Crónica de una renuncia que nadie acabó de creer demasiado

Nadie creía que el informe de la OEA fuera a desvelar irregularidades en el cómputo. Menos que Evo Morales pudiera renunciar este domingo que amanecía cargado de nubes. Ambas cosas pasaron en una jornada donde “incertidumbre” quedó minúsculo y nadie se fue a dormir tranquilo. Peor al mandar a imprimir esta edición.

El informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) se esperaba para el “martes o miércoles”, se preveía todo un camino burocrático por la vía consular una vez que el secretario general Luis Almagro lo recibiera en su despacho. Un Almagro en el que el oficialismo no creía desde que se convirtió en un ferviente detractor de Nicolás Maduro y la oposición desde que se puso el collar de coca en un recibimiento festivo en Chimoré en mayo de este año, cuando vino a decir que no dejar postular a Morales sería “discriminatorio”.

Almagro, sin embargo, colgó el informe en su cuenta de Twitter a las 6.00 de la mañana. Bomba nuclear es poco. El informe de viene a decir en 13 páginas que: “En los cuatro elementos revisados (tecnología, cadena de custodia, integridad de las actas y proyecciones estadísticas) se encontraron irregularidades, que varían desde muy graves hasta indicativas. Esto lleva al equipo técnico auditor a cuestionar la integridad de los resultados de la elección del 20 de octubre pasado”.

En este caso no se puede decir que el resto es historia, pues en las trece páginas detallan todo tipo de irregularidades, comportamientos extraordinarios, una curva imposible, actas redactadas por la misma persona, y otros casos, para acabar señalando que la victoria por más de 10 puntos es “estadísticamente improbable”.

Tres semanas después de “racismo y religión”, la solución venía por la ciencia en la que todos decían no creer. Pasar de un empate técnico al 75% del cómputo oficial como se registraba a una ventaja de más de 10% al 95% violaba todas las leyes matemáticas.

¿Quién dijo elecciones?

Morales no tardó en reaccionar. Desde el hangar de El Alto, se rodeó esta vez de los movimientos sociales y convocó elecciones y recambio de Tribunal Supremo Electoral. Otro exceso discursivo por aquello de las atribuciones, pero que básicamente cayó en saco roto.

A los diez minutos se informaba de un minero fallecido tiroteado en otra emboscada a la delegación que trataba de llegar desde Potosí, Chuquisaca y Tarija.

Después hablaron algunos cívicos y políticos, rechazando de plano. Después fue Carlos Mesa, quien insistió en el pedido de renuncia, pero saludó el informe de la OEA y propuso una inmediata mesa de diálogo para nombrar Tribunal Supremo Electoral (TSE) de acuerdo con cívicos e instituciones sociales y convocar elecciones, todo antes del 22 de enero de 2020.

En la misma línea se manifestó el líder cívico Luis Fernando Camacho, quien citó “junta de Gobierno” con notables y elecciones. Hizo guiños de unidad, pero, sobre todo, convocó a una movilización para “resguardar” la caravana que trataba de llegar desde Sucre, Tarija y Potosí.

Kaliman

Para entonces ya habían empezado a llover las renuncias de senadores electos, diputados y todo tipo de cargos del Gobierno; desde ministros hasta porteros. Hasta hubo renunciantes que borraron después su renuncia. Hasta la Central Obrera Boliviana (COB) hizo una conferencia para básicamente apartarse y sugerir la renuncia de Morales tras años de idilio tumultuoso.

En cualquier caso, el “golpe de gracia” lo quería dar el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, que volvió a comparecer ante los medios de comunicación para decir, simplemente, y en medio de una larga introducción ideologizada, que tal vez Evo debía renunciar para pacificar el país.

Después vinieron las imágenes de los aviones, de Morales llegando a Chimoré, de una conferencia de prensa custodiado por el Vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra de Salud, Gabriela Montaño.

Morales deslizó su “estoy renunciando” en su primera alocución, para después continuar con una larga argumentación, alternando con Álvaro García Linera, en la que volvieron a desgranar los logros de su gobierno, lo que consideran origen y motivo del ataque.

Y de nuevo

En paralelo, Camacho hacía su anunciada incursión en plaza Murillo custodiado por la Policía, ingresaba en Palacio Quemado y dejaba su carta y su Biblia. Algo que sigue estremeciendo a una parte de la población pero que encanta a otra.

A su salida, volvió a arengar a los movilizados. La cascada de renuncias de asambleístas, diputados y senadores, así como las demostraciones de fuerza de grupos afines al Gobierno dejaron el conflicto abierto. No hay resolución. Nadie se acaba de fiar de nadie. El país necesita paz, pero nadie le pone fecha.

El pánico se apodera de la ciudad de La Paz

Al cierre de esta edición, los enfrentamientos seguían en La Paz y también los “ajustes de cuentas”. Casas quemadas, medios de comunicación atacados, ediciones canceladas y vecinos reunidos en diferentes puntos. También en El Alto, en Oruro y en otras ciudades.

Sin un mando claro en la Policía Nacional, que mantiene el motín en la mayoría de departamentos y toma decisiones autónomas, solo las Fuerzas Armadas han señalado que no permitirán el uso de armas a quienes no sean reconocidos por la Ley.

En cuanto a la delegación de jóvenes tarijeños que trataban de desplazarse a La Paz, informaron que las 25 personas se encuentran bien en algún lugar de Oruro y que trataran de llegar en la jornada de hoy, sin dar más pistas al respecto.