El mensaje de Bolsonaro y Bolivia

Los analistas no se ponen de acuerdo. La arrolladora victoria del ultraderechista – por decirlo suave – Jair Bolsonaro en la primera ronda de las elecciones en Brasil es un claro mensaje, pero el significado está en discusión. Bolsonaro le ha metido casi 20 puntos a Haddad, el heredero de Lula da Silva, al que apenas han apoyado un 30 por ciento de la población. Demasiado poco para lo que se presentó como una retorno a la institucionalidad y sobre todo, demasiado poco luego del 5 por ciento de aprobación de la gestión con la que se irá el presidente Michel Temer.

Bolsonaro, ya saben, un tipo que considera que los problemas de Brasil se arreglan con bala, condenado a pagar una multa por decirle a una parlamentaria que era demasiado fea para ser violada y que básicamente ha centrado toda su campaña en el discurso anti – PT, ha sorprendido sobre todo a las encuestadoras, que una vez más han vuelto a hacer el ridículo, pues apenas le daban un tercio de la votación.

El análisis de su victoria arrolladora va desde los que consideran que ha sido la opción del hartazgo, es decir, la ejemplificación antisistema del voto democrático, esta vez con una opción de ultraderecha, hasta los que ven detrás de él el poder de la Iglesia Evangélica con el discurso más conservador en una sociedad convulsionada o la mano de la intervención norteamericana en Venezuela, solo posible a través de un loco local. Algunos solo querían castigar a la clase política, pero casi se exceden. Bolsonaro está a un suspiro de la victoria en segundo vuelta, y aunque la conjura ahora es “todos contra él”, precisamente por ello y por la historia de los ballotages brasileros, es más probable que gane.

Bolsonaro ha bordado el papel de outsider de la política, pese a sus largos años como parlamentario; ha llegado con un discurso de regeneración total, basado en el odio pero también en la lucha contra la corrupción, instalada en todas las instituciones brasileras sin excepción.

La posibilidad de que Bolsonaro gane ha puesto en guardia a Bolivia, que no aguantaría tres meses un bloqueo económico si el general y su vecino Mauricio Macri se ponen de acuerdo para no comprar o no pagar por el gas; pero sobre todo pone en guardia a aquellos que todavía creemos en que se puede construir una Patria Grande soberana desde la solidaridad y la integración y no desde el imperialismo. Para aquellos que creen que el soberanismo está pasado de moda y que sólo nos queda entregarnos al multilateralismo del poder transnacional en el que reina la paz y la alegría mientras sigas el camino marcado, Bolsonaro, Trump y el resto son borrones que no se pueden creer; pero lo cierto es que el sistema nunca volverá a ser el mismo y que de como actúen los responsables políticos dependerá que sea algo afortunado, o desgraciado.

En Bolivia se han disparado las elecciones con el MAS adelantando calendarios sin un propósito claro; desconociendo resultados electorales de un referéndum; imponiendo candidatos entre fangos de corrupción y como colofón, malperdiendo en La Haya. Un peligroso caldo de cultivo para un Bolsonaro al uso que pueda irrumpir en el escenario boliviano y capitalizar la “desazón” y el descontento, sobre todo luego de la fallida puesta en escena de Carlos Mesa.

Lo cierto es que aunque parezca que es tiempo de nombres y perfiles, es la hora de los programas. De que todos sepamos muy claramente que depara el futuro.