Coronavirus: Salud para realizar los sueños

Las recomendaciones han sido: quedarse en casa, distanciamiento social en caso de ser inevitable salir a la calle y lavarse las manos con frecuencia. También se habla de desinfectar frecuentemente el entorno de trabajo, pomos, enchufes, interruptores y otros artefactos de metal que se manipulan con las manos, y también tener cuidado con la ropa

Han pasado cuatro semanas desde que se detectaron los primeros dos casos de coronavirus en el país y las cifras han crecido sustancialmente desde entonces, aunque no tanto como en los países del entorno por una situación concreta: solo se hacen pruebas a pacientes con síntomas muy evidentes.

La falta de pruebas ha permitido dibujar una línea ascendente muy suave, que contrasta con la dureza de las medidas tomadas desde el principio, y que probablemente eran las acertadas ante la precariedad del sistema de salud del país y la falta de previsión, pero que con el paso de los días se viene haciendo más complicado de sostener porque el mensaje comunicacional del Gobierno se centra en las buenas noticias y no en develar las debilidades que nos exigen mantener y extremar las medidas de control.

Estamos en una semana decisiva para el virus por la tendencia evidenciada en otros países y porque se empiezan a hacer más test, aunque todavía estamos lejos de unos números que permitan reducir la incertidumbre de la enfermedad

Desde hace meses se sabe que el virus es tremendamente contagioso, lo que facilita una multiplicación exponencial, pero también que hay una gran cantidad de pacientes que son asintomáticos, es decir, que no tienen síntomas aunque sí transmiten la enfermedad. Esa particularidad lo hace todavía más peligroso que cualquier otro virus conocido, a lo que se suma la ausencia de vacuna y de tratamiento, pues aunque se experimenta con varios, no hay una receta universal.

Contra esto, las recomendaciones han sido: quedarse en casa, distanciamiento social en caso de ser inevitable salir a la calle y lavarse las manos con frecuencia. También se habla de desinfectar frecuentemente el entorno de trabajo, pomos, enchufes, interruptores y otros artefactos de metal que se manipulan con las manos, y también tener cuidado con la ropa. El debate del barbijo es universal, mientras la OMS dice que no es necesario, el mundo entero se ha comprado uno y lo usa. Incluso se exige en determinados comercios y lugares públicos.

La sensación de peligro contribuye a profundizar las nuevas prácticas, pero la comunicación positiva y los números optimistas lo desincentiva. Tampoco ayudan otras prácticas que se empiezan a extender en este lado del mundo, y particularmente en esta ciudad, como las famosas “cámaras de desinfección” de las que la OMS no habla y ningún otro país ha implementado, pero que aquí parece que nadie quiere quedarse sin una.

Ojo, tampoco tenemos nada en contra de los baños de lavandina, salvo que alguien crea que después de eso está inmunizado y puede retomar las prácticas de riesgo, porque si fuera así ¿Por qué seguimos en cuarentena en lugar de poner una en cada calle y avenida?

Estamos en una semana decisiva para el virus por la tendencia evidenciada en otros países y porque se empiezan a hacer más test, aunque todavía estamos lejos de unos números que permitan reducir la incertidumbre de la enfermedad. También porque los bonos no alcanzan y la cuarentena es dura no solo para los que “ganan del día”, sino para choferes, pequeños productores, albañiles, plomeros, señoras del hogar, cuidadoras, mozos de surtidores, mozos de cafeterías, mozos de buses, mozos de autolavados y muchos más que en su precariedad, habían vislumbrado sueños. Sueños que no se realizan sin salud, pero que no se aplacan con noticias positivas.