BoA es de los bolivianos

Una cosa son empresas estatales dedicadas a la castaña, los helados o la confección y otra muy distinta, empresas estatales destinadas a brindar servicios estratégicos que contribuyan a la cohesión del país

Es posible que las ideologías hayan muerto, pero no esa costumbre de los gobiernos de hacer negocios con unos o con otros y ponérselo más fácil a unos que a otros. Hay veces, cuando se cuenta con el respaldo de los votos, que tomar decisiones es cumplir un programa electoral, por muy impopulares que sean esas mismas decisiones.

Tomarlas sin siquiera ese respaldo implica una mayor responsabilidad, a veces incluso penal. Para justificarlas, sin embargo, se acude al victimismo o a la conspiración.

Es muy evidente que Boliviana de Aviación (BoA) es una empresa deficitaria en muchas unidades de negocio, pero es también evidente que, precisamente por ser una empresa estatal, debe priorizar el servicio público al negocio puro y duro.

Algo que al nuevo gobierno no parece que le agrade demasiado.La campaña del Gobierno contra Boliviana de Aviación empezó la semana pasada con la denuncia de BoA Regional, una unidad conformada para llegar a poblaciones pequeñas, como Yacuiba, y ha continuado esta semana con el “hallazgo” de que por cada boliviano de ingreso se egresan dos, una dinámica que no es muy distinta a grandes compañías internacionales de matriz pública o posteriormente privatizadas, pero que en cualquier caso necesita de una mayor profundidad en el análisis para evidenciar donde se esfuman lo recursos, teniendo en cuenta que los pilotos son de los peor pagados en la región y los aviones no son precisamente de última generación.

Es verdad que el mismo Gobierno del MAS y Evo Morales en particular habló demasiadas veces de esa lógica capitalista en la que las empresas públicas debían sí o sí dar beneficios a cualquier costo, lo que necesariamente adulteraba las reglas del mercado y no siempre para beneficio del ciudadano.

Es verdad también que una cosa son empresas estatales dedicadas a la castaña, los helados o la confección y otra muy distinta, empresas estatales destinadas a brindar servicios estratégicos que contribuyan a la cohesión del país.

El vuelo nochero – mañanero de Boliviana de Aviación en Tarija ha sido seguramente uno de los más tangibles avances registrados en la capital del departamento, siempre tan postergada y alejada del eje; siempre tan apartada y perezosa. Un vuelo que, aun sin tarifas muy asequibles, probablemente ingresaba uno y egresaba dos, porque nadie contabiliza el beneficio social que reporta y los bolivianos que se han quedado en bolsillo tarijeño ahorrando pernoctas en ciudades ajenas.

BoA puede tener un millón de defectos, pero es de los bolivianos. Tal vez a alguien en este país de un millón de kilómetros cuadrados y distancias cuantificadas en jornadas de trabajo, en pleno siglo XXI, se le ocurra que el avión es simplemente un lujo al que solo pueden acceder los más pudientes, como pasaba antes, incluso cuando los dueños del impuesto no pagaban ni impuestos, ni las obligaciones laborales para con sus trabajadores.

BoA puede desaparecer, al igual que YPFB puede volver a privatizarse, renegociar el litio con Alemania, recuperar los ferrocarriles o vender ENDE, pero de ningún modo lo puede hacer un Gobierno de Transición, sino alguien que muy explícitamente lo explique en su programa de Gobierno, y que gane las elecciones.