Candidatos a quemarropa

La mención de Lino Condori generó reacciones hostiles entre las familias del MAS Tarija, que soterradamente pugnan por la nominación electoral para las departamentales sin que lo parezca. El pulso por el perfil ideal viene fuerte

El Movimiento Al Socialismo ha probado tres tipos de candidatos en Tarija. El primero fue Luis Alfaro, el segundo fue Carlos Cabrera, el tercero fue Pablo Canedo. Tres perfiles radicalmente distintos que dieron resultados diferentes, aunque el análisis varía sustancialmente según el rincón masista desde el que se lo mira. Esa óptica diferente es la que hoy por hoy sigue caldeando las tensiones entre familias del aparato cuando se sientan a mirar el futuro.

Luis Alfaro era el candidato prototipo del MAS. Un campesino de base, con estudios en Derecho y forjado a sangre y fuego en la Federación Sindical Única de Comunidades Campesinas de Tarija, germen del Instrumento en un departamento en el que nunca se habían mirado ciertas cosas.

Alfaro fue el cabeza de cartel del MAS en su primera elección en serio, la de 2005, pero que en Tarija no había cuajado. Además, se batía con dos máquinas electorales como Jaime Paz Zamora, en retirada, y Mario Cossío, en tremenda expansión. Alfaro sumó un 20,45% no tan lejos del MIR que sumó 33,92%, que a su vez quedó muy lejos del nuevo Camino al Cambio.

Walter Ferrufino lidera el bloque próximo al exgobernador Lino Condori

En 2010 el MAS ya se había consolidado en el poder sacando adelante la nueva Constitución con autonomía y ganando la elección de 2009. Sus mimbres hegemónicas ya habían bajado la guardia de muchos radicales, convertidos a posibilistas. El MAS empezaba el camino de la expansión y no tardó en integrar a los grupúsculos intelectuales más soberanistas o intelectuales.

En Tarija sumó a Dignidad, y de sus filas apareció Carlos Cabrera, sempiterno Rector de la UAJMS y miembro de una aristocracia política consolidada en Tarija. Cabrera enfrentó en las urnas al mejor Cossío, que se presentaba victorioso con la implementación de la autonomía y que seguía pensando en grande. Perdió con un 44 – 49 que todavía se recuerda.

En 2015, luego de cuatro años de gestión interina de Lino Condori, el presidente Evo Morales optó por recurrir al viejo Carlos Cabrera como garantía de éxito, pero su carrera duró poco. 40 días antes de la elección fue descabezado por un asunto técnico, como una renuncia horas tarde, que en otras circunstancias no hubiera tenido ese efecto.

Conspiración, dicen algunos. En su reemplazo apareció Pablo Canedo, adenista de cuna y chapaco 100%, hijo de la plaza Luis de Fuentes, abrazó la causa oficialista luego de la propuesta del Presidente en la maratónica sesión del miércoles de ceniza, cuando todavía resonaban los últimos acordes carnavaleros de su hit más recordado. Canedo entró en segunda vuelta por unas décimas, pero acabó perdiendo la segunda por más de veinte puntos (60,69% a 39,31%). Nadie todavía se ha hecho responsable de aquella decisión.

El perfil
Todas las familias del MAS Tarija aseguran estar hoy por hoy concentradas en la elección nacional, y sus líderes rechazan hablar en público sobre la nominación del candidato a la Gobernación para las elecciones de 2020. También porque el cálculo es mostrarse como una opción sólida que ofrezca otro camino a Tarija si es que el presidente Evo Morales revalida el mandato.

Sin embargo, los relatos empiezan a cuadrar. Quien más quien menos reconoce un cambio de actitud en la elaboración de las listas de diputados y senadores en este 2019, salvo en lo que respecta al Chaco, que ha tenido su propia “guerra civil” entre Quecaña, Brú, Vallejos, Villa Montes y Caraparí.

En general hay menos invitado y más clase media, con Patricia Serrano, exdirectora de Aldeas, como gran fichaje y con orgánicos como Henry Párraga en primera línea. La elección de Canedo en 2015 se produjo después de que se abrieran puertas a conversos como Milcíades Peñaloza o Francisco Navajas y otras incorporaciones de calse alta como Ignacio Soruco, que ha acabado desapareciendo de la escena pública ante su fin de ciclo.

Un grupo de WhatsApp nominado como “A quemarropa” resultó ser el escenario para ajustar las cuentas entre dos de las familias más importantes, que a su vez se disputan la nominación con la venia del propio Milcíades Peñaloza, convertido ahora en una especie de súper gerente en la sombra. El choque tuvo como protagonistas a Álvaro Ruíz y Walter Ferrufino. El desencadenante, una comparación poco afortunada de Ruíz sobre las similitudes de Lino Condori y Adrián Oliva.

Ruíz quería referirse a la forma de reparto de los recursos, pero acabó “basureando” la gestión del interino en la que muchos fueron muy felices. Hubo intervenciones de encuadre pidiendo aclaraciones, hasta que entró en tromba Ferrufino con palabras gruesas y tildando de oportunista, mentiroso, traidor y otras lindezas al alcalde de Uriondo, presidente de la FAM y que pasa por ser ahora uno de los mimados de Morales y sus ministros.

Ferrufino, por capacidad, carisma y trayectoria pudo ser el mejor candidato del MAS en 2015, pero perdió aquella partida y el tiempo no le ha ayudado. Es improbable que su nombre vuelva a aparecer en lo alto de la lista, pero por si acaso, tiene lista su estrategia: defender más que nadie el legado del MAS, curiosamente ahora, por encima de los invitados.