Diálogo, democracia y mayorías absolutas

Las encuestas vienen señalando que a partir de 2020 Bolivia tendrá que acostumbrarse a gobernar contando con la Asamblea, y mucho de lo que pasa en la campaña tiene reflejo después

En una campaña electoral tan ríspida como las que se vienen viviendo en el país, espoleada por los resultados del 21F, la decisión del Constitucional, la incapacidad de la oposición y la habilitación de Evo Morales, pero también por la mediatización de las campañas y la influencia de los comunicadores que han entregado su alma a las redes sociales, conviene pensar de vez en cuando en el día después de la contienda en las urnas, y en como las reacciones de entonces contribuirán a consolidar o no la institucionalidad de un Estado que todavía tiene que someterse a la prueba de fuego.

En una campaña electoral de estas características, en la que todo parece ser coyuntural; en la que se mira al pasado para traer trapos sucios y exponerlos en las redes; en la que ni como estrategia se es capaz de ligar una serie de antecedentes para explicar una tragedia, es de agradecer que al menos los tres principales candidatos a la Vicepresidencia del Estado sean capaces de coincidir en un set de televisión e intercambiar ideas sobre el modelo de desarrollo que pretenden para Bolivia. No es costumbre todavía en Bolivia, pero es necesario. Y no importa si se dedicó más tiempo a descalificar y criticar que a proponer; lo importante es que se vaya generando la costumbre de hacerlo.

En Bolivia nos hemos malacostumbrado a las mayorías absolutísimas de Evo Morales y el MAS, que responden a un modelo, a un momento y a un fenómeno extraordinario en un país que necesitaba revolucionarse de arriba abajo

En Bolivia nos hemos malacostumbrado a las mayorías absolutísimas de Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS), que responden a un modelo, a un momento y a un fenómeno extraordinario en un país que necesitaba revolucionarse de arriba abajo. Sin embargo, no deberíamos entender que ese es el modelo normal, sino el extraordinario.

Lo normal en democracia es que en el parlamento nacional estén representadas diferentes corrientes ideológicas y minorías significativas, y que estas tengan la obligación de ponerse de acuerdo para sacar determinadas leyes e iniciativas adelante. Es lo que permite la negociación y exige una mayor concentración en el diseño y redacción, y un mayor tino a la hora de fundamentar y acordar cada uno de los artículos.

El sistema parlamentario ha quedado en el olvido y se suele hablar de él con desprecio, se lo vincula a la democracia pactada – con connotación negativa – y se ejemplifica con aquel “el tercero fue presidente” que se refiere a Jaime Paz Zamora y que olvida el arte de la política por completo, que es la capacidad de ponerse de acuerdo. El sistema presidencialista actual da amplísimas competencias al Presidente, y si además controla holgadamente la Asamblea Plurinacional, gobernar es un plácido sueño de verano.

No pasa lo mismo en los Departamentos, donde la implantación territorial del MAS suele darle mayorías frente a los ejecutivos, que suelen triunfar en las grandes ciudades. Es el caso sin ir más lejos de Tarija, que el Gobernador Adrián Oliva ha sabido manejar con estrecheces pero que es temido por otros, que descartan gobernar si no les garantizan libertad absoluta de movimientos.

Las encuestas vienen señalando que a partir de 2020 Bolivia tendrá que acostumbrarse a gobernar contando con la Asamblea, y mucho de lo que pasa en la campaña tiene reflejo después. En España, por ejemplo, los cuatro partidos mayoritarios son incapaces de acordar un gobierno porque son presos de sus bravuconadas de la campaña; también le pasa a Trump, que ha roto todos los lazos con el partido Demócrata; pasa en Argentina y pasa en Perú, donde el presidente Vizcarra ni siquiera tiene bancada.

Es bueno, en cierto punto, hacer una pausa y dejar claro que no todo vale. El diálogo será necesario en la próxima legislatura, por muchas mayorías o minorías que se representen.


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