El fracking, el silencio de la campaña

El proceso del fracking no es más que una aceleración del proceso natural, al liberar el gas de la roca mediante explosiones y fuerzas de agua a presión. El daño en los acuíferos está documentado; los efectos por violentar el proceso de la Madre Tierra no

Las técnicas de exploración no convencional planean fuertemente sobre el país. Los motivos, aunque negados mil veces por las autoridades del sector, son más que evidentes. Los discursos recurrentes de los últimos tiempos parecen apuntar directamente a eso. Y ni siquiera un entorno electoral, que se brinda a la demagogia politiquera, está sirviendo para blindar al país ante lo que los expertos y ambientalistas consideran un riesgo probado contra el medio ambiente. El fracking toca las puertas y nadie parece dispuesto a decirle de entrada no.

El Vicepresidente Álvaro García Linera recordaba el mismo 6 de agosto, en su discurso en la sesión de Honor de la Asamblea Plurinacional, que Bolivia iba a seguir siendo un país extractivista porque solo en ese camino había encontrado acomodo para cientos de trabajadores e ingresos para cubrir las necesidades básicas del Estado. Sin embargo, los datos de exploración y consumo no sostienen esa afirmación.

El Ministerio de Hidrocarburos certificó en septiembre de 2018, tras un accidentado proceso de consultoría, que el país contaba con 10,7 TCF de reservas probadas, es decir, listas para su explotación más o menos inmediata. Además contaba con otros casi cinco entre reservas probables y posibles, que es como se denominan a los reservorios más o menos identificados que requieren de buena inversión para su extracción. Requiere por ende de muchos pozos tipo Boyuy o Jaguar, con fracasos incluidos, algo que al Gobierno no le gusta reconocer.

En conjunto, las reservas han decrecido en la última década, ya que en 2009 sumaban unas 20 entre probadas, probables y posibles. En conclusión, las reservas se han ido convirtiendo para su extracción, pero no han aparecido nuevas. Las reservas actuales y al ritmo actual de venta, según el propio Ministerio, alcanzan para unos 7 años más, lo que a su criterio es para no preocuparse, aún viendo lo rápido que pasan los años.

Reservas para siete años evidentemente no permiten tomar muchas decisiones a largo plazo, ni en industrialización, ni en planes de GNL vía marítima, ni en otros campos en los que se supone se iba a adentrar con soberanía.

En ese marco aparece el famoso “mar de gas”, que más allá de las bromas sobre su visualización, viene a evidenciar que se trabajan en nuevas fórmulas de extracción. De repente han aparecido planes de “Margarita profundo”, “San Antonio profundo”, “Boyuy” y otros que lo que sugieren son técnicas diferentes a las actuales. El propio Vicepresidente trató de explicar didácticamente que debajo de viejos reservorios podían existir nuevos reservorios de los que extraer más gas.

El proceso del fracking no es más que una aceleración del proceso natural, al liberar el gas de la roca mediante explosiones y fuerzas de agua a presión. El daño en los acuíferos está documentado; los efectos por violentar el proceso de la Madre Tierra no. En cualquier caso, la técnica ha sido prohibida en muchos países de Europa, pero también ha sido abrazada con fuerza en países como Estados Unidos y sin ir más lejos, Argentina. A 70 kilómetros de la frontera bermejeña se prevé una planta no convencional. En Bolivia mismo se ha autorizado a la empresa Cancambria a trabajar así en el área de Miraflores (Santa Cruz).

Las campañas electorales no deberían ser para mostrar cuan guapo o listo o vivo es un candidato frente a otro, sino que debería servir para debatir los temas de fondo. Este es uno, sobre el que sin embargo, todos guardan silencio.

DESTACADO.- Las reservas convencionales no alcanzan para una década, y de ahí que el debate se pase de puntillas


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