Arancibia busca develar “Tarija etnia chapaca”

El pasado año, con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de la Tablada el prominente intelectual tarijeño recientemente fallecido, Guillermo Arancibia López, expuso la ponencia “Tarija, etnia chapaca” sobre la cual ahora el escritor Marcelo Arduz Ruiz presenta un resumen.

Según Arduz, el autor, desde la perspectiva sociológica busca explicar la morfogénesis tarijeña en contacto con las culturas más próximas, como la Charca y Chicha, de donde emergen las principales señas de su identidad.

El texto que rescata el escritor inicia con la definición del término etnia, a la que describe como una comunidad humana dentro de la cual se comparte una afinidad cultural que permite a sus integrantes puedan sentirse identificados entre si y diferentes a los otros, dentro de un contexto que fortifica la estructura de la solidaridad. En cuya base se da un sentimiento de pertenencia que obliga a la integración y cooperación en su desarrollo, que forma la identidad y constituye el alma de un pueblo asentado en un determinado territorio.

Los orígenes
Para Arancibia, el antecedente más remoto de la presencia humana en el valle tarijeño es el hombre de San Luis, lugar próximo a la ciudad donde se encontró los restos de un ser humano con una antigüedad de 7600 años. Lo que sucedió después, de unos 3.500 años atrás, es una realidad ignorada completamente por falta de investigación.

La ubicación meridional de Tarija la convirtió en un espacio codiciado: a) primero, por la necesidad de encontrar diferentes ecologías a las de la puna fría y árida, en valles de clima más benigno y tierras apropiadas y de condiciones variadas para la producción agrícola,
b) Segundo, conquistar los lugares que disponían de asentamientos humanos estables para potenciar y agrandar la expansión de tribus clanes, pueblos, etc.

c) Tercero, ser el paso adecuado y más útil, nudo vital de la red caminera entre el Norte y el Sur.
d) Cuarto, como frontera con las tierras chaqueñas como un reducto ventajoso de gente con experiencia para enfrentar las acometidas feroces de tribus vecinas, que pujaban tenazmente por dominar a los habitantes del valle y llegar hasta los lugares de riquezas de los incas. Todo esto le dio una importancia estratégica incomparable tanto a Tarija como a sus alrededores.

Las investigaciones historiográficas de los pueblos que habitaron el valle tarijeño muestran una constante relación con las culturas más próximas como la Charca y Chicha, de donde emergen los principales componentes de los rasgos culturales de su identidad, y rasgos indígenas.

El panorama socioeconómico desde el Perú hasta la Patagonia, básicamente por la estrategia del imperio incaico de desarraigar poblaciones completas para integrarlas en relocalizaciones en tierras extrañas y alejadas, produjo consecuencias impredecibles de acomodamiento, aculturación y el sentimiento de superioridad, que engendra patrones crueles de conducta avasalladora que trataron a sus súbditos como objetos, produciendo un cambio absoluto del panorama tarijeño.

Luego del hombre de San Luis pasaron miles de años que han borrado la huella del ser humano con excepción de la abundante producción de arte rupestre, cuya riqueza no se compara con otras latitudes, y testifican la existencia de grupos humanos de larga data y elocuente simbolismo.

¿Quiénes fueron los primeros tarijeños? Pregunta Arancibia y responde que es un enigma que aún no se ha podido descifrar y del cual solo se formularon hipótesis que coinciden en que están relacionados con las primeras tribus, los Tomatas y Churumatas.

Es el Padre Alejandro M. Corrado quién, en base a la tradición de personas confiables señala en su obra “El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones”, que en las localidad de Chocloca, Guairiguana y la Angostura es donde estaban asentados los Churumatas y los Tomatas en Sella, Canasmoro, Coimata y La Victoria.

Por su parte, Ivan Pizarro Díaz dice que: “Los estudios que han abordado la temática de los indios churumatas no han sido muchos y sus autores son principalmente historiadores. En cierto modo, en dichos trabajos se ha sugerido que los indígenas denominados churumatas son un “enigma” en documentos coloniales, en vecindad recurrente con los moyos moyos, grupo caracterizado por la dispersión, la escasa población y el limitado conocimiento de la agricultura”.

Las culturas chicha y charcas, por ser las más próximas, representan las vertientes más comprometidas en el relacionamiento con los habitantes tanto originarios como los que se avecindaron, en el valle tarijeño. Las sociedades no pueden subsistir más que si existe entre sus miembros una homogeneidad suficiente. La generalidad de los investigadores que se ocuparon de estudiar al pueblo Chicha encuentran que el mayor acercamiento de este pueblo se da con Tarija, consecuentemente es pertinente afirmar que también la mayor influencia cultural se ha recibido gracias a esta proximidad.

El importante pueblo Charca, a mediados del siglo XIV fue conquistado por los incas. Desde antes y en forma repetitiva e invariable sufrían incursiones de los ava guaraníes, escenario compartido con Tarija, también víctima de estos desde siempre. Los Charcas trabajaban la tierra y cultivaban maíz y coca y su territorio, hacia el Norte, abarcaba hasta gran parte de la región de Cochabamba. De esa cultura queda solo algunas expresiones folklóricas y el nombre del dios Tanga Tanga, que aún perdura en las leyendas que se cuentan en la ciudad de Sucre.

Los Chichas provienen de características similares y comunes, de los grupos étnicos que optaron por el sedentarismo en esta parte meridional. Se establecieron en los fértiles valles de los ríos San Juan del Oro, zonas de la cordillera de Sama, Talina y Tupiza, y en algunas terrenos de altura como Lípez y, en el norte de las provincias argentinas de Jujuy y Salta.
Chichas y Tarija en el siglo XVII fueron receptoras de población indígena originada en el amplio espacio que iba desde el Cuzco hasta el Tucumán.

Espinoza Soriano indica que el territorio “Chicha” habría abarcado no solo lo que actualmente se conoce como Chicha, sino lo que se encontraba dentro de la gran escuadra que forma el río San Juan del Oro en su marcha primero hacia el norte, luego hacia el este hasta que se convierte en el río Pilaya, para concluir luego con el rio Pilcomayo por el sur se habría encontrado delimitado por los ríos Tarija y Bermejo que lo separaban del actual norte argentino.

Churumata
A su vez Arancibia plantea interrogantes como ¿A qué hace referencia la denominación churumata?, ¿es un grupo étnico?, ¿cuál es su lugar de origen, o su área nuclear?, ¿con qué lengua o lenguas se comunicaban? Sin embargo, los esfuerzos individuales no han podido traducirse en una labor disciplinaria compartida, teniendo como consecuencia que dichos estudios queden aislados y sean solicitados como fuentes de investigación más que como recursos de una confrontación reflexiva.

En otro sentido, la presencia de todos los grupos ¿tiene un lugar de origen o área nuclear?, ¿es necesaria que las identidades indígenas sean comprendidas sólo como grupos étnicos, como unidades culturales? Son temas que aún no solo son materia de reflexión en las investigaciones sino que deben ser aplicadas a todos los asentamientos humanos que tengan importancia.

Todos estos valles del sur han sido caracterizados en los trabajos etnohistóricos como multiétnicos, territorios que fueron ocupados por una multiplicidad de poblaciones indígenas con denominaciones distintas, chichas, lupaqas, carangas; otros participando de identidades menores, como yamparas, soras, y algunos, cuya identidad étnica todavía no es clarificada, como churumatas, moyos moyos, ocloyas.

Según la Crónica de Betanzos, Tupac Yupanqui habría cubierto una enorme extensión de terreno, hasta llegar a una provincia cercana a los “chiriguanaes” y a los “juries” que llama de los “Mayos Mayos esta provincia se encontraba en las cercanías tanto de los “chiriguanaes” como de los “juries” por lo que tuvo que haber correspondido a la provincia de Tarija, único lugar geográfico desde el cual se pueden alcanzar los puntos indicados”.

Tarija fue despoblada casi completamente como inmediata consecuencia de la Conquista Inca y sus habitantes enviados de manera indiscriminada a los lugares más dispares. Como se puede apreciar de los relatos precedentes, aparte de los Chicha, Charcas, Tomatas y Churumatas, existieron otra agrupaciones menores de diferentes nominaciones que incursionaron permanecieron y habitaron la región bajo diferentes roles, condiciones y tiempos, muchos de paso hacia el Sur.

Lo que permite intuir que por esta condición de inestabilidad no se dieron las condiciones necesarias para dejar huella ni repercusión de sus diferentes patrones culturales. Como consecuencia de estos masivos traslados íntegros de poblaciones, se conoce que los habitantes de Tarija fueron llevados a cubrir la guarnición del Tucumán, pero es muy posible que los hubieran llevado también al valle de Elqui, en Chile y diversas regiones.

Por su parte, las numerosas migraciones que recibió Tarija, en diferentes tiempos y por variados motivos, provenientes de diversos grupos, como se reitera, no dejaron una cultura y tradición necesaria y suficiente para antecedentes y nacimiento de una etnia, es posible que antes del Tahuantinsuyo hayan existido asentamientos importantes.

Arancibia culmina la exposición recomendando a la “gente estudiosa dentro de la investigación histórica y antropológica pronunciarse con mejor conocimiento de causa sobre estas deducciones, que son provisionales pero que nos ponen en un panorama de cierta orfandad para encontrar cimientos culturales convincentes, previos al nacimiento de Tarija Etnia Chapaca”.

Semblanza del intelectual, compositor y artista

Guillermo Arancibia López (Concepción 1938 – Tarija, julio 2018). Titulado en Abogacía por la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, logró el Master en Sociología en la Universidad de Saint Luis Missouri (USA). Como presidente de la Corte Suprema de Justicia, en el desempeño de sus altas funciones recibió la medalla Pantaleón Dalence.

También destacó como autor de más de una docena de composiciones musicales en diferentes ritmos, entre ellos cabe destacar la cueca titulada “Embrujo”, incluida en el repertorio de la orquesta de Cámara Tarija, en el álbum titulado “Tarija y su música”, donde figura junto con otros compositores tarijeños, como Nilo Soruco, Fernando Arduz Ruiz y Toto Vaca.

En el campo de la pintura presentó su cuadro “Los parrales en los patios de la casa materna”, en la exposición de pintura contemporánea auspiciada por la Municipalidad en el Patio del Cabildo en abril de este año.

Fue invitado a participar en esta muestra, luego de que en su condición de Notario de Fe Publica por encargo de la Gobernación tarijeña, rescatara de un depósito Tapiado en la zona central de la ciudad, una valiosa colección de pintura contemporánea, entre las que figuraban firmas consagradas tales como Arturo Borda, Marina Nuñez del Prado, Crespo Gastelu, Antonio Mariaca, Luis Silveti, Oscar Pantoja, Edgar Ávila y Alberto Medina Mendieta.

Según Marcelo Arduz, el municipio tarijeño se ha propuesto constituir el Museo de Arte Contemporáneo Gomringer en Tarija, para lo cual promoverá la apertura de las dos habitaciones que aún quedan por abrir en la zona central, que contienen otras valiosas obras como Gildaro Antezana, Mamani Mamani, Victor Chavagal, Karl Dreyer y otros famosos autores plásticos.

Recibió un reconocimiento póstumo

En mérito a los logros artísticos del renombrado jurista, el círculo de la Casa del Escritor, lo había elegido para galardonarlo como uno de sus fundadores más destacados, sin sospechar que la Parca lo convertiría en un premio “póstumo”, al recibirlo en mano los familiares que -por las circunstancias apuntadas- condujeron la presea encima del féretro.