América Latina teme un estallido social

Bolivianos masifican el uso de barbijos para la prevención del coronavirus. Foto: Internet.

Los gobiernos latinoamericanos están muy preocupados por la propagación del coronavirus. Y no sólo por el temido colapso sanitario en una región que, en general, no cuenta con estados del bienestar, si no, sobre todo, por la posibilidad de que se produzca un estallido en unas sociedades con grandes bolsones de pobreza, miseria rural y hacinamiento urbano que no existen en los países europeos.

Por una vez, Latinoamérica puede decir que se está adelantando a la Europa desarrollada. Los mandatarios de la región, con excepciones como la del ultraderechista brasileño, Jair Bolsonaro, el mexicano Andrés Manuel López Obrador, decidieron comenzar a tomar medidas drásticas mucho antes de lo que lo hicieron los gobernantes de Italia o España, que actuaron tarde ante la pandemia, aprovechándose de su negativa experiencia y también de los casos asiáticos más exitosos en la gestión de la crisis sanitaria.

CONTINENTE EN ALERTA
Un 53% trabaja sin contrato, la pobreza es del 30% y hay grandes zonas sin agua ni jabón.

“En Argentina y en otros países de América Latina nos estamos adelantando, aprendiendo y tomando nota de lo que ha pasado con el coronavirus en los países europeos, de modo que se intenta tratar de aplanar la curva de infectados”, dice a La Vanguardia el ministro de Desarrollo Social de Argentina, Daniel Arroyo, que conoce bien las carencias de la clase baja de su país y del subcontinente.

“La situación de Argentina y de otros países de América Latina, no de América Central o de los países más pobres, es un tema de pobreza urbana”, explica Arroyo. La pobreza urbana está vinculada en esencia al problema del hacinamiento, de la informalidad laboral y de los problemas de infraestructura básica, entre los cuales está el tema del agua”, añade el ministro, afirmando que las acciones que se lleven a cabo en materia sanitaria deben contar con un “un acompañamiento social de esas medidas”, como las ayudas a los sectores de menores ingresos aprobadas esta semana por el gobierno argentino.

Llueve sobre mojado en Latinoamérica y el Caribe. El coronavirus aterriza en un territorio donde el 30,1% de sus 629 millones de habitantes es pobre, de los cuales el 10,7% vive en la miseria, según la Cepal. Y donde según la OIT la tasa de informalidad laboral era en el 2018 del 53%, afectando a unos 140 millones de trabajadores. Además de ser una zona donde el acceso a agua y jabón, la principal arma contra el Covid-19, no está garantizada universalmente, no sólo en zonas rurales, sino también en asentamientos pobres urbanos.

Estos indicadores han llevado a la región a ser la más desigual del mundo, según la ONU, lo que ha culminado en el descontento de los jóvenes y las clases medias urbanas en muchos países donde han estallado protestas y revueltas en los últimos meses; por distintos motivos, pero con el denominador común de un fuerte rechazo a instituciones y gobiernos: Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia o Guatemala son los casos más recientes, pero también persisten las crisis de Nicaragua o Venezuela, donde además, al igual que en Cuba, la información sobre el alcance de la pandemia es opaca.

A este escenario llega el virus, con el temor de los gobiernos de que la crisis sanitaria derive en revueltas sociales, con violencia y saqueo, en medio de una crisis económica que, si en Europa puede ser mitigada con la intervención de los estados, en Latinoamérica tiene efectos inmediatos en el bolsillo de decenas de millones de personas como consecuencia del parón productivo para guardar cuarentena.

La mayoría de países han ido tomando medidas más o menos drásticas en los últimos días, que principalmente incluyen el cierre de escuelas y fronteras, y algún tipo de aislamiento obligatorio. En Ecuador, Bolivia, República Dominicana, Perú y Haití hay toque de queda parcial. La excepción ha sido Brasil, cuyo polémico presidente se ha dedicado a minimizar la gravedad del Covid-19, a pesar de que, con más de un millar, es el país latinoamericano con más casos y que fue el primer lugar de la región en confirmarse la presencia del coronavirus, el 26 de febrero. No obstante, el estado de Sao Paulo, el más poblado, se desmarcó de Bolsonaro y este martes comenzará la cuarentena.

La primera muerte latinoamericana por la pandemia tuvo lugar en Argentina el 7 de marzo. El único país sin detectarse un caso era Haití, pero eso cambió el jueves pasado cuando al confirmarse el primer contagio. Sin embargo, con alrededor de 4.000 infectados y menos de medio centenar de muertos sigue siendo la región que cuenta con menos infectados del mundo, tras África y Oceanía.

La crisis está paralizando el continente: las polémicas elecciones presidenciales del 3 de mayo en Bolivia han sido suspendidas y el ansiado referéndum constitucional de Chile, previsto para el 26 de abril, ha sido postergado al 25 de octubre. Todas los grandes acontecimientos previstos y las competiciones deportivas han quedado aplazados, incluida la Copa América de fútbol, que debía jugarse en Argentina y Colombia y se disputará el año que viene.

Mientras cada país se prepara reforzando sus precarios sistemas de salud, instalando a toda máquina hospitales de campaña y anunciando pequeñas ayudas económicas a los más pobres para evitar la debacle, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, advirtió la semana pasada que “la crisis impactará en los grupos más vulnerables de la sociedad”. Durante un encuentro para evaluar las consecuencias del Covid-19 en la región, añadió que “mientras más desigual sea un país, más llevarán estos grupos vulnerables el peso del impacto económico de la pandemia y menos recursos tendrán para combatirla”, alertando al mismo tiempo del mayor riesgo de las mujeres en esta crisis “por su doble rol de trabajadoras y cuidadoras”.