentemente una medida con alta intencionalidad política en pleno año electoral, el más duro de los que haya podido enfrentar en sus 14 años de Gobierno y al que con más incertidumbre se aproxima. Nunca había estado tan mal en las encuestas y por ende, nunca había sido tan necesario dar un golpe de efecto de este calibre. La salud es uno de los temas más sensibles para la población boliviana, que cada enfermedad supone un verdadero calvario para el paciente y un agujero en la mínima programación financiera que las familias puedan haber hecho. En ese contexto, el SUS es sin duda una medida acertada, por muy tarde que llegue.

Nunca dejó de ser curioso que un Gobierno  – el Nacional – proclamado “socialista” nunca diera un paso en la universalización de la salud, y un Gobierno – el Departamental – catalogado por los mismos como “de la derecha” implementara al poco tiempo de empezar a andar el Seguro Universal Autónomo (Susat), un seguro que con sus luces y sombras, es considerado el mejor proyecto de entre los abordados. Con retrasos, con escasez de medicinas, con esfuerzos de todo lado, los tarijeños más necesitados han podido ahorrarse buenos pesos en tratar sus dolencias y nadie ha tenido que morir por falta de atención, ni arruinarse.

El Gobierno socialista del MAS, diez años después del Susat, ha visto que cuidar la salud de los bolivianos puede resultar un buen negocio, y que con menos de la mitad de los campos de fútbol que se han sembrado en el país, es factible. Dará menos trabajo a los amigos constructores y generará tal vez menos ingresos en las dirigencia comunales, pero políticamente, puede funcionar. Con todo, el Gobierno no ha acertado en enfocar el tema como un proyecto de soberanía y dignidad nacional, que suelen ser las iniciativas más exitosas que ha abordado, y más bien lo ha colocado como una medida de gestión socialdemócrata. No en vano, el Gobierno socialista tampoco se ha atrevido a romper el modelo de seguros, tan estadounidense, para convertirlo en un servicio universal de verdad.

Nunca dejó de ser curioso que un Gobierno  – el Nacional – proclamado “socialista” nunca diera un paso en la universalización de la salud, y un Gobierno – el Departamental – catalogado por los mismos como “de la derecha” implementara al poco tiempo de empezar a andar el Susat

La negociación está siendo morosa con los municipios y todavía quedan muchas dudas; nadie sabe con determinación que coberturas ofrecerá, que temas tratará y que temas seguirán requiriendo del gasto privado. Tampoco hay mayor concreción en lo que se refiere a ítems o equipamiento, peleas recurrentes entre Gobernaciones y Gobierno.

En lo que respecta a Tarija, es muy deseable cuidar el Susat en el tiempo de transición para que ningún tarijeño se quede sin cobertura, precaución que no han tomado, por ejemplo, dos municipios chaqueños, sin embargo, una vez que el proyecto se instale, no se debe seguir peleando por asuntos de banderas y carnets, sino asegurar la máxima calidad y cobertura.

Tarija tiene una nefasta experiencia de acuerdos bilaterales con el Gobierno para la instalación de este tipo de proyectos/servicios, en los que finalmente es el departamento quien acaba corriendo con los gastos: la conciliación con la ABC es un tema recurrente, por ejemplo, o el tema de la instalación del Sistema Interconectado Nacional de electricidad, donde solo Tarija paga. Por ello, resulta imprescindible que el SUS pague en Tarija exactamente lo mismo que vaya a pagar en otros departamentos, ni más, ni menos. Cualquier acuerdo distinto, por fantástico que parezca, o por muchos intereses sectoriales que proteja, será con probabilidad una trampa.