EDUCAR SIN MAQUILLAR

Es muy común que los gobernantes del país, en sus distintos niveles, informen – no sin algún grado de demagogia – cuanto se gastó, se está gastando o se gastará en la construcción de edificios escolares, campos deportivos, adquisición de equipos y laboratorios, demostrando las altas cifras económicas erogadas, como demostrando cuánto se hace en educación.

Eso sale muy bien en los informativos de la prensa y pega en el público, especialmente en los alumnos y padres de familia beneficiados; lo que habría que preguntarse es si los edificios, los campos deportivos y los laboratorios, hacen por si solos educación.

Analizando un poco, nos daremos cuenta que educar, es lo que se hace y cómo se hace la tarea educativa; es decir, educar es metodología, tecnología y acción docente, usando apropiadamente las edificaciones y sus accesorios, los equipos y laboratorios de una institución educativa. Por eso creo que se maquilla, se hace que se vea materialmente bonito lo que debe verse intelectualmente, en connotaciones de acción humana, de conocimientos, de capacidad y destreza de los estudiantes; al término de cada periodo de trabajo, sea mensual, anual o quinquenal en cada nivel y cada estamento educativo.

En la práctica se han visto equipos, espacios físicos e incluso laboratorios que no se usaron o no se dio el uso necesario, como en el caso de las computadoras kuaa, por ejemplo. Me sentí muy contento cuando recientemente estuve en UNEFCO (Unidad Especializada de Formación Continua), en Tarija, donde me informé que actualmente están ocupados en la capacitación a docentes para el manejo de esta infraestructura física, precisamente.

Me parece que ya quedaron atrás los tiempos en los que se necesitaba, precisamente, la foto del objeto del proyecto, como evidencia de lo que se hizo y justificar el gasto, cuando más bien, en el caso de la educación, habría que demostrar cómo se lo está haciendo y cuyas evidencias deberían ser los registros de los resultados académicos, de la capacidad, de la destreza y hasta experticia de los estudiantes, de cada institución educativa, al término de cada periodo educativo.

También es normal usar como cubierta o maquillaje, 200 días de trabajo por gestión; de modo que, si en la gestión anterior se trabajó 190 días y este año 195, por ejemplo, este año fue más exitoso que el anterior; cuando lo que debía determinar si fue mejor o peor cualquiera de estas gestiones; deberían ser los índices de rendimiento académico; los promedios del curso o de nivel, mismos que denoten qué tanto mejor o peor fue el año lectivo anterior, el presente y los sucesivos.

Sería muy aconsejable no sólo realizar evaluaciones cuantitativas sino, además, cualitativas y para ello tenemos que recurrir a guarismos, mismos que al ser llevados a porcentajes y gráficas, resalten los éxitos y fracasos en las variables evaluadas; de manera que, se pueda tener un juicio más sistematizado de la calidad educativa en cada periodo evaluado. Nos interesa construir sinergia, que significa que la interacción de varios componentes juntos, producen un efecto total mayor que la simple suma de sus elementos individuales. Recordemos que al educar nos interesa la potencia de la mescla y no la fuerza de sus componentes. No nos interesa que algo luzca o que parezca; sino lo que el todo, es. No debemos consolarnos con ver el árbol, sino, valorar el bosque o el todo como objetivo que no sólo debe ser ideal, sino real.

Si maquillar es retocar artificiosamente algo para que se vea más exponente o imponente, eso no cambia en esencia la realidad y como dice el dicho popular: “Aunque a la mona se la vista de seda, mona nomás queda”. maquillar es como mentir y en educación no podemos mentirnos: es, o no es. En educación no deben darse los famosos congraciamientos con notas o compensaciones; deben ser resultados puros y objetivos.

Sería bueno que se note la acción de los observatorios de calidad educativa que dicen existir y enrumbarnos en un trabajo más sistemático y menos artesanal, que nos permita identificar errores a corregirlos oportunamente, trabajando en lo nuestro y para nosotros mismo, los bolivianos, en la búsqueda de una educación de calidad.

Auto congratularnos sobre la base de maquillajes o mentiras, no mejora en nada nuestra situación. “Es de necios, seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”, como habría dicho A Einstein. Abramos nuestra imaginación y pongamos en juego nuestra voluntad y capacidad, al máximo, aplicando esta otra frase, también de Einstein “La mente es como un paracaídas, sólo si se abre funciona”, y dejemos los maquillajes, haciendo de verdad, educación inclusiva y equitativa de calidad y un aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos, como es el Marco de Acción para la realización del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4: la decisión de los países que integran la ONU “Educación 2030”.


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