Armella y los equilibrios legislativos

La Asamblea Legislativa Departamental se encamina ya a la renovación d su Directiva después de un año largo y más o menos intenso. Como todos los años, la elección de la Directiva se ha convertido, luego de la mayoría absoluta del MAS, en un trance colectivo en el que los compañeros de bancada ajustan sus tuercas y depuran responsabilidades más que en un ejercicio de desarrollo político concertado sobre prioridades.

En estos momentos, el Movimiento Al Socialismo analiza la confección de la Directiva para la recta final de la gestión, pues no se prevé otro cambio y son muchos los factores a analizar. Suponiendo que como todos los años llegará el momento en el que tenga que intervenir el presidente Evo Morales, por el momento la que ordena las conversaciones es Sara Armella, actual presidenta y que prevé ser reelecta.

Sara Armella ha jugado un rol importante en el año que lleva al frente del ente legislativo. Sobre todo, ha pacificado el ambiente entre Asamblea y Gobernación, llevando las divergencias al terreno del diálogo y no a las bravuconadas en medios de comunicación y mucho menos golpes de mano autoritarios que no van con su perfil, lo que no quiere decir que no tenga autoridad. Armella precisamente ha logrado dar un tono menos crispado y más legítimo al partido a pesar de las muchas presiones internas precisamente por su larga trayectoria e inmaculada hoja de servicios al partido de Gobierno.

Con mucho menos ruido que en gestiones anteriores, Armella ha creado el precedente de que la Ley Financial debe ser consensuada con las bancadas y sujeta a modificación. También ha logrado normalizar la situación del Prosol y desbloquear la manida Ley del 8 por ciento, que finalmente no pudo sustituir por una más racional Ley de transferencias y cooperación entre instituciones que prevé el Estatuto. Obviamente que la gestión de Armella también se ha plagado con leyes intrascendentes, brindis al sol y todas las viejas mañas de sesiones suspendidas, quórums imposibles, semanas de vacación ampliadas, etc a la que el pueblo tarijeño se ha acostumbrado y que es, efectivamente, lo que hace que la institución más importante de la Autonomía sea la peor valorada.

En cualquier caso, el liderazgo de Armella ha alimentado esa posibilidad de victoria del MAS en el departamento de Tarija que los capitalinos niegan con vehemencia y que los números, ante un bloque autonomista dividido, posibilita. Armella ha jugado también las fichas minuciosamente para que la división se cocine.

Precisamente por el liderazgo de Armella y sus posibilidades de entrar en la dupla, unido a las maniobras para someter la Federación Campesina y otras instancias, no han dejado de surgir enemigos desde dentro del propio partido. Los bloques más nítidos que existen son los que encabeza el antecesor de Armella, William Guerrero, últimamente muy volcado en los negocios pero que puede seguir encabezando el bloque de los “invitados” y Abel Guzmán, el asambleísta entrerriano que viene a representar el bloque de Ferrufino y los pequeños.
Ahora bien, este 2018 no hay no hay rodillo que valga. Sea quien sea quien acabe encabezando la Directiva debe llegar a acuerdos concretos sobre las dos leyes más polémicas que están sobre la mesa: la Ley del 45 por ciento y la Ley Electoral.

La Ley Electoral, más allá de la supervivencia de los subgobernadores y su condición de electo, que las bancadas, salvo CC, parecen tener definido aun pasando por encima de lo dictado por el Tribunal Constitucional tiene otro foco de tensión en el reparto de curules. Lo fácil sería mantener lo que está, pero justificarlo sería complicado puesto que no se atiene a lo dispuesto en la normativa y la conciliación con los resultados del Censo. Cercado debería recuperar curules en detrimento de las provincias que, casualmente, tienen otro interés en común: modificar la Ley del 45 por ciento.

Si bien la Ley que rige el reparto de regalías es nacional, el presidente Evo Morales ya dio instrucciones precisas para que el tema se convierta en un debate netamente departamental. Otra cosa es que quienes lo hayan tenido que operar, lo hayan olvidado tan pronto despegó del Oriel Lea Plaza. En la ya tradicional unción que cada año hace Morales al seleccionado para la Presidencia, este tema no pasará desapercibido. Quien quiera ser el próximo presidente tendrá que hacer equilibrios para obtener el visto bueno de todos los sectores y sus intereses. No se descarta siquiera entregar la Presidencia a un “externo” que sirva también de cabeza de turco.

Lo positivo sería elegir una Directiva de consenso, integrada, que permita los debates más amplios y llegue a buenos acuerdos. Si la resolución de esos temas se convierten en asuntos de partido, no gozarán de la legitimidad necesaria y lo necesario es que los acuerdos duren.