El martes al promediar el mediodía un anciano de 80 años caminaba como muchas veces lo hizo por el centro de la ciudad, sin embargo, a unos metros de la plaza Luis de Fuentes, se desplomó.

Varias personas corrieron a socorrerlo, pero de inmediato se dieron cuenta que el adulto mayor de 80 años no tenía signos vitales. Entre todo el ajetreo fue llevado de emergencias al hospital San Juan de Dios, donde le aplicaron la técnica de reanimación.

De acuerdo al director de la Unidad de Emergencias del nosocomio, Vladimir Velásquez, el anciano ya llevaba 20 minutos de fallecido. Más aún, lograron reanimarlo. Tras el suceso, el adulto mayor fue trasladado a una clínica privada debido a que necesitaba ser ingresado a Terapia Intensiva y en el Hospital San Juan de Dios la unidad estaba llena.

Velásquez reveló que por semana en Tarija se realizan entre 2 a 3 reanimaciones por paros cardiacos. “En algunos casos se logra la reanimación y en otros el evento es muy rápido y no hay retorno”, detalló.

A raíz de estos sucesos –en los que las personas pasado un tiempo corto vuelven a la vida- crece el enigma relacionado con ¿qué experiencia tienen cuando permanecen muertos?, ¿Qué hay después de la muerte? El País logró contactar a tres personas que tuvieron esta experiencia.

Elaria Guarachi

“A la edad de 12 años, durante 44 horas, estuve muerta y cuando desperté ya no era la misma”, cuenta Elaria Guarachi, una veterana curandera del barrio María de los Ángeles de la ciudad de Tarija.

A más de 53 años de lo sucedido, su oficio ahora es el de sanar a las personas cuando la medicina convencional no funciona. Elaria nació en la comunidad de Culpina del departamento de Chuquisaca. Relata que cuando tenía 12 años, tras un accidente automovilístico, permaneció 44 horas muerta.

¿Cuál fue su experiencia?, ¿La recuerda? Elaria asegura que vio una luz muy brillante y de pronto a Dios, conversó con él y éste le dijo que no podía morir porque su tarea no había concluido, pues que regresar para cuidar a sus hijos.

Sin embargo, ella no tenía hijos por lo que le pareció muy extraña la recomendación. Más aún, el recuerdo de la conversación con Dios, luego, se convirtió en una señal. “Cuando desperté me di cuenta que no tenía hijos. Tenía solo 12 años, no comprendí a que se refería. Más tarde entendí que mi misión era ayudar a los hijos de Dios”, afirma convencida.

Desde entonces ella se dedica a curar a las personas. “Nadie me ha enseñado yo conozco esto porque Dios me lo ha dado y me ha pedido que sirva a sus hijos”, afirma.

Betty Camacho

Betty Camacho tiene cincuenta años, vive actualmente en Cochabamba. Allí ha puesto su restaurante de pollo a la leña. Tiene dos hijas, una de 20 y la otra de 30 años. Recuerda que en el embarazo de la primera, tuvo problemas al dar a luz, le vino una gran hemorragia y finalmente murió por 30 minutos.

Del suceso recuerda que en el momento de su muerte se salió de su cuerpo, vio a su madre llorar a su lado con el bebé en brazos y de pronto se fue. “Sentí una gran paz, vi un túnel y a mi alcance salieron dos enormes manos luminosas que me empujaron hacia afuera. No es tu hora aún, me dijo una voz y volví a mi cuerpo”, recuerda.

Cuenta que en ese momento estaba cubierta con una sábana blanca de pies a cabeza. “Ya estaba en la morgue, pero aún no podía moverme, mi respiración era muy leve”, dice.

Luisa Vega es su madre, aunque tiene 96 años, recuerda con lucidez ese día. “Mi hija ya estaba en la morgue. A mí no me dejaban pasar porque debía hacerse primero el trámite con la funeraria, pero yo insistía en volver a verla. Corazón de madre pues, cuando al fin luego de tanto llorar me dejan entrar, la destapo y saco desesperada un espejito de mi cartera, se lo pongo a la nariz y boca y veo que se empaña. Mi hija está viva, está viva, grité y vinieron de inmediato a comprobarlo”, cuenta.

Agrega que tras el hecho, la volvieron a internar para darle los cuidados necesarios. “Tardé en recuperarme, desvariaba. Estaba como loca, pero en una semana ya regresé a la normalidad”, dice Betty y asegura que luego de ese evento hubo dos cambios en su vida.

“Primero que mi carácter cambió. Yo era muy mala, enserio, y el segundo cambio es que siempre veo cosas paranormales aunque pocos me creen”, señala.

Daniela Segovia

La tercera persona entrevistada es la tarijeña Daniela Segovia de 33 años, ella cuenta que tuvo una experiencia similar aunque no tan prolongada. Era domingo del año 2015, un día antes se había pasado de copas en un cumpleaños y ese día despertó con un dolor de cabeza insoportable.

Su madre le insistía en que le ayudara con los quehaceres de la casa y a tanta insistencia apenas lo hizo. Por la tarde tenía que ir a visitar a un amigo al Hospital Obrero. Cuando ya el reloj marcó las cuatro de la tarde, se alistó, se encontró con su novio y fue al nosocomio.

Ya en el hospital le indicaron que su amigo estaba en Cirugía Varones. Su novio decidió esperarla afuera de la habitación. “Ingresé al cuarto donde estaba mi amigo, lo vi muy delicado, le agarré la mano y sentí como me faltó el aire. De inmediato me desplomé. No sentí ni cómo caí al piso”, cuenta.

Tras cinco minutos inconsciente despertó en el preciso momento en el que un médico le practicaba una reanimación de emergencia y fue entonces cuando comenzó a escuchar los llantos y gritos de las personas que la rodeaban.

“Me levanté de inmediato temblando. Me asusté tanto de la experiencia que apenas volví a la vida, quise pararme, pero fue tantísimo el susto que cuando me hacen sentar en una silla y me dan un vaso de agua, el agua se me cae de la boca, las manos se me fruncen y mi cara se paraliza”, detalla.

En ese momento la pusieron en una silla de ruedas y la bajaron de inmediato a emergencias, donde le inyectaron complejo B y otras cosas que hoy no recuerda. “Sólo decía, por favor ayúdenme, ayúdenme. Sentía que me paralizaba”, dice.

¿De qué te asustaste, del haber fallecido unos minutos, de lo que viste? Le preguntamos, a lo que ella responde. “Me asusté de la experiencia, de lo que vi. Pues caí en un sueño profundo y mi primer pensamiento fue `Al fin descanso´. Era una paz indescriptible, de pronto veo a mi mamá dando comida a mis perros, luego a mi papá en la iglesia, a mis hermanos en su cuarto y comienzo a volar y veo a mi abuela en la puerta de su casa, sentada con su mate. Ahí me di cuenta que me estaba despidiendo de todos, luego de esto caigo como en un pozo profundo. Aún recuerdo esa sensación de vértigo y al fondo había mucha luz. Pero de pronto veo de nuevo la sala y los gritos, y es cuando despierto”, recuerda.

Añade que lo más extraño es que todos los familiares que mencionó estaban haciendo las cosas que describió haber visto en el momento en el que ella permaneció muerta. Sobre su diagnóstico afirma que le diagnosticaron shock neurogénico y la derivaron al neurólogo del hospital Obrero. “Pero jamás me atendió porque no había ficha y me pusieron para un mes después, luego de esto no volví a tener un episodio similar”, explica.

A la pregunta ¿Qué es lo que cambió en tu vida luego de esto? Daniela afirma “el miedo a la muerte, ya no le tengo miedo”, dice y cuenta que por tres años no vivía tranquila pensando en lo “terrible que sería morir”. “Esa paz que sentí me reveló que la muerte no es tan mala como creí”, concluye.

 

Los siete escenarios tras la muerte

Durante años, aquellos que han conseguido «volver» han recordado sus experiencias. Pero los médicos trataban estos recuerdos como alucinaciones, y los investigadores se han mostrado cautelosos a la hora de hablar sobre estos casos, ya que muchos son vistos como algo que va más allá de la investigación puramente científica.

Según una nota publicada en BBC, Sam Parnia, director del centro de resucitación de la Universidad de Medicina en Nueva York, quiso librarse de las suposiciones sobre lo que podían experimentar o no aquellos en el lecho de muerte.

Él y su equipo recolectaron datos de estos momentos durante cuatro años y analizaron más de 2.000 casos de paros cardíacos y momentos de muerte oficial.

En cerca de un 50% de aquellos casos estudiados los pacientes eran capaces de recordar algo. Así en el estudio se reveló que las personas recordaban escenarios alucinatorios que Parnia y sus colegas clasificaron en siete categorías.

«Parece ser que las experiencias de la mente en los escenarios cercanos a la muerte son mucho más complejas de lo que se creía en el pasado», añade Parnia.

Los siete escenarios son los siguientes:

-Miedo

-Ver animales o plantas

-Luz brillante

– Dios

-Violencia y persecución

-Deja-vu

-Ver a familiares

Aunque está claro que «la gente tiene experiencias en el momento de la muerte», según explica Parnia, la forma en la que cada uno de los individuos elige interpretar estas vivencias depende totalmente de sus creencias.

Alguien de India puede volver de la muerte y asegurar que vio al dios Krishna, mientras que alguien del medio oeste estadounidense puede regresar de la misma experiencia y afirmar que vio al dios cristiano.

«Si el padre de un niño del medio oeste le dice a su hijo que cuando muera verá a Jesús y que le transmitirá amor y compasión, por supuesto que verá eso», dice Parnia.

Parnia y sus colegas ya planean estudios que sigan por este mismo camino e intenten responder algunas de las cuestiones planteadas.

“Cualquiera con una mente medianamente objetiva estará de acuerdo en que todo esto es algo que debe seguir siendo investigado. Tenemos los medios y la tecnología, ahora es el momento de hacerlo”, dice el experto.

También espera que su trabajo contribuya al enriquecimiento de la discusión sobre el significado de la muerte, y que pueda liberarse de posturas religiosas o escépticas.


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