Atún sí, pero no en exceso

Como todo alimento, hay que saber dosificarlo para beneficiarse y no hacerse mal

Camilo Andrade  Nutricionista

Algo más de la tercera parte de las grasas totales que contiene el atún en envase son de tipo poliinsaturado, entre las que destacan los ácidos grasos omega-3, y también posee bastante cantidad de grasa monoinsaturada. Estas grasas aportan beneficios para la salud de los vasos sanguíneos y el corazón, ya que ayudan a reducir el colesterol total y el colesterol malo (LDL-colesterol), que se acumula en los laterales de los vasos dificultando el paso normalizado de la sangre por ellos, y elevan el HDL-c o colesterol bueno, que retira parte del colesterol acumulado en los vasos capilares.

A tomar en cuenta
El atún puede contener también una importante cantidad de histamina, un producto derivado de componentes proteicos presentes en el pescado. En el momento en que el pescado comienza su alteración una vez capturado, ciertos microorganismos transforman la histidina del músculo del pez en histamina. El consumo de cantidades elevadas de histamina puede provocar reacciones muy similares a las alérgicas, a concentraciones medias, en personas hipersensibles, y prácticamente a toda la población en cantidades elevadas.
Al tratarse de un gran depredador con bastantes años de vida, su carne puede acumular un contenido de mercurio elevado. Cuanto más grande y más viejo sea el ejemplar, mayor cantidad de mercurio habrá acumulado, esto pese al proceso que conlleva el envasado. El mercurio es un mineral que interfiere con el normal desarrollo neurológico y, en cantidades elevadas, puede resultar tóxico. Por ese motivo, conviene restringir su consumo en mujeres embarazadas y en niños pequeños.
No es aconsejable en ningún caso abusar de su consumo

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