Apuntes electorales desde Argentina

Macri se presentó como un cambio radical y ha fracasado. En parte porque ha afectado al bolsillo de los trabajadores, pero también por su propia forma de hacer gobierno. En tiempos de sobreinformación, la imagen y la comunicación son importantes; pero nada como decir la verdad.

Todo el mundo era consciente de que el Gobierno de Mauricio Macri iba a perder las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del país vecino, pero ni los más optimistas advertían un varapalo del tamaño recibido. Quince puntos de desventaja en una Primaria que, en sí misma, ha perdido el sentido original y se ha convertido en una primera vuelta en toda regla, es sin duda un dato que corresponde analizar en el contexto, y también, con todas las prudencias y diferencias, extrayendo lecturas para lo que está pasando en Bolivia.

El 90 por ciento de las campañas se centran en el pasado, y solo una pequeña parte habla de futuro. Sin mucho énfasis.  En el caso de la Argentina, disputaba el pasado reciente contra el pasado presente, es decir, el kirchnerismo contra el macrismo.

Es verdad que el kirchnerismo se ha edulcorado y buscado el centro de forma casi desesperada. Casi deshonrosa para aquellos que defendieron el legado, pero sin duda de una forma exitosa. Toda su campaña, incluidas las decisiones clave como la de la cesión de Cristina o la adhesión de Massa, se ha relatado de forma excelente, el tono ameno y la mano tendida ha distado mucho del relato de la grieta, o de aquella imagen de Cristina abandonando la Casa Rosada sin entregar el bastón de mando. Con todo, el frente de Todos, los Fernández, sigue siendo en esencia el peronismo justicialista de izquierda  y la reivindicación del Gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El problema de Macri ha sido su gestión. No fue difícil ganarle a Scioli, el peor candidato que podía haber elegido el Frente para la Victoria, que llegaba además con toda la carga pesada de la gestión K, con todas sus luces y sus sombras, pero sobre todo, con un país crispado y agotado.

El libre mercado no funciona como está en los manuales, peor en este lado del mundo. La intervención estatal es recurrente en Argentina, en Bolivia, en Europa, en China y en Estados Unidos, aunque no todas se lean de la misma manera.

Macri hablaba de formas, ni siquiera quiso posicionar crisis en el primer semestre, pero lo cierto es que su triunfo fue por lo económico. Se la jugó a la economía y perdió. El Gobierno argentino, sobrecargado de gurús y asesores, optó por aplicar un manual económico de lo más ortodoxo, liberando el dólar, reduciendo impuestos a las exportaciones, liberalizando sectores y tarifas… y perdió. El peso que estaba a 15 se fue a 40, el FMI llegó de vuelta y la inflación se comió cualquier negociación paritaria. Era la tormenta perfecta a lo que se le unió una falta de carisma y dejes de niño rico que han acabado por enervar a un pueblo argentino cansados de promesas realmente falsas. Macri y sus asesores han repetido semestre tras semestre aquello de lo de que “lo peor ya ha pasado”, y han pedido “últimos esfuerzos” hasta el hartazgo, dejando su credibilidad por los suelos.

Solo tres años y medio de Gobierno Macri han venido a evidenciar lo que tantas veces se ha experimentado. La última a principios de siglo. El libre mercado no funciona como está en los manuales, peor en este lado del mundo. La intervención estatal es recurrente en Argentina, en Bolivia, en Europa, en China y en Estados Unidos, aunque no todas se lean de la misma manera.

Macri se presentó como un cambio radical y ha fracasado. En parte porque ha afectado al bolsillo de los trabajadores, pero también por su propia forma de hacer gobierno. En tiempos de sobreinformación, la imagen y la comunicación son importantes; pero nada como decir la verdad.