Después de la indignación, el machismo

El caso de la manada y la alerta departamental en Tarija han removido conciencias y hay un impulso positivo para buscar un cambio estructural que tal vez no reduzca el número de víctimas, pero que al menos construya una sociedad más igual y que no se puede desperdiciar

Ha pasado apenas una semana desde que en Tarija se declaró la alerta por violencia contra la mujer luego de que se sumara el duodécimo feminicidio del año. El foco mediático se ha ido detrás de la brutal agresión sexual sufrida por una joven cruceña a manos de sus supuestos amigos en una noche de alcohol y drogas y que tuvo un desencadenante evidente: los jóvenes tenían instinto violador.

Los colectivos y activistas estuvieron al quite y no tardaron en bautizar al grupo cruceño de – aún presuntos – violadores como “la manada boliviana”, trayendo para este caso toda la atención que generó en España un caso de similares características y que ha redefinido en castellano muchos de los conceptos culturales con los que se definen las relaciones de sexo y poder entre hombres y mujeres.

En el caso de la violación en España, el grupo entró en el portal de un edificio donde sometieron a la víctima, que nunca dio su consentimiento. La violación fue grabada y difundida, pero no faltó un juez del Tribunal que vio “sexo grupal consentido” tras una noche de desenfreno y alcohol, y en su voto particular dejó detallados todos sus prejuicios respecto a la forma en que entró al portal o sobre que no se resistió lo suficiente. La manada española fue condenada, pero con varios atenuantes, lo que causó gran indignación y hasta hoy sigue latente la onda expansiva de lo que produjo.

En el caso de la violación cruceña, el grupo se fue directamente a un motel donde la víctima fue sometida y a tenor de algunas imágenes que circulan por las redes, sometida por la fuerza. De momento la cautelar los ha encontrado imputables del delito mientras se completa toda la investigación.

Las culpas siempre las cargan/cargamos las mismas. Siempre la sospecha se cierne sobre la víctima, y todavía con mayor vergonzosa impunidad cuando la mujer ha resultado muerta.

No ha faltado en este caso, evidentemente, aquellos que han salido a cuestionar a la joven sometida. Los que cuestionan por qué salía “sola” con cuatro amigos, y los que cuestionan por qué fue al motel de madrugada. También evidentemente han aparecido los que consideran más grave que ella se drogue y no así ellos, ni han faltado los que creen que es una infamia organizada para dañar a quien sabe quién.

Vivimos en una sociedad machista. Las mismas observaciones que se han hecho sobre la víctima de la manada se hacen sobre las víctimas de feminicidio con intolerable normalidad y frecuencia: ¿Por qué estaba en el departamento? ¿Por qué se fue a tomar con un desconocido? ¿Qué hacía en el motel?

Las culpas siempre las cargan/cargamos las mismas. Siempre la sospecha se cierne sobre la víctima, y todavía con mayor vergonzosa impunidad cuando la mujer ha resultado muerta.

El caso de la manada y la alerta departamental en Tarija han removido conciencias y hay un impulso positivo para buscar un cambio estructural que tal vez no reduzca el número de víctimas, pero que al menos construya una sociedad más igual. Educar en el respeto, en la igualdad, en la independencia emocional y económica de la mujer y en la social del hombre, educar para saber ganar y perder. Es necesario que las autoridades y organizaciones aprovechen este impulso para hacer acciones trascendentes; malo sería que se pierda mientras se discute quien puso antes o después una Ley, quien salió más en la tele, quien leyó más párrafos, en qué asiento de la comisión se colocará cada uno y quien habló más alto o más bajo.

Se lo debemos a ellas. #NiUnaMenos

 

 

 


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