Credibilidad en crisis, una más

La aceptación, por parte del gobierno boliviano, del anuncio de los empresarios bolivianos por hacer una auditoría a los datos de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), es quizá la única señal que ha dado el gobierno en años para intentar salvar una credibilidad en crisis.
Pero la defensa que el gobierno hace, tanto de su cálculo como de seguir usando ese cuestionable indicador, no parece buen augurio.

La credibilidad del INE ha sido blanco de crecientes críticas, a nivel nacional e internacional. A nivel nacional, las críticas han llegado inclusive a quienes dirigen el INE, al punto de calificarlos de políticos más que técnicos. Razones no les han faltado, ya que los datos publicados por el Instituto siempre coinciden con las necesidades políticas del régimen, en tiempo, forma y cuantía.

Pero a nivel internacional el INE tampoco goza de gran prestigio. Si bien en las últimas décadas la producción de datos ha crecido, a la par de la demanda de información actualizada y confiable, es este último concepto, el de confiable, el más débil.
Existe una organización internacional que se dedica a desarrollar mejores y más rápidas mediciones de la actividad económica, y a evaluar las mediciones actuales que se hacen en materia económica en el mundo.

Esta organización se llama World Economics, y tiene un índice de Calidad de Datos que se actualiza cada año. Este índice se calcula en base a 5 aspectos: año base utilizados (el punto de comparación que usan los países para mostrar el crecimiento de su PIB), los estándares de cuentas nacionales utilizadas, el tamaño de la economía informal, los recursos usados para medir la actividad económica, y la intensidad de la corrupción.

El índice, actualizado a diciembre de 2017, presenta un ranking de 154 países evaluados. Bolivia ocupa el puesto 146 en baja calidad de los datos, situándose solo por encima del Congo, Eritrea, Sudán, Madagascar, República Centroafricana, Comoros, El Salvador y Haití.
En síntesis, la calidad de los datos en Bolivia está entre los peores del mundo, dando la razón a ciudadanos y empresarios que desconfían de las cifras presentadas por el gobierno nacional.

Que se hagan auditorías al cálculo del PIB que realiza el INE es un primer paso en la dirección correcta. Pero el tema de fondo es la obstinación en seguir usando el PIB como indicador del progreso económico

El PIB fue creado para medir la capacidad bélica de los países para prepararse para tiempos de guerra. Luego fue reforzado por sucesivos gobiernos estadounidenses para justificar la imposición su propio modelo de “desarrollo”.

Por el bienestar propio, ni empresarios, ni gobernantes, y mucho menos aquellos que se consideran “revolucionarios” deberían seguir aceptando el PIB como el gran legitimador de la política y de las políticas.

El imperialismo seguirá corriendo por nuestras venas, de gobernantes y gobernados, hasta que nos atrevamos a pensar con cabeza propia y decidamos qué queremos ser y cómo llegar a eso. Recién entonces tendrá sentido desarrollar el instrumento que nos permita medir cómo estamos avanzando por ese nuevo camino. Mientras tanto, jallalla capitalismo.