CEPAL advierte sobre “nuevas trampas” del desarrollo

Según un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), hay “diversos síntomas” que sugieren que los países de América Latina y el Caribe están enfrentando una serie de “nuevas” trampas del desarrollo que dificultan alcanzar un mayor crecimiento incluyente y sostenible.

Estas trampas están relacionadas con debilidades estructurales no resueltas, pero también “con el avance hacia mayores niveles de ingresos, que hace que afloren nuevos retos”.

Entre los fenómenos que destaca la CEPAL están: el estancamiento o caída de la productividad, una vulnerabilidad persistente y en aumento de grandes segmentos de la población (acceso desigual a servicios públicos), una cada vez mayor insatisfacción de los ciudadanos con las instituciones públicas, y la creciente presión sobre los recursos naturales que refleja la insostenibilidad ambiental del modelo.

¿Qué son las trampas de desarrollo?

Las trampas del desarrollo en el estudio citado implican una “dinámica circular”, que se perpetúa y retroalimenta a sí misma y limita la capacidad de los países para avanzar. En la literatura económica se ha debatido bastante sobre la trampa de la pobreza: un mecanismo que se perpetúa a sí mismo, por el cual “la pobreza genera pobreza”, de manera que la pobreza actual es en sí misma una de las causas directas de la pobreza futura.

La CEPAL usa el concepto de trampa del desarrollo como una combinación de factores que se refuerzan entre sí y que limitan el logro de mayores avances. Para superarlos, se necesita coordinación y/o acción colectiva. Las trampas del desarrollo identificadas por la institución pueden ser consecuencia de dos tipos de fenómenos.

Uno, el círculo vicioso: “la combinación de ciertas dinámicas entrelazadas que producen una espiral negativa”. Por ejemplo, en el caso de la “trampa de la pobreza”, esta afecta a los países situados en las primeras etapas del desarrollo. Los países no pueden ahorrar porque son pobres y precisamente porque no pueden ahorrar —y por ende tampoco invertir— permanecen pobres.

El segundo fenómeno: un equilibrio de bajo nivel, “que es localmente estable debido a la presencia de factores que se refuerzan recíprocamente”. Para la CEPAL, la persistencia de altos grados de informalidad en varios países de la región es un ejemplo de esta clase de equilibrio indeseado. “En este caso, trabajadores y empleadores no encuentran incentivos suficientes para formalizar las relaciones de trabajo, por lo que permanecen en la informalidad”.

Las “nuevas” trampas del desarrollo

El informe destaca cuatro principales nuevas trampas del desarrollo en Latinoamérica, que giran en torno a la productividad, la vulnerabilidad social, las instituciones y el medioambiente.

La “trampa de la productividad” se evidencia por los bajos niveles de productividad en la región, que además se mantienen “estancados de manera persistente en el tiempo” y en todos los sectores económicos. Otro síntoma de esta trama es la concentración de las exportaciones de muchos países en sectores primarios y extractivos, lo que debilita la participación de las economías de la región en las cadenas globales de valor.

“Esto, a su vez, limita los niveles de adopción de tecnología y genera pocos incentivos para invertir en capacidades productivas”, lo que alimenta “un círculo vicioso que menoscaba la productividad”.

Por su parte, la “trampa de la vulnerabilidad social” se refleja en la existencia de una nueva clase media vulnerable que representa el 40% de la población latinoamericana. Es una nueva clase media porque es un segmento poblacional que ha superado la pobreza gracias a las políticas sociales y el crecimiento del ingreso en la época de bonanza.

Pero es vulnerable porque “tienen empleos de mala calidad, por lo común informales, asociados con una escasa protección social, así como ingresos bajos y a menudo inestables. Debido a estas circunstancias, no invierten en su capital humano, o carecen de capacidad para ahorrar e invertir en una actividad empresarial”.

Así, estos trabajadores permanecen con escasos niveles de productividad y, por ende, con acceso solo a empleos de mala calidad e inestables que los mantienen vulnerables. “Esta trampa funciona al nivel del individuo, que se encuentra atrapado en una situación vulnerable, a diferencia de la trampa de la productividad, que afecta a toda la economía”.

La “trampa institucional” se refiere a la incapacidad de las instituciones de los países para responder adecuadamente a las nuevas exigencias de la creciente clase media de contar con instituciones y servicios públicos de mejor calidad.

“Los niveles decrecientes de confianza y satisfacción llevan a una caída del compromiso ciudadano con el cumplimiento de sus obligaciones sociales, como la de pagar impuestos”. Esto genera una reducción de los ingresos fiscales, lo que a su vez restringe los recursos disponibles para que las instituciones públicas suministren bienes y servicios de mejor calidad y respondan a las crecientes aspiraciones de la sociedad. “Esto crea un círculo vicioso que pone en peligro el contrato social en la región”, advierte la CEPAL.

Finalmente, la “trampa ambiental” se refiere a que la estructura productiva de muchas economías latinoamericanas depende se basa en sectores intensivos en materiales y recursos naturales. Esto es insostenible ambientalmente y porque estos recursos no son renovables y se agotan, pero al mismo tiempo se genera una fuerte dependencia que a los países les está costando mucho superar.