El discurso fake del Movimiento Al Socialismo

El Movimiento Al Socialismo ha entrado en este 2018 en una espiral de construcción alternativa de la realidad que parece irreversible. Los opositores, por ende, calculan las opciones reales de los desenlaces posibles: democráticos o traumáticos.

Desde que perdió el referéndum del 21 de febrero de 2016, el MAS ha querido construir una relato alternativo con todo aquello del cártel de la Mentira y explotando la no existencia del niño de Gabriela Zapata, al mismo tiempo que daba carpetazo sin depurar ni una responsabilidad al meollo de la cuestión, que era el tráfico de influencias.

Los tiempos son tercos, y llegado el final de 2017, el Tribunal Constitucional ya introdujo un cambio de fondo en el texto Constitucional, mismo que debiera pasar por referéndum popular, y atropelló el resultado del 21 de febrero alegando que la reelección indefinida era un derecho humano inalienable, algo que nadie en el MAS había introducido nunca en el debate, por eso se pidió permiso en referéndum para presentarse una vez más y solo Morales y García Linera y no todas las autoridades.

Nadie quería creerlo. La oposición seguía débil hablando de unidad mientras calculaban sus opciones individuales desde sus feudos y todo el país puso rumbo a La Haya, concentrados y convencidos que esta vez iba a ir bien, porque todos los agentes de oficialismo y oposición así lo indicaban. Las expectativas crecieron demasiado. Se perdió y el MAS lo volvió a hacer: criticar a los jueces, hablar de complots, electoralizar el país aceleradamente: su especialidad.

La “costumbre” de no reconocer las adversidades han abierto los escenarios más pesimistas respecto a lo que pueda pasar en octubre de 2019. Ningún presidente que hubiera perdido un referéndum para pedir su reelección forzaría su participación para buscar esa reelección. Evo Morales no solo está convencido de su participación sino que habla de niveles de votación del 70 por ciento, una cifra poco realista por donde se la mire.

La oposición dividida

En 2018 la oposición ha vuelto a mostrar sus penurias, que básicamente se resumen en su incapacidad de dialogar para encontrar puntos en común que puedan asegurar una alternativa para el país y en la escasa credibilidad que convierte la acepción “funcional al régimen” como principal argumento para pugnar entre ellos: todos al final son acusados de ser funcionales.

Con la aceleración de las Elecciones Primarias, el MAS ha dejado al descubierto estas incapacidades. Después de cuatro años hablando de unidad se presentaron siete frentes alternativos, aunque el fracaso de la unidad llegó en el mismo momento en el que Carlos Mesa anunció su intención de ser candidato antes de haber formado ninguna alianza.

La primereada de Carlos Mesa, que ya por entonces y desde siempre es el favorito en las encuestas para enfrentar a Evo Morales, cayó mal en los partidos establecidos; particularmente en Rubén Costas (Demócratas) y Samuel Doria Medina (Unidad Nacional) que firmaron una alianza que naufragó dos semanas después.

Doria Medina ha tomado desde entonces una posición de “hombre de Estado”, crítica con el régimen y sin participar aunque apoyando al que sea la alternativa. Doria Medina quedará en posición de fuerza en el caso de que las elecciones terminen con un escenario traumático.

Demócratas, por su parte, está en otra, apostando a una bancada cruceña fuerte que pueda ser decisiva en las próximas elecciones para lograr mayores niveles de autogobierno y que recuerdan mucho al proceso catalán en España.

Carlos Mesa se ha quedado entonces como único referente de la oposición con posibilidades, frente a Víctor Hugo Cárdenas (UCS), que apuesta a la derecha más dura y radical emulando a Bolsonaro y las candidaturas de Jaime Paz Zamora (PDC) y Virginio Lema (MNR) que vienen a repetir lo que ya fue Tuto Quiroga en 2014 para la unidad opositora apoyado precisamente por esos mismos grupos, ahora enemistados. Quiroga y la votación en Tarija resultó clave para que el MAS alcanzara los dos tercios en la Asamblea.

En las fake news, dicen, cree quien quiere creer. Y es posible que muchos crean que hubo una mentira organizada el 21 de febrero de 2016 y que ahora el MAS puede ganar con el 70 por ciento de los votos. También es posible que no. De momento en un mes se participará en el más ridículo de los shows democráticos: unas primarias cerradas donde cada partido solo tiene un candidato.