Danilo Lema, el fotógrafo que venció a la muerte

Es común verlo por las calles tarijeñas con su cámara, siempre con un semblante tranquilo y tomando fotos. Danilo Lema es uno de los fotógrafos más conocidos de la ciudad de Tarija, pero pocos saben sobre la historia de vida que se esconde en él, donde la fe en uno mismo y el hecho de nunca rendirse, son las lecciones que lo han marcado para siempre, permitiéndole vencer una enfermedad letal.

Tiene 30 años y su gusto por la fotografía surgió cuando era niño, a sus 9 años, en esa época su padre compró una cámara a rollo marca Kodak, entonces rápidamente le surgió la curiosidad por este aparato que le permitía captar momentos. “Mi padre es profesor, en ese tiempo trabajaba en la zona alta y como siempre estábamos con él, mi infancia prácticamente la pasé en el área rural por 14 años. Él también era aficionado a la fotografía pero la cámara más la usaba yo”, cuenta Danilo sonriente.

Recuerda que por ese entonces solamente venían 34 disparos en un rollo o película fotográfica, entonces había que ser preciso en las fotos, algo que le ayudó a desarrollar una buena intuición de composición de imagen. Sus primeras fotos fueron retratos de sus padres, y de sus hermanos, pero también de la vida de campo, de los animales, del campesino en su diario vivir, actividad que le generaba en ocasiones reclamos de su padres pues no veían en eso algo productivo, por el gasto económico que implicaba comprar y revelar una película fotográfica en la ciudad.

Al llegar a la adolescencia su padre y madre, Hugo Lema Arenas y Nélida Fernández, se vinieron finalmente a vivir a la ciudad de Tarija, por lo que le tocó ingresar a secundaria y encontrarse ante un nuevo ritmo de vida. Este cambio implicó un alejamiento de la fotografía al estar más abocado a sus deberes y a estudiar. Ya que no era sociable sino tímido, él empezó a diseñar usando simplemente un lápiz y un papel, dibujos que le ayudaron para dar rienda suelta a su sed de crear y lo introdujeron en el diseño.

A sus 18 años salió bachiller y ya con más tiempo retomó con fuerza la fotografía. Decidió entonces estudiar la carrera de Diseño Gráfico en el Instituto Catec, más que todo para complementar su inclinación por las imágenes. “Pensé que era bueno en esa época pero al tomar los primeros cursos me di cuenta que la fotografía era un campo muy amplio y muy difícil, donde juegas con la luz, el campo, la composición y otros parámetros”, explica Danilo.

Se costeaba los estudios trabajando en una empresa privada, y se pagaba sus capacitaciones en cursos que daban los fotógrafos más renombrados del país y del exterior. Alimentaba su arte con cámaras básicas pero por el año 2010, juntó por fin el dinero para su primera cámara semiprofesional, una Nikon D40 que le permitió aplicar todo lo que estudiaba y empezar a realizar trabajos remunerados por sus servicios.

Hasta el 2012 fueron años muy fructíferos en los que ganó popularidad, desde la creación de su marca personal y el requerimiento de su trabajo en el que empezó a ver los resultados realizando calendarios para empresas y books personales para modelos. Estuvo en Cochabamba donde inició su proyecto de hacer fotografía de estudio, pero ese mismo año tuvo que retornar a Tarija porque se empezó a debilitar su salud.

En esta parte es cuando experimentó el que sería el reto más grande de su vida, ya que tras varios exámenes los médicos le diagnosticaron un agresivo cáncer que formó un tumor en la ingle. Pese a que lo operaron, esta afección rápidamente avanzó hacía el tronco celiaco, una arteria grande cuyas ramas irrigan todos los órganos del vientre. Pero eso no fue todo, ya que la enfermedad pronto llegó al pulmón.

Por la agresividad del cáncer fue derivado a un especialista oncólogo en la ciudad de Chuquisaca, donde los doctores prácticamente le dieron pocos meses de vida. “En ese momento asimilé todo pero el diagnóstico afectó a mi familia, más que todo a mis padres. Me puse en mentalidad que tengo cáncer, que debo ser fuerte y vencer. Claro había escuchado varios casos de que es difícil salvarse, pero tenía fe primero en Dios… y después en mí mismo”, recuerda Danilo.

A partir de ahí empezó una lucha física, mental, espiritual y principalmente de recursos económicos, ya que explica que el cáncer es una enfermedad muy cara, en la que se le fueron todos sus ahorros y los de su familia, pero contó también en ese entonces con una ayuda de los dueños de la empresa en la que trabajaba, la familia Zambrana Beltrán de Luzam, quienes, indicó, lo ayudaron bastante para cumplir sus tratamientos en la ciudad de Sucre.

El arduo tratamiento de sesiones de quimioterapia y radioterapia lo alejaron de su pasión más grande que era la fotografía, pero siempre estuvo presente en él que si salía de esta incursionaría con más fuerza en este campo. A nivel corporal aguantó las repercusiones del tratamiento, que externamente hizo que se resquebrajara y regenerara toda su piel, mientras que con su cabello y uñas, pasaba lo mismo al haberse caído paulatinamente, lo que le daba una sensación constante de renacimiento.

Tras una lucha de 2 años en los que su salud fue la prioridad, Danilo generó asombro en sus médicos que actualizando los exámenes de salud encontraron que su condición había mejorado y se había curado. Desde entonces cada año regresó a realizarse los análisis sin encontrar rastros del mal que tanto lo había afectado, mientras que cumplía su deseo de volver a la fotografía, pero ya con otra mirada de lo que es la vida y los momentos que la componen.

Él no perdió tiempo y al saberse curado afrontó proyectos que son parte de su nueva etapa, uno de ellos la docencia en las carreras de Marketing y Turismo que le permitió aprender a enseñar fotografía, gracias al apoyo del director Jaime Salinas. Además logró el 2016 fundar su propia empresa denominada “Promociones Spice”, dedicada a la capacitación de modelos, eventos y turismo, emprendimiento que llegó a contar hasta con 60 personas.

“Al vencer la enfermedad mi forma de vida cambió drásticamente, las prioridades, lo que importa, la empatía con las personas que afrontan enfermedades graves. Me ayudó esa experiencia a ser más sociable, solidario, a valorarme a sí mismo. Lo veo como una segunda oportunidad para tomar las riendas de mi existencia y hacer el bien pese a las trabas que surgen en el camino, continuando con mi pasión que es la fotografía”, expresa Danilo, que al concluir la entrevista parte con su cámara a una nueva producción fotográfica.

Las facetas del
fotógrafo tarijeño

El boom
Actualmente según el fotógrafo vivimos en el boom de la fotografía, pero asegura que se requiere más que un equipo. “Muchos fotógrafos piensan que si compran una cámara mejor serán capaces de hacer mejores fotos. Una cámara mejor no hará nada por ti si no hay nada en tu cabeza o en tu corazón”.

Sin apoyo
En los inicios su familia no aceptaba su gusto por la fotografía. “El mensaje que yo les doy a todos es que si algo te gusta hazlo, así tengas varios tropiezos, la vida es eso, a veces la familia se opone pero si lo haces con pasión, tu profesión siempre será positiva. Debes seguir caminando”.

Los proyectos
A nivel personal planea continuar con la fotografía, ampliar los equipos para dar un mejor servicio, y continuar capacitándose al ser esta una rama que requiere de constante preparación ya que la tecnología plantea nuevos retos. En la agencia quiere incursionar a nivel nacional y llegar a las provincias.