El intolerable olvido de la planta de San Luis

Queda como un recuerdo lejano aquellas audiencias públicas en las que diferentes políticos buscando protagonismo llegaron para polemizar, observar, sentenciar, y alguno, los menos, proponer. Finalmente acabó como empezó, en promesas.

La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales en la ciudad de Tarija debería haberse hecho hace tanto tiempo que parece una pesadilla que todavía sigamos padeciendo olores e impacto ambiental en ríos, quebradas, etc. Los mejores años de Tarija, en los que pasaron decenas de millones de dólares por las arcas del Municipio, desaparecieron en nadie sabe muy bien qué mientras la ciudad seguía creciendo hasta lugares insospechados sin que nadie le pusiera ningún problema. Hasta una donación, donación, donación, de 12 millones de dólares se dejó perder por falta de algo, capacidad política, capacidad de gestión, capacidad de decisión, pero por algo se perdió.

Con el paso de los años, el proyecto fue costando cada vez más y se convirtió en un reto caro y poco vistoso que abordar. La planta está literalmente destinada a asuntos escatológicos en los que nadie quiere pensar demasiado y resulta complicado capitalizarlo políticamente a pesar de lo ligado al bienestar de todos los ciudadanos.

Que el Gobierno Nacional debía concurrir en él estaba fuera de discusión, pues lo ha hecho en otras capitales del país y en municipios de segunda línea, pero fue el propio Presidente Evo Morales en plena campaña por el referéndum de febrero de 2016 quien se comprometió a construir la planta de tratamiento. Ya entonces se hablaba de montos de 50 millones de dólares.

Han pasado dos años y medio desde entonces y por el medio se han librado infinitas batallas, se han retado mil pulsos, se han tomado trescientas fotografías, casi todas con los sufridos vecinos de San Luis que están algo más que hartos de que las promesas se queden en eso nomás.

Han pasado dos años y medio en los que, después de tantas vueltas, las autoridades locales dieron un paso atrás con esta planta que debe cubrir los desechos del margen izquierdo del río y se han concentrado en la planta de San Blas, que cubrirá los del derecho. El mensaje era claro: señores del Gobierno, hagan nomás como quieran, con invitación directa, con licitación Llave en Mano, con proyecto previo, etc, como quieran, pero hagan y no enreden más. El Gobierno, en este régimen autonómico fallido, tiene la capacidad para poner, quitar y modificar a su antojo todas las partidas presupuestarias, así que no debería haber ningún problema en ese sentido.

Han pasado dos años y medio y ni siquiera se ha licitado el proyecto de construcción a pesar de las docenas de promesas de diputados, técnicos intermedios, viceministros y otros voceros más o menos autorizados.

Llegados a este punto, el problema real parece ser que no existen ni recursos disponibles ni excesiva voluntad política. Tan acostumbrados como estamos a escuchar las mareantes cifras de inversión en hidrocarburos y las magníficas cifras de renta petrolera, es cuando menos llamativo que un problema sanitario de primer orden tenga que esperar al resultado de las morosas y burocráticas gestiones en organismos de crédito multilateral como el BID o el BM. Por ello, Evo tampoco cumple su compromiso más visible con Tarija.


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