Choquehuanca y el retorno de Branko marcan la jornada política

No es que Branko Marinkovic represente la unidad de la ex – oposición, pero la foto del martes en Puerto Suárez simboliza la acelerada conformación de un bloque que empieza a definirse: Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Luis Fernando Camacho fueron a recibirle a la frontera luego de una década huido por los sucesos del hotel Las Américas y otros, aunque desde su refugio en Brasil no ha dejado de hacer política.

La foto fue noticia por los que estaban, pero también por los que no estaban. A Luis Fernando Camacho se le considera hijo político del propio Marinkovic, una suerte de tutor. Dos días después del cabildo de Santa Cruz en octubre luego de los incendios, el bautismo de fuego de Camacho, Marinkovic publicó entrevista a tres páginas en El Deber para precisar que el “voto útil” para sacar a Evo Morales era el de Carlos Mesa, no el de Ortiz, por si no había quedado demasiado claro.

Las tornas cambiaron después. El éxito de Camacho ha configurado un nuevo bloque y en origen, contribuía a sustentar al Gobierno de Jeanine Áñez, aunque la salida de Jerjes Justiniano y la irrupción de Tuto Quiroga movió el piso. Camacho ha lanzado su candidatura de la mano de Marco Pumari luego de intercambiar puñaladas por la espalda. El entusiasmo original ha ido a la baja, pero a los cívicos se les sigue reconociendo aquello de que “pusieron el pecho”, un edulcorante para los que pretenden sumarlos a sus propios proyectos de toda la vida.

Con Branko estaba también Samuel Doria Medina, precisamente el primero en desahuciar a los cívicos con aquello de que “los hombres válidos para la guerra no siempre son los ideales para la paz”. No se les conoce especial relación previa, aunque los caminos de Unidad Nacional son muchas veces inescrutables. Doria Medina parecía la moderación, pero su representante en el Gobierno, Arturo Murillo, es todo lo contrario.

Ahí estaba también Tuto Quiroga, que algo algo tenían con lo del Revocatorio de 2008. Quiroga es el candidato oficial por confirmar, aunque su papel parece ser más activo en el de conformar precisamente el bloque más radical, y varios análisis advierten que le acabará haciendo hueco a Jeanine Áñez de número 1.

Los que no estaban

Branko Marinkovic no se ha dado prisa en volver. Lo anunció incluso con más tiempo que Mario Cossío, a quien no fue a recibir ninguna autoridad nacional, pero aun así no se han logrado otras componendas.

En los años de exilio, fuera del “círculo rojo de la política”, se conservaba una imagen idílica del exlíder cívico abrazado al Gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, en los duros días de la lucha por la autonomía. Lo cierto es que aquello pasó hace tiempo y los dos bloques – logias dicen algunos – están por demás distanciados. No estuvo Costas ni ningún emisario cercano. Ni siquiera Óscar Ortiz, que ha asumido este rol de diplomático en los últimos meses luego de su derrota electoral.

Tampoco estaba, evidentemente, nadie próximo a Carlos Mesa y Comunidad Ciudadana, aunque en este caso no hay nada relacionado a la animadversión personal, sino una natural lejanía. Cada cual está a lo suyo y por el momento, las posibilidades de confluencia son mínimas. El 24 de enero culmina el plazo para consolidar alianzas. El 3 de febrero candidatos. Ahí empezará otra historia.

El MAS se vuelca con Choquehuanca

Tanta intriga en el Movimiento Al Socialismo parece haber acabado decantando por incomparecencia. Se busca candidato, por lo que evidentemente los que no asoman, no se consideran. El único que parece haber levantado algo la cabeza es el excanciller David Choquehuanca, que viene a embanderar los mismos valores indígenas populares del MAS de siempre, aunque con un toque más intelectual.