Cuando nieva en Tarija

¿Puede el frío paralizar una ciudad a estas alturas del siglo XXI? Puede, claro que sí, pero es necesario que empecemos a tomar las decisiones oportunas para mejorar la calidad de vida

Ni los más viejos del lugar recordaban de la última nevada tan copiosa como la caída en la capital tarijeña en la mañana del miércoles. Ni de tanta duración. Al menos dos horas y media de copos de buen tamaño cubrieron tejados  y jardines. No calzadas ni veredas, claro. Era nieve de verdad, no la que se ve por televisión o por Instagram. La lluvia se intercaló y aguó el espectáculo, pero en la periferia se apreciaron los cerros más cercanos blancos. En Morros Blancos, en Artesanal, al final de Pampa Galana, todo eso que cuando nevó la última vez, era campo nomás.

Más allá de la anécdota y de las postales para compartir, es bueno hacer una reflexión sobre lo sucedido, y también sobre los efectos que ha generado.

El domingo 21, en la feria de Santa Anita de Juan XXIII se llegó a los 33 grados con un sol de justicia insolando a los más pequeños. El lunes los ventarrones llegaron a rasgar hasta la bandera de cuatro mil dólares instalada en la salida hacia Tomatitas. El martes amaneció caluroso y en la tarde hubo tormenta, con rayos y truenos. El miércoles nevó. Como esto es un diario y no una casa de apuestas, mejor esperaremos al viernes de Santa Anita en la Cochabamba para anotar la temperatura.

El cambio climático ya no es una teoría en discusión entre académicos que despertaba todo tipo de trifulcas en conversaciones familiares y amigueras. Es un fenómeno que ha dejado muestras de su existencia en todo el mundo y que más o menos se resume en ciclos extremos más cortos e intensos tanto de frío como de calor y la tendencia a una sola estación, por lo general seca. Pasa en Tarija, en Europa, en China y en Kuala Lumpur. Los detalles sobre si es cíclico o definitivo, sobre si vamos a una nueva glaciación o al otro extremo  es cuestión de los científicos, pero tomar las previsiones pertinentes es cuestión que involucra, sobre todo, a las autoridades locales.

En la capital del departamento del gas se han construido docenas de colegios nuevos, pero el frío se cuela por las ventanas y nadie advirtió que sería buena idea poner estufas a gas

El Senamhi ha fallado en cuatro de las cinco advertencias que ha lanzado en este 2019 sobre el frío; acertó ayer. Desde la mañana hervían las redes sociales clamando por una “suspensión de las actividades escolares”, que más parecían articuladas por maestros desabrigados que por padres soberanos de llevar o no a sus wawas al colegio. En la tarde, la Alcaldía concedió “tolerancia” a sus trabajadores en este julio en el que ya hubo efeméride y dos días de festejo de funcionarios. En general hubo menos micros, taxis, tiendas, etc. Se suspendieron actividades públicas y privadas.

¿Puede el frío paralizar una ciudad a estas alturas del siglo XXI? Puede, claro que sí, pero es necesario que empecemos a tomar las decisiones oportunas para mejorar la calidad de vida y que nuestros hijos entiendan que las inclemencias del tiempo no te pueden dejar tirado en la cama.

En la capital del departamento del gas se han construido docenas de colegios nuevos, pero el frío se cuela por las ventanas y nadie advirtió que sería buena idea poner estufas a gas precisamente para estos días extremos cada vez más comunes. En Yunchará, por ejemplo, se construyeron 22 centros para menores de 5 años en lugar de construir 6 – que son los que se usan -, pero bien equipados. Padcaya se pobló de comedores rurales… al aire libre. Y así docenas de ejemplos.

Es tiempo de planificar en serio y tener en cuenta un aspecto, el del clima, que ha cambiado. Es tiempo también de tomar medidas para frenar su cambio, porque el ritmo es vertiginoso. Es tiempo de hacer las cosas bien.