Alcohol y olvido de cinturón, los “verdugos” de los tarijeños

“Cuando tenía diez años estaba caminando de la mano de mi madre por la acera del colegio Belgrano y de pronto vi cómo un vehículo atropelló a dos jóvenes que iban en una motocicleta. La ambulancia tardó diez minutos en llegar. Una eternidad para quien lucha por su vida. Dos adolescentes de 15 y 17 años estaban tirados en el asfalto. Uno logró levantarse, golpeado y aturdido pero el otro yacía en un charco de sangre. Cuando lograron trasladarlo al hospital era demasiado tarde”, cuenta Jimena López, quien asegura que esta imagen permanece en su mente ahora que ya tiene 35 años.

Sin embargo, en Tarija no hay quien no haya sido testigo de uno o más accidentes de tránsito. El accidente que más recuerda Lorena Díaz sucedió cuando tenía doce años. Cuenta que una tarde iba caminando por la acera del ex zoológico (Oscar Alfaro) y vio a tres niños de escasos recursos jugar con naranjas que habían logrado sacar de un árbol.

De pronto en cuestión de segundos a uno de los niños se le cayó una naranja, está rodó hasta la acera de enfrente y el menor sin pensar dos veces, con la usual inocencia de su edad, corrió tras la fruta. Cuando la tomó, un golpe entumeció su sonrisa y cayó desplomado al piso. El niño fue atropellado.

Sus dos pequeños amigos corrieron, y con un amor inmenso lejano de un protocolo de primeros auxilios, hicieron el esfuerzo de levantar al pequeño. Uno lo tomó por los brazos y el otro por las piernas, y así, casi a rastras lo llevaron al hospital que colindaba con el parque Oscar Alfaro, “donde antes funcionaba el seguro de Cossmil”, aclara Lorena.

En ambos casos los conductores que atropellaron a los menores se encontraban en estado de ebriedad y fue ese exceso de copas el que cegó estas dos vidas. Sin embargo, hay otro factor que los choferes tarijeños olvidan o no lo creen necesario, se trata del uso del cinturón de seguridad.

Mariano Díaz Castro tiene 36 años y él a diferencia de muchos usa el cinturón de seguridad a diario, “aunque sea para ir cerquita”. Más aún, esta práctica no la adoptó por buena voluntad sino porque cuando tenía 25 años sufrió un accidente de tránsito del cual “gracias a Dios” -como él dice- salió sólo con fracturas y cortes.

Relata que era 5 de febrero de 2016 por la tarde, iba su trabajo recorriendo la avenida Víctor Paz, el sol caía a plomo sobre los autos y no le dejaba ver quién cruzaba la calle y menos los vehículos que iba delante suyo. Así, como de la nada, un niño salió corriendo del complejo deportivo García Agreda y la vagoneta que le antecedía frenó en seco. Su auto, Toyota Carib, la impactó fuertemente.

“Todo en segundos”, dice. Poco recuerda lo que pasó luego, sólo algunos gritos le dieron pistas de que algo malo había sucedido. Cuando despertó estaba en el hospital San Juan de Dios, se había fracturado un brazo y parte de la cara, añadido a eso tenía cortes en las manos por algunos fierros que por el choque se deformaron.

Desde ese día no ha dejado de usar el cinturón de seguridad para todo recorrido. Sin embargo, éste no es un problema solo de Mariano Díaz.

De acuerdo al comandante de la Policía Nacional, Alfonso Mendoza, Tarija es una de las ciudades, donde se registran más accidentes de tránsito a nivel país.

Mendoza explicó que en la mayoría de los accidentes que se producen en nuestro departamento, los conductores de los vehículos comenten dos infracciones: no usan el cinturón de seguridad y conducen en estado de ebriedad.

A falta de datos de instituciones oficiales, el diario El País realizó una observación estructurada en la plaza Luis de Fuentes y mercado Campesino. En el primer lugar se evidenció que en 30 minutos (de 15.30 a 16.00), de 20 conductores que pasaron en sus respectivos vehículos, sólo cinco usaban cinturón de seguridad.

Situación similar sucedió en el mercado Campesino (de 16.30 a 17.00) de 60 conductores con sus vehículos que transitaron sobre la avenida Panamericana, sólo siete llevaban cinturón de seguridad.

En ambas zonas se efectuó un breve sondeo de opinión a personas de a pie, se les consultó sobre el uso del cinturón de seguridad cuando se encuentran en situación de pasajeros. De quince personas consultadas en la plaza Luis de Fuentes, sólo tres afirmaron que usan cinturón de seguridad cuando van como copilotos o pasajeros. En el mercado Campesino las quince personas consultadas señalaron que no usan cinturón de seguridad en ningún caso.
Así, mientras estos dos factores se convierten en el verdugo de los tarijeños, los accidentes de tránsito van sumando.

Fin de semana con trece accidentes
En el primer fin de semana de agosto de este año un total de 13 accidentes de tránsito y 13 personas lesionadas fueron registradas por la Dirección Departamental de Tránsito Tarija. Cuatro de estos accidentes fueron ocasionados por efectos del alcohol.

Otro dato revelador es que las boletas de infracción emitidas este año son en 50% más que las que se extendieron en la gestión pasada en periodo similar Esto debido a la cantidad de personas que no cumplieron con las normas de tránsito, como ser la “conducción en estado de ebriedad”.

Un sí al cinturón de seguridad
De acuerdo a expertos en seguridad el uso del cinturón en un vehículo es obligatorio debido a que cuando nos fallan todos los elementos de prevención lo que nos queda es el cinturón. Varios estudios a nivel mundial han revelado que el solo uso de este elemento reduce en 70% la posibilidad de muerte en accidente de tránsito.

“Tras un impacto con el vehículo, una persona que utiliza el cinturón de seguridad tiene cinco veces más probabilidades de sobrevivir que otra que no lo use”, afirman.

Un impacto contra algún elemento del interior del vehículo a una velocidad de 50km/h equivale a la intensidad que tendría un golpe con el suelo tras caer desde 20 metros de altura.

Otro punto que destacan es que los pasajeros también deben usar este elemento, pues de no hacerlo pueden impactar con los asientos delanteros teniendo graves lesiones.

El efecto del alcohol en la conducción
Es sabido que a nivel nacional el consumo de alcohol y la conducción es un problema de larga data. Y aunque los científicos han alertado durante años que su consumo reduce la función motora y la capacidad para conducir con seguridad las cifras de choferes en estado de ebriedad no reducen.

Una vez más les recordamos los efectos del alcohol en la conducción en base a una tabla proporcionada por la Fundación Mapfre, cuya tarea está basada en el bienestar de las personas y el progreso social.

Síntomas según la tasa de alcoholemia
De 0,3 a 0,5 mg/l, es el inicio de la zona de riesgo. Hay excitabilidad emocional, disminución de la agudeza mental y de la capacidad de juicio.

Relajación y sensación de bienestar, deterioro de los movimientos oculares, distorsión de las distancias o “efecto túnel”, y debilidad en la percepción de luces móviles.

De 0,5 a 0,8 mg/l
Existe una reacción general lenta y es el comienzo de la perturbación motriz, con pérdida de la capacidad de concentración e intuición, además de falta de coordinación. A esto se suman los trastornos en la visión, las alteraciones del equilibrio, la mala percepción de la luz roja. Mucha Euforia, optimismo y disminución de la inhibición e inestabilidad emotiva, con incremento de la valoración de la propia capacidad y el deseo de manifestarla.

Hay un exceso de la confianza en sí mismo con desprecio de las señales. Es el comienzo de la impulsividad y agresividad al volante.

De 0,8 a 1,5 mg/l
Es un estado de embriaguez importante, los reflejos se muestran muy perturbados y hay lentitud de las respuestas. Existe pérdida del control preciso de los movimientos y problemas serios de coordinación.

A todo esto se suma la torpeza expresiva y motora. La disminución del rendimiento intelectual, con dificultad en las actividades mentales, como memoria y capacidad de juicio. La aparición de estados emocionales de agresividad ante contrariedades, la conducción temeraria y la disminución notable de la vigilancia y de la percepción del riesgo.

De 1,5 a 2,5 mg/l
Existe embriaguez neta con posibles efectos narcóticos y confusión. Cambios conductuales imprevisibles y notable confusión mental. Visión muy borrosa, actitud titubeante y falta de coordinación de movimientos.

Más de 2,5 mg/l
La embriaguez es profunda, existe estupor con analgesia y progresiva inconsciencia. Hay abolición de los reflejos, parálisis e hipotermia. Puede desembocar en coma. Y es imposible conducir.