Cuentas y cuentos del frente único opositor

Abierta la lata, las diferencias ya no son tantas. Son matices. Jaime Paz Zamora renunció a la candidatura presidencial con el Partido Demócrata Cristiano (PDC) con el que tenía nulas posibilidades de lograr el objetivo y con quien apenas levantaba del 2 por ciento en todos los sondeos publicados.

La decisión fue saludada con más o menos afecto por todos los candidatos. Es evidente que el gesto puso el foco en otros tantos candidatos que no despegan por motivos obvios, pero también en los que están mejor situados.

Han pasado cinco semanas desde que apareciera la encuesta de Mori en La Razón, esa que supuso un verdadero balde de agua fría para todos los aspirantes sin excepción. Aquella que colocaba a Evo Morales por encima del resto y con margen suficiente para mejorar y sacar los diez puntos necesarios sobre el segundo – que sigue siendo Carlos Mesa – y evitar así la segunda vuelta.

En la picota está Virginio Lema, cuya intensa campaña en redes sociales no está dando frutos, lo que coloca al MNR a punto de perder su octogenaria cifra. Lema ha hecho alguna propuesta de “unidad” invitando a los candidatos a bajarse de sus intenciones, pero niega la mayor cuando se le señala esa posibilidad. Sobre la salida de Paz Zamora no dijo nada en twitter, pero sí dejó un mensaje escrito claramente alusivo: “es difícil vencer a quien nunca se rinde”. Una clara definición de intenciones.

No está en mejores condiciones Víctor Hugo Cárdenas, que sin embargo, por la especificidad de su campaña y el electorado que está buscando, no se contempla su integración en otra fuerza. Cárdenas ha optado por un discurso mucho más violento y radical contra Morales, pintando un escenario de confrontación que no perciben las grandes mayorías pero que tiene su nicho, y así lo reflejan las encuestas, pues gana votos en todo el territorio, aunque pocos.

Por debajo del 10 por ciento está también Óscar Ortíz, el candidato Demócrata que se quedó con la consigna del “Bolivia Dijo No” para hacer política. Ortíz reclama un “crecimiento persistente” frente a un “Carlos Mesa en declive” que ciertamente las encuestas no reflejan, sino que lo que muestran es un Evo Morales al alza. Ortíz no tiene ninguna intención de retirar su candidatura y muchos “haters” de Mesa han encontrado espacio ahí para desarrollar sus estrategias. El horizonte no es claro.

El escenario

En 2014 la unidad se rompió con la irrupción de Jorge Tuto Quiroga,  químico de Universidad pero muy hábil con los números.  En aquel momento Samuel  Doria Medina era quien había avanzado la campaña de la “unidad” que desbarató Tuto en un “mal cálculo”, pues nadie nunca quiso entrar al fondo de la cuestión. Siempre resultó curioso que uno de los adalides de la democracia en Venezuela y padrino del Grupo de Lima haya a su vez facilitado los dos tercios al Movimiento Al Socialismo (MAS), que evidentemente no ha desperdiciado el regalo: la composición del Tribunal Electoral, del Constitucional, de la Fiscalía, y todas las decisiones que de esos órganos emanan son producto de ese poder. Incluida la interpretación de la reelección vía Pacto de San José.

Tuto ni siquiera exhibió una diferencia ideológica en términos socialdemócrata – donde se quería colocar Doria Medina – neoliberal – dónde se identificaba él mismo. El ejercicio le valió para colocar dos uninominales, precisamente en departamentos pequeños – Tarija y Chuquisaca – donde el bloque “AntiMAS” era más difuso, y ocho pluris en las grandes, por pura aplicación matemática de la norma y concertación de los descontentos.

Los bloques opositores hoy por hoy son más complejos, pues ni siquiera se pueden encontrar diferencias en términos de postulados económicos. Ni Mesa ni Ortíz plantean medidas radicales frente a lo que el Gobierno viene ejecutando. Nadie quiere hablar de retirar bonos, ni de modificar el tipo de cambio, ni de nada que le pueda suponer ahora perder una batalla.

¿Qué pasó en 2014?

En 2014 compitieron cinco fuerzas electorales. El MAS con Evo Morales y su implantación territorial buscando su tercer mandato al hilo; Unidad Demócrata con Samuel Doria Medina en su tercera postulación; el Partido Demócrata Cristiano (PDC) con Tuto Quiroga; los Verdes, que representaban el malestar por el TIPNIS y donde encontraron cabida muchos votantes de izquierda arrepentidos del MAS y el Movimiento Sin Miedo de Juan del Granado, que buscaba un espacio para la socialdemocracia clásica.

Los resultados fueron contundentes: el MSM y los Verdes perdieron la sigla, Evo Morales volvió a superar la barrera del 60 por ciento, Doria Medina no superó el 30 y Tuto Quiroga no superó el 10. El MAS consolidó los dos tercios ante una oposición incapaz.

En el análisis más detallado. El MAS sumó 88 diputados (contando los siete indígenas), Unidad Demócrata 32 y el PDC 10. Es curioso que la enorme diferencia se haya sustentado en los diputados uninominales, frente a la creencia popular de que es Evo Morales quien lleva en bolandas a sus candidatos sin que estos tengan que hacer nada. El MAS sumó 56 diputados uninominales (contando los 7 indígenas), frente a los 12 de UD y los 2 de PDC.

Respecto a los plurinominales, el MAS sumó 32 por 20 de UD y 8 del PDC, claramente beneficiado por el sistema de reparto de escaños, que resta de los primeros cocientes el número de uninominales obtenidos.

¿Cómo hubiera afectado a la distribución de escaños que UD, PDC y MSM hubieran concurrido juntos a las ánforas? En La Mano del Moto hemos hecho la proyección con los datos del Tribunal Electoral, respetando el nivel de votación del MAS, que superó el 60 por ciento y entendiendo que hay fuerzas divergentes, como los Verdes, que tampoco hubieran sumado a un hipotético Pacto de Unidad como el reclamado. El resultado le hubiera seguido dando la mayoría al MAS, pero sin los dos tercios: 85 diputados por 45.

En Chuquisaca, con 165.000 votos para el MAS frente a los 86.000 que sumaron las otras fuerzas, el MAS se llevó 4 diputados uninominales y 3 plurinominales frente al 1 y 1 que se llevó el PDC y 1 solo diputado plurinacional que se llevó UD.

En La Paz, donde el MAS superó el millón de votos frente a los 386.2014 de sus rivales, es donde un hipotético pacto de unidad hubiera generado diferencias claras. El MAS, además de arrasar en votos, se llevó los 14 diputados uninominales. En la distribución de los pluris se quedó con otros 8 frente a 4 de Unidad Demócrata y 2 del PDC. En esa cuenta sumó un papel relevante el MSM, que al perder la sigla por no alcanzar el 3 por ciento nacional, se perdieron los votos. En el caso de haber concurrido bajo un solo frente, el MAS hubiera sumado 11 uninominales y 9 plurinominales, dos diputados menos que suponen el margen de los dos tercios.

Diferencia también se hubiera hecho en Potosí, donde el MAS sumó 225.000 votos por 89.000 de sus rivales y seis de las siete diputaciones uninominales, además de cinco de las seis plurinominales. El “pacto de unidad” hubiera dado un voto más a la oposición, lo que permitiría reducir la brecha de los dos tercios.

En el resto de los departamentos, en números totales hubieran sido iguales, pero hubieran cambiado la composición de disputados plurinominales y uninominales por el factor electoral contemplado.

Es el caso de Tarija, donde una unidad hubiera conseguido tres diputaciones uninominales pero hubiera concedido tres plurinominales, fundamentalmente porque el MAS alcanzó el 51 por ciento en el departamento de Tarija.

Los expertos y estrategas electorales advierten ese punto de inflexión. Cuando un partido alcanza la mitad de los votos, el reparto de los escaños se hace a su favor. En ese sentido, no resulta tan importante la “unidad”, como proponer un proyecto inclusivo que permita alcanzar amplias mayorías. ¿Quién actualmente lo está planteando?

Las cuentas en el Senado

El supuesto “pacto de unidad” tampoco hubiera cambiado radicalmente las cuentas en el Senado, donde actualmente el MAS tiene una mayoría muy absoluta con 25 senadores por 9 de Unidad Demócrata y 2 del Partido Demócrata Cristiano.

El reparto de escaños en el senado si es directamente proporcional a los votos alcanzados, en colegios electorales departamentales, y en la que cada departamento suma 4 senadores. Las amplias mayorías que logra el Movimiento Al Socialismo le han permitido tener el control.

Por ejemplo, el MAS logró los cuatro senadores en La Paz y Oruro; logró alzarse con tres en Chuquisaca, Cochabamba y Potosí, mientras que repartió a partes iguales en el Beni (único departamento donde no se impuso como primera mayoría), en Santa Cruz, en Pando y en Tarija, donde Unidad Demócrata y PDC sacaron un senador cada uno.

En el caso de que la oposición (MSM, PDC y UD) se hubieran presentado juntos, hubieran alcanzado 13 senadores frente a 23 que hubiera conseguido el oficialismo, es decir, una mayoría muy cualificada sin ser los dos tercios del Senado.

Los cambios se hubieran dado en Oruro y La Paz, donde la oposición hubiera ganado al menos uno.

Al final, la proyección no es más que el número de votos. Mientras los tres partidos opositores (sin contar los Verdes) sumaron 1.810.319 votos, el MAS sumó 3.057.618 votos. Una cifra que supone un 61,01% hasta ahora incontestable.