Han pasado ya tres días desde que se decretara la cuarentena complete en el país, una medida traumática para la economía pero justificada en los riesgos médicos detectados ante el avance del coronavirus y los estragos que ya ha generado en algunos países más desarrollados.

Con todo, no es un estado de sitio. La voluntad es que el aparato productivo del país siga funcionando y que la economía sufra lo menos posible, si es que tal cosa es factible. La clave para que esto funcione es la pedagogía, que todo el mundo sea consciente de que hay que evitar el contacto interpersonal, lavarse bien las manos, no tocarse las mucosas, etc. La clave es también administrar bien los movimientos y acostumbrarse a las estrecheces, fomentar la economía popular cercana, la de barrio, y ahorrar en lo posible.

Tres días después de que la cuarentena entrara en vigor, ya se deberían haber resuelto todos los problemas particulares que genera el aislamiento y el parón de actividades, sin embargo, hasta la fecha todavía los afectados siguen buscando soluciones para sus problemas particulares, que en realidad son del país.

Otras empresas más formales están haciendo grandes esfuerzos para mantener las plantillas y cuidar a sus profesionales, lo cual es un esfuerzo patriótico que hay que ponderar

Las provincias son las peor paradas en estos momentos. En Méndez, por ejemplo, los pequeños productores se han quedado sin la forma de llevar sus productos hasta el Mercado Campesino de Tarija porque el transporte interprovincial está prohibido y el público suspendido.

Los grandes productores han logrado sus particulares “salvoconductos” en Tránsito al amparo de que el propio decreto 4199 considera esencial la producción de alimentos en el país e instruye que todo el aparato productivo alimentario siga trabajando incluso ampliando sus horarios, pero los pequeños productores han topado con el asunto logístico, que hasta ayer, ninguna autoridad había caído en socorrer.

En las ciudades, los problemas son otros. La mayoría de los trabajadores sin contrato se han quedado sin fuente laboral, que por muy informal que fuera, servía de sustento. Otras empresas más formales están haciendo grandes esfuerzos para mantener las plantillas y cuidar a sus profesionales, lo cual es un esfuerzo patriótico que hay que ponderar en un tiempo en el que las cuentas de resultados no salen y con el petróleo apuntando a lo más bajo.

A estas alturas ya prácticamente se da por descartada alguna medida específica para sostener el empleo más allá de la flexibilización en los pagos de obligaciones tributarias o laborales. Las empresas están haciendo mayores esfuerzos en evitar un alza salarial superior a la inflación en el mes de mayo, una medida que sería más fácil con un Gobierno de Transición que con uno buscando la elección.

Son tiempos de soluciones creativas y de propuestas ambiciosas. Aunque desde aquí creamos que nada está pasando, el mundo está aprendiendo cosas nuevas con el coronavirus, la humanidad está aprendiendo a relacionarse de formas diferentes, el propio concepto laboral, escolar y sanitario están cambiando.  Es bueno que solucionemos cuanto antes los pequeños problemas para estar preparados para lo que venga después. Porque vendrá.