Concentrarse en el proceso democrático

Las senadores y diputados están trabajando, tal vez con más seriedad que nunca, y es justo darles un voto de confianza para que puedan resolver esta crisis por la vía de la convocatoria electoral más rápida de la historia y que pueda llevarse a cabo con transparencia y eficiencia.

Es posible creer que se puede llegar a un desenlace negociado, democrático y sin más muertos. Es posible y es necesario creer en ello, porque evidentemente, nadie quiere ver más muertos en Bolivia por un asunto como este, que efectivamente, se podía haber resuelto de otra manera.

Las senadores y diputados están trabajando, tal vez con más seriedad que nunca, y es justo darles un voto de confianza para que puedan resolver esta crisis por la vía de la convocatoria electoral más rápida de la historia y que pueda llevarse a cabo con transparencia y eficiencia. Todo esto antes de que el 22 de enero de 2020 acabe el periodo Constitucional y nadie tenga que forzar lo que dice la Constitución del Estado o incurrir en interinatos que no son para nada deseables en este contexto violento.

Lo cierto es que hacer unas elecciones limpias es más fácil que tratar de trampearlas. Basta con que cada cual haga su tarea y se someta al veredicto de las ánforas. Sin chicanas ni trampas de ningún tipo. Es evidente que hay que aumentar la seguridad en muchas fases del proceso y sanear el proceso informático, clave en este caso como en el anterior, pero no se trata de desmoronar nada para hacer inventos nuevos o importar sistemas.

Tampoco es necesario atenerse a unas Primarias ni dar meses y meses de campaña electoral. Bolivia está al fin comunicada y la mayoría tiene ya decidido su voto incluso antes de conocer a los candidatos. Es necesario saber quién es quién y cómo prevé salir de este embrollo, pero nada más.

Ordenar la gasificación de una marcha que acompañaba a ocho féretros es sin duda una metida de pata que puede tener consecuencias inimaginables

La presidenta del Senado, Eva Copa, parece decidida a lograr un giro pacificador real, que desemboque en una elección limpia, lo que implica “deponer actitudes” y sobre todo, dejar de amarrarse al pasado, por muy maravilloso que este fuera, porque por la vía de la violencia, evidentemente, no volverá.

En este camino, es necesario actuar diligentemente y sin desinteligencias flagrantes. Ordenar la gasificación de una marcha que acompañaba a ocho féretros es sin duda una metida de pata que puede tener consecuencias inimaginables. Es evidente que los marchistas no protagonizaban una alegre marcha infantil por la Tierra, pero es necesario que las fuerzas de seguridad del Estado actúen responsablemente y no inciten a más violencia. La actuación debería ser revisada y sancionada si es el caso, pero la imagen de los ataúdes en el piso no se olvidará con facilidad.

Otro asunto que requiere de una explicación clara y transparente es precisamente la del fallecimiento de esas ocho víctimas, la mayoría por bala, bala que precisamente el Ministro de Defensa niega haberse utilizado en el operativo de Senkata. El asunto no puede quedar en el limbo, como si no hubiera pasado.

El momento clave ha llegado, el MAS tiene la batuta en la Asamblea, lo que debe ser asumido de forma democrática por el resto, y colaborado de la forma posible que garantice el buen fin de las elecciones en marcha. La presidenta Jeanine Áñez tiene un rol clave en este momento del proceso. Ella se ha comprometido a cumplir con el trámite y nada más. Debe ser capaz, por lo tanto, de conseguir que sus Ministros no echen más leña al fuego.