Crónica de una posesión accidentada avalada por el TCP: Añez Presidenta

El MAS busca un final exitoso para la historia de Morales. El TCP avaló la fórmula elegida para cubrir el vacío de poder e iniciar el trabajo para una nueva elección que recupera la institucionalidad. Evo en México, Almagro en la OEA y Andrónico en el Trópico fueron protagonistas

Desde que la partida de ajedrez de la pasada semana se convirtió en vertiginosa maratón el pasado viernes, los acontecimientos se suceden a la velocidad de la luz. El lunes en la noche Evo Morales partía a México y el martes en la noche se posesionaba a Jeanine Añez como Presidenta Constitucional con el aval del Tribunal Constitucional Plurinacional en una sesión no muy ortodoxa en la Asamblea Plurinacional que nadie creyó que se iba a producir hasta diez minutos antes de su inicio.

Morales llegó a México al mediodía y la retórica de golpe de Estado no había cambiado. Lo reiteró ante un aeropuerto inmenso repleto de periodistas de todo el mundo que no podían perderse la caída de uno de los últimos símbolos más definidos de la revolución bolivariana del siglo XXI. “Morales, el presidente indígena antiimperialista, derrotado y asilado”, cuenta la prensa internacional que no acaba de entrar en los detalles que se entienden mejor acá que allá. Es la batalla por el relato, por el legado del Presidente más poderoso e influyente de Bolivia – el tiempo dirimirá las comparaciones con Paz Estensoro – que prefiere acabar la historia como víctima de un golpe de Estado que como un tramposo al que le descubrieron el fraude en su última victoria electoral, que además era inconstitucional.

Con el Ejército y los Policías en las calles y las bases más convencidas movilizadas, los enfrentamientos siguieron durante toda la jornada, incluyendo tomas a cuarteles policiales y otros destrozos y anuncios de cerco a plaza Murillo. Como fuere, la vida institucional continuó.

La sucesión constitucional pasaba por la Asamblea Plurinacional. Hasta ahí fueron llegando los asambleístas con apoyo de la Fuerza Aérea Boliviana – generando otra vez desinformación en redes sociales -. La bancada del MAS jugaba sus últimas cartas tratando de forzar un reordenamiento de Directivas – con sus dos tercios – antes de proceder a tratar las renuncias y la posesión. El propio MAS debatía sobre si convenía más concurrir a una elección inminente desde la “oposición” o desde el Gobierno, con el desgaste añadido que iba a suponer tratar de darle credibilidad a otro proceso al que nadie le niega posibilidades. No hizo falta.

Añez puso la directa y fue coreada por todos los asambleístas de oposición en el hemiciclo, al grito de ¡Bolivia! Y otros. Las Fuerzas Armadas estaban conformes. El Tribunal Constitucional dio el visto bueno y emitió el comunicado expreso avalando la fórmula. Aunque el espaldarazo internacional había llegado un poco antes, y desde Washington.

La Organización de Estados Americanos (OEA) había convocado una sesión urgente para tratar el “tema de Bolivia”. Era una asamblea de esas interminables con discursos encendidos y muy ideológicas, pero también muy protocolar. Mucho más que lo que luego los gobiernos muestran en la praxis del día a día – al avión mexicano que llevaba a Morales le cerraron varios espacios aéreos aun a riesgo de quedar sin combustible por orden de Presidentes que hace pocas semanas se hacían calurosas selfies -. El punto culminante lo puso Luis Almagro, secretario general y demonio declarado primero por parte del Movimiento Al Socialismo desde el referéndum de 2016 y luego por la oposición luego de que en mayo hablara de que negar candidatear a Morales sería “discriminatorio”.

Almagro cambió de feligreses el domingo 10 de noviembre cuando aún de madrugada colgó el informe preliminar de la auditoría de la OEA que hablaba de irregularidades groseras, no avalando la integridad electoral y recomendando una nueva elección y los revalidó ayer cuando dijo aquello de que “sí hubo un golpe de Estado en Bolivia: el 20 de octubre a través de un fraude electoral que pretendía beneficiar a Evo Morales”. Algunos recordaban el cuentito del alacrán cruzando el río a lomos de la oveja.

Hubo tiempo para más. Áñez salió de la Asamblea y se fue a Palacio Quemado. Con su biblia. Y con su botella de agua Vital de la Coca Cola Company. Habló del “sí se pudo”. De la misma biblia y la misma Constitución. De los logros del pueblo movilizado. De la democracia. Y de lo que le iba recordando Arturo Murillo, el otro escudero de Samuel Doria Medina, mientras Óscar Ortíz – el senador candidato “que más crecía” y que se quedó en 4% en las elecciones fraudulentas – sostenía el micrófono.

Después subió al balcón para saludar a los congregados en plaza Murillo ya con la banda  presidencial ceñida al cuerpo. Allí estaban Marco Antonio Pumari y Luis Fernando Camacho, la plana mayor de Demócratas y otros colaboradores. Para entonces ya se había empezado a hablar de elecciones. Y de qué modo.

La jornada – para esta edición impresa – acabó con Añez prometiendo una conferencia de prensa tras la reunión con las Fuerzas Armadas que permutó por una entrevista en CNN, Luis Fernando Camacho rumbo al cabildo cruceño y Pumari llegando a Potosí y con todos los viejos y recientes candidatos a la Presidencia saludando afectuosos a la nueva Presidenta. Hoy se reparten Ministerios.

El MAS, ante la encrucijada

Sin Evo Morales en el país, el MAS atraviesa el momento más delicado de su historia plagada de éxitos y en la víspera de una elección acelerada. Hay voces que claman por castigar la sigla al haber sido “beneficiaria del fraude”, aunque técnicamente no lo ha llegado a ser, y quienes consideran que no se puede silenciar – aunque lograrían otra sigla – a la población que representan.

De momento no tienen candidato ni estructura, aunque Juan Ramón Quintana se mantenga en el país. A última hora, Andrónico Rodríguez, vicepresidente de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba anunciaba movilizaciones en todo el país hasta lograr el retorno de Evo Morales. Muchas veces señalado como heredero de Morales, es la primera vez que pone a prueba su liderazgo, y no parece haber optado por medirlo en las ánforas.