Cómo y cuándo utilizar gafas progresivas

La presbicia, también conocida como vista cansada, es un mal que afecta al 45% de las personas y se prevé que esta cifra aumente. Se trata de un problema que aparece con el paso de los años y empieza a manifestarse en la edad adulta.

El síntoma principal de esta afección es la falta de visión nítida; empieza a dificultarse el hecho de ver con nitidez las cosas que antes se veían bien. Es muy importante acudir a un especialista conforme aparecen los primeros síntomas, ya que, en caso contrario, la dificultad para ver con nitidez irá aumentando.

Aunque los avances médicos han avanzado mucho en este campo, pudiendo llegar a operar para solventar el problema, la mejor opción es utilizar gafas o lentes ya que son muy cómodas y se evitamos los riesgos de una operación. Actualmente hay una amplia oferta de gafas progresivas en el mercado para tratar este problema.

Con los primeros síntomas de vista cansada se deben buscar soluciones, puesto que se trata de un problema de fácil solución que detendrá el proceso de deterioración de la vista. Hoy en día las personas pasan mucho tiempo sometidas a impactos visuales como puedan ser las pantallas (televisión, ordenador, teléfono…), así que una actuación rápida evitará problemas mayores en el futuro.

Al estrenar unas gafas progresivas, y más si nunca antes se han usado gafas de vista, las personas suelen sentirse extrañas y hay un pequeño proceso de adaptación que, con unos cuantos consejos prácticos, no tiene que suponer ningún problema. Se trata de un defecto fisiológico que requiere una pequeña adaptación y, aunque nunca se tendrá la misma visión que antes del uso de las lentes, con una buena práctica la diferencia puede ser casi inapreciable.

Las gafas progresivas se utilizan para mejorar tres tipos de visión: corta, media y larga. Aunque en muchas ópticas no se explica la diferencia, hay que observar muy bien las gafas para adaptar el ojo al tipo de visión. La postura natural del ojo para mirar cosas cercanas es bajar la pupila hacia abajo, para ver cosas a media distancia se tiende mirar de frente y cuando se pretende ver en la lejanía se eleva un poco más la mirada.

Tras muchos años del estudio de esta ciencia, las gafas progresivas están perfectamente adaptadas a los movimientos naturales del ojo humano. Los cristales de las lentes progresivas se dividen en tres sectores y los usuarios son los que deben saber por dónde mirar. La parte inferior de la gafa se utiliza para la corta distancia, tareas como leer, usar el teléfono o cocinar. La parte media del cristal es por la que si miran cosas que están enfrente como pantallas de ordenador y la parte superior del cristal permite ver cosas en la lejanía.

Las gafas pueden parecer algo incómodas al principio, pero hay que tener en cuenta que la ciencia ha avanzado para beneficiar a los usuarios, así que es recomendable dedicar un tiempo a familiarizarse con ellas y no olvidar que toda novedad requiere un período de adaptación.  La mayoría de los problemas que presentan los usuarios nóveles de las gafas progresivas vienen por no saber desde que ángulo mirar. Por ello, es muy importante familiarizarse con las gafas y dedicarles un período de adaptación.

Tomado de Noticias de la Ciencia