Dejen de hacer crecer a la oposición

Como era de prever, el TSE (Tribunal Sometido Electoral) —con la saludable excepción de dos de sus miembros y la lamentable fuga de otros dos— ha obedecido órdenes superiores y ha habilitado al binomio Evo-Álvaro para su participación en las próximas elecciones.

Éste ha sido el último paso; el penúltimo fue la aprobación del miserable invento de las elecciones primarias. Un malgasto inútil de tiempo y dinero (con esos 23 millones que vamos a gastar para que los partidos “elijan” a un único binomio ¿no se podría haber resuelto por ejemplo el colapso del hospital de Caranavi?, ¿o es que nuestro Presidente sigue sin recibir información sobre la problemática de salud?)…

No tiene sentido repetir las numerosas críticas que en estos momentos están circulando por las redes sociales y los medios de prensa, y tampoco es fácil hacer un análisis del significado exacto y la composición de las movilizaciones protagonizadas por plataformas ciudadanas y comités cívicos, a quienes los voceros de Gobierno se limitan a descalificar políticamente como opositores y derechistas.

Por supuesto que no todas esas plataformas son derechistas ni están en contra del proceso de cambio (el que prometedoramente empezó del 2005 al 2009); pero suponiendo que lo fueran, precisamente por eso resulta importante no hacer crecer a esa oposición, que es exactamente lo que se está logrando en base a dos ingredientes que desacreditan al actual Gobierno (y por tanto al mencionado proceso de cambio): el autoritarismo y la ilegalidad.

Los gobiernos autoritarios están condenados a fortalecer a la oposición, y es lo que hace nuestro actual Gobierno cuando somete al Órgano Legislativo, cuando somete y manipula al Órgano Judicial y cuando manosea al Tribunal Electoral. Peor aún cuando desconoce nada menos que un Referéndum, se inventa que el “derecho a ser elegido” es lo mismo que el derecho a ser “reelegido”, y por tanto impone la validez de la candidatura Evo-Álvaro…

Lo políticamente sabio es no regalarle argumentos a la oposición de derecha (y no decepcionar cada semana a los partidarios/as del cambio).
Por tanto conviene que quede claro que, cuando exigimos que se respete los resultados del 21-F, no es porque tengamos en mente otras candidaturas supuestamente mejores. Nos da risa ver a un candidato como Paz Zamora, nos produce repulsión ver como candidato al neo-bolsonarista Víctor Hugo Cárdenas, y si bien nos merece respeto la candidatura de Carlos Mesa también tenemos claro que, pese a todos sus valores como historiador, como intelectual y como comunicador, este candidato ya demostró que la Presidencia no es su lugar…

Por tanto no se trata de rechazar lo que ideológicamente significa el binomio Evo-Álvaro, sino de rechazar todo lo que sea ilegalidad, todo lo que sea fraude, y todo lo que sea autoritarismo (ojo, expresamente no estamos usando el término dictadura), porque precisamente esos elementos lo que hacen es fortalecer a la oposición (también a la oposición de derecha, porque es regalarle los argumentos que ideológicamente no tienen).

A esto se añade el dato comprobado de que el prolongado ejercicio del poder —y cuanto más prolongado, peor— intoxica, emborracha, e incluso genera daños cerebrales. Lo explicamos así cuando el 21F: En este referéndum no se trata de votar a favor o en contra de la persona de Evo, sino de nuestro criterio acerca de la pertinencia de que una misma persona, por valiosa que sea, se eternice en el poder.

Precisamente quienes valoramos a Evo Morales deseamos que vuelva a su casa y a su comunidad, que vaya a comprar a la tienda y al mercado, que converse horizontalmente con la gente de base (ahora Evo cree que conversa con la sociedad civil, en sus múltiples y constantes viajes, pero no se da cuenta de que nadie le dice lo que piensa, todos le dicen lo que calculan que él quiere escuchar).

Y sería probable que al cabo de 5 años la mayoría de la población reclame el retorno de Evo, pero de un Evo desintoxicado y nuevamente humilde. Ahora no, ahora estamos favoreciendo el crecimiento gratuito e inmerecido de la oposición.