Crónica versada de la vida de San Roque

(Mario R. Suárez Calbimonte)

Montpellier tu noble cuna
para orgullo de la gente,
con tus dotes de ternura
te entregaste al indigente.

Una cruz a tu pecho vino
cuando vestías pañales,
¡reliquia indeleble que ha sido
orgullo de los mortales!

Diste a los pobres tu herencia
y el gobierno a tu tío,
te despojas de querencias,
vasallos y señoríos.

De tu casa así te alejas
por difíciles caminos,
despreciando las riquezas
que cambiaron tu destino
En Acquapendente viste
un panorama de espanto,
santiguando a los enfermos
sofocabas peste y llanto.

Tu carisma es cotidiano,
en Roma como en poblados.
Por tu aura de cristiano
te admiraron los prelados.

Una peste anhela verte
aquí, débil, desvalido,
es que Dios quiere tenerte,
en su gloria enaltecido.

Esa peste tan violenta
en tu cuerpo ya se anida,
un fiel perro te alimenta
y a tus llagas las alivia.
Vuelves repuesto a tu tierra,
nadie te reconocía,
en una cárcel te encierra
tu tío que te juzga espía.

Cuando Roque ya moría,
en su celda se ha encontrado
un mensaje que decía:
“Soy de la Peste Abogado”.

Tu familia perturbada,
sorprendida vio en tu pecho
aquella cruz encarnada
que tu padre te había impuesto.
Exaltado todo el pueblo
llora triste tu partida,
te veneran tus vasallos
a tus pies y de rodillas.

Eres médico adorado,
que al enfermo das salud,
alivias al angustiado
con esa estampa de virtud.

Tu espíritu peregrina
en América se lo vio
todos gozan tu clemencia
¡¡Tarija Patrono encontró!

Tu presencia en este valle
por tus obras se enraizó
en Tarija con tu esencia
llanto, pena y peste acabó.

Adiós San Roque divino
con vehemencia te pedimos
¡no te olvides de tus hijos
noble Santo Peregrino