Del “Si es Bayer, es bueno” al “Si es Bayer, es Monsanto”

En junio se concretó una milmillonaria operación de compra iniciada en 2016: el conocido grupo farmacéutico y químico alemán, Bayer, adquirió a la tristemente célebre Monsanto por nada menos que 66.000 millones de dólares. Así, Bayer pasa de la aspirina a los agrotóxicos.

Monsanto se ha ganado un mal nombre: productora del químico “agente naranja” (utilizado en la guerra de Vietnam), del refrigerante cancerígeno PCB, de la soya transgénica y el agrotóxico glifosato, extensamente utilizado en Bolivia pese a su catalogación como probable cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud.

Ahora el legado lo lleva Bayer, aunque la empresa alemana ha iniciado una agresiva campaña publicitaria para mejorar su imagen. Su primer anuncio fue que desaparecerá el nombre de Monsanto, aunque seguirá comercializando todos sus productos.

Los argumentos utilizados por Bayer para tratar de limpiar su nombre son los mismos que usó Monsanto: con más transgénicos y agroquímicos se combate el hambre del mundo. La versión de ese argumento ha sido el de la seguridad y soberanía alimentaria. Ambas versiones caen por su propio peso ante la evidencia real.

En Bolivia, entre 2010 y 2014, cuando se aumentó la producción transgénica y se introdujeron estas variedades para otros cultivos además de la soya, coincidentemente se registró un incremento de la importación de alimentos en 316.736 toneladas.

El argumento de combatir el hambre ha sido desmentido por un sinnúmero de críticos. Por ejemplo, los investigadores Gustavo Duch y Fernando Fernández, en un estudio minucioso revelaron que en el mundo se producen alimentos suficientes para el doble de los habitantes del planeta, mientras hay unas mil millones de personas que sufren hambre.

Inclusive la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) aclaró que el hambre no se trata de falta de alimentos sino de un problema de distribución, y que la agricultura familiar campesina es clave en la lucha contra el hambre.

Ante la falta de argumentos comprobables, Bayer borra el nombre de Monsanto y continúa empujando su eslogan publicitario más exitoso durante décadas: “Si es Bayer, es bueno”. Pero los movimientos sociales han tenido una pronta respuesta, resignificando la campaña para que nadie se olvide quién es quién: “Si es Bayer, es Monsanto”.

De esta manera, Bayer sustituye a Monsanto en el control mundial de semillas transgénicas y agrotóxicos, industria dominada por tres conglomerados además de la alemana BASF: Bayer, Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow (formaron la nueva empresa Corteva Agriscience). Manejan el 60% del mercado global de semillas comerciales, el 100% del de semillas transgénicas y el 70% del mercado de agrotóxicos.

Bayer, en vez de Monsanto, será ahora la embajadora de lo transgénico en Bolivia. Será Bayer la relacionada con la profundización de la dependencia de agricultores campesinos, con la pérdida de variedades nativas de cultivos como el maíz, con la contaminación de suelos y acuíferos por los agrotóxicos, con la monoproducción para exportación a costa de la soberanía alimentaria…. ¡Una aspirina por favor!