Escrito por: Norka Paz*

Valentina era una osa hormiguera adulta que sobrevivió a los incendios de la Chiquitanía, rescatada del Área Protegida y Parque Nacional Otuquis en septiembre del 2019, después de varios meses de apoyo, cuidados y recuperación Valentina estaba a punto de ser reinsertada en su hábitat natural. De manera intempestiva fue encontrada muerta en la madrugada del 6 de marzo en Play Land, centro de custodia de fauna silvestre donde se recuperaba en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

El abogado defensor de la Osa Valentina es el voluntario Martin Camacho que junto a activistas, biólogas y biólogos a nivel nacional y el Ministerio de Medio Ambiente y Agua MMAyA siguen el caso de cerca. La fiscal del caso es Leticia Campos y la fiscal de distrito es Mirna Arancibia, ambas responsables de dar continuidad al caso.

A la fecha, se realizaron dos necropsias con un mismo resultado:

a) Muerte por hemorragia.

b) Shock hipovolémico (hemorragia interna severa, por golpes evidenciados en el tejido muscular de la osa Valentina).

La primera necropsia la realizó un docente de Patología de la Universidad Gabriel René Moreno, mientras que la segunda necropsia la realizaron dos veterinarios especialistas en fauna silvestre: Fidel Fernández (de la organización Senda Verde) y Rodolfo Nallar (profesional independiente de Santa Cruz). Las conclusiones en ambas necropsias comprueban que las causas de muerte de Valentina fueron por trauma abdominal, con lesiones que generaron hemorragia interna.

Actualmente el juicio está en pausa por la cuarentena, sin embargo, se encuentra en la etapa de declaraciones, donde aún faltan testimonios, para luego proceder con la presentación de pruebas de cargos al juez del caso.

El 18 de marzo, declaraciones del personal del centro de custodia brindaron datos relevantes: (Fuente: Activistas en defensa de Valentina)

1)    Hubo falencias en la seguridad, administración, control y monitoreo del recinto.

2)    Seis personas eran empleados con multitareas para el cuidado de más de 200 animales.

3)    El Gerente General maltrataba verbalmente a sus funcionarios, además es sospechoso de mandar a golpear a Valentina para retenerla en el parque, y usarla en exposición para generar ingresos.

“Un dato importante a resaltar son las limitantes que Bolivia tiene en casos penales en materia de vida silvestre, donde existen vacíos en tema normativo y en el órgano judicial siendo que muchos jueces desconocen la temática, sin embargo el caso está en manos de una fiscal especialista en tema ambiental (única a nivel nacional) y hasta la fecha ya se reportaron casos donde se dictaron sentencias en contra de delincuentes que afectaron a la vida silvestre de nuestro país y actualmente cumplen una pena en la cárcel. Esperamos que estas deficiencias no generen mayor impunidad e indiferencia en los procesos y penalidades de estos juicios y más bien se imponga la experiencia de casos ya ganados a favor de la vida silvestre”. (Experiencias de biólogos con juicios de tráfico de animales).

Valentina /Foto archivo: Alas Chiquitanas

Estado y situación de los centros de custodia

En Bolivia hay 26 centros de custodia de animales silvestres rescatados de tráfico ilegal, 14 de ellos se encuentran en el departamento de Santa Cruz. De estos sólo 6 cuentan con licencia de funcionamiento.

Los Centros de Custodia Fauna Silvestre de Bolivia, exceptuando los Bioparques (Zoológicos) dependen 100% de donaciones, voluntariados y visitas para poder mantener a todos los animales silvestres, víctimas del tráfico ilegal que llegan día a día a estos centros. Los Gobiernos (Central, Departamental y Municipal) no cuentan con ítems de ayuda o apoyo financiero para los mismos, a pesar de ser responsables de la protección y conservación de la fauna silvestre por ser parte del Patrimonio Natural de Bolivia.

Existen más de 4.000 mil animales silvestres bajo custodia en Bolivia. El costo del cuidado de cada animal es diferenciado. “Por ejemplo el gasto de un jaguar o de un oso oscila entre Bs. 32 a 100 por día, monos entre Bs. 10 a 24 por día y aves y tortugas entre Bs. 3 a 10 Bs.” (Fuente: Organización Senda Verde).

“Es importante aclarar a la población que la mayoría de los animales silvestres víctimas de tráfico, ya no pueden ser reinsertados en su hábitat natural. Esto depende principalmente del tiempo que fue mantenido en cautiverio, del contacto que tuvo con otros animales y del conocimiento del lugar de donde fue extraído. Cuando los animales permanecen mucho tiempo en cautiverio, pierden su capacidad de escape de depredadores y de búsqueda de alimentos y el liberarlos podría representar su muerte inmediata. Al estar en contacto con animales domésticos podrían contagiarse de enfermedades difícilmente detectables, por tanto, sería aún más peligroso liberar un animal enfermo porque podría contagiar enfermedades provocadas por parásitos, bacterias o virus a las poblaciones silvestres. En la mayoría de los casos se desconoce el sitio de donde fue extraído por lo que liberar a un animal en otro sitio, podría representar una contaminación genética que afectaría negativamente a la población silvestre local. Finalmente se carece de políticas y lineamientos técnicos que habiliten esta posibilidad y sumada a las carencias de los centros de custodia en términos de capacidad técnica – económica y ambientes adecuados para entrenarlos a cazar o encontrar su alimento en vida silvestre, lo hace más difícil aún. En el caso de los jaguares, por ejemplo, al tratarse de una especie territorial, sí ya existen jaguares en la zona donde se quiere realizar una liberación, se generarán peleas por el espacio y alguno de los dos morirá. Finalmente, por un factor social; especialmente en el caso de depredadores (carnívoros grandes), normalmente las poblaciones locales no permiten su liberación, aunque se trate de áreas protegidas.” Angela Nuñez, Bióloga.

¿Cómo podemos parar el tráfico ilegal de especies en Bolivia?

Mucha gente experta en biología, veterinaria, directores de centros de custodia y activistas concuerdan que para detener el tráfico ilegal de especies el Gobierno Central debe entender la urgencia de modificar el sistema de impunidad judicial, tener voluntad política y comenzar a ver esta problemática como un tema relevante en la agenda nacional, por ser transversal a otras problemáticas ambientales y socioeconómicas en el país.

De esta manera se contribuirá a prevenir epidemias de origen zoonótico que se encuentran estrechamente relacionadas a la invasión de seres humanos en ambientes naturales.

Una de las primeras demandas legales desde estos sectores es incluir de manera inmediata delitos ambientales y delitos contra la biodiversidad en el código penal, incluir un reglamento claro de penalidades mayores a 20 años de cárcel, sin derecho a indulto dentro de la Ley N° 1333 de Medio Ambiente. Esto debido a que las actuales penas por destrucción o deterioro de bienes del estado oscilan entre 1 a 6 años de cárcel y en algunos casos por desconocimiento de la Ley N° 300, De la Madre Tierra, otorgan medidas sustitutivas, siendo que esta Ley especifica que: “no habrá lugar al beneficio de la suspensión condicional de la pena, el reincidente será sancionado con la agravación de un tercio de la pena más grave, además que los delitos relacionados con la Madre Tierra son imprescriptibles”. También se pide incluir las propuestas de ley: #LeyAjayu y #LeyValentina hechas por especialistas.

Marcha Mundial de la Mujer Trabajadora 8M, Bolivia 2020/Foto de archivo

Valentina, un modelo colonial de desarrollo insostenible y el paraíso de las epidemias

Valentina sin duda es el símbolo de resistencia más significativo de la peor catástrofe ambiental que ha vivido Bolivia el 2019. Valentina no sólo nos recuerda la importancia del cuidado de los territorios y la memoria ancestral en tiempos de crisis climática. Valentina es la evidencia en cuerpo de tres niveles de crímenes estructurales de violencia y despojo: Biocidio, Ecocidio y Terricidio sufridos por la flora y fauna Chiquitana. Estos tipos de violencias forman parte de un mismo sistema androcentrista, colonial, capitalista que es mundialmente insostenible.

La muerte de Valentina y la búsqueda de justicia resulta extremadamente simbólica para la población boliviana en estos momentos de pandemia mundial, porque evidencia que la causa de los incendios del 2019 fueron el resultado de una serie de intereses mezquinos y decisiones irresponsables, que permitieron la aprobación de leyes y decretos que legalizan y promueven:

1) Deforestación extensiva para modificación del uso de suelos.

2) Ampliación de la frontera agrícola.

3) Industrialización ganadera.

4) Introducción de transgénicos sin tomar en cuenta las condiciones geográficas y climáticas de Bolivia y mucho menos los impactos ambientales y las medidas de bioseguridad que deberían acompañar estas medidas.

La pérdida de millones de hectáreas de bosques y biodiversidad agravó el tráfico ilegal de especies a nivel local, mismo delito, se promueve también en otros continentes, convirtiéndose en la causa principal de generación de epidemias y episodios zoonóticos a nivel mundial.

Según varios estudios científicos, Bolivia es un país con condiciones adecuadas para el origen de epidemias zoonóticas. Existen estudios que respaldan la presencia de riesgos ambientales, sociales, sanitarios y económicos de seguir apostando a un modelo de producción y deforestación agroindustrial.

Uno de los estudios citados en (Escalera-Antezana, 2018[1]):

“El territorio boliviano presenta condiciones climáticas, geográficas y epidemiológicas adecuadas para la transmisión de muchas enfermedades zoonóticas y transmitidas por vectores. Los reservorios de roedores de los ortohantavirus se distribuyen ampliamente en la mayoría de los departamentos, cubriendo grandes áreas donde los factores ambientales como la temperatura, la humedad, la precipitación, la latitud y la altitud, así como los factores sociales, culturales, económicos y políticos son adecuados para factores sostenidos o transmisión recurrente” (Montgomery et al., 2012, Raboni et al., 2009, Pérez Nuñez, et al, 2016[2]).

Las altas temperaturas y la conversión de la vegetación nativa a la agricultura, particularmente el cultivo de caña de azúcar, pero también otros cultivos como el arroz, el maíz y la yuca pueden alterar la abundancia de especies de roedores que sirven como los principales reservorios (Prist et al. , 2017b).

Los cambios antropogénicos en el paisaje, como la pérdida de bosques, la fragmentación y el uso de la tierra agrícola, se han asociado con un aumento en la abundancia de especies de reservorios de ortohantavirus y una mayor prevalencia de infección en áreas tropicales, lo que aumenta el riesgo de transmisión. Además, una mayor precipitación, especialmente en las regiones áridas, favorece un aumento en la biomasa de la vegetación, lo que aumenta los recursos para los roedores del reservorio, y también aumenta el riesgo de infección (Prist et al., 2017a).

«Está bastante bien establecido que la deforestación puede ser un fuerte impulsor de la transmisión de enfermedades infecciosas», dice Andy MacDonald, ecólogo de enfermedades del Earth Research Institute de la Universidad de California, Santa Bárbara. «Es un juego de números: cuanto más degrademos y despejemos los hábitats del bosque, más probable es que nos encontremos en estas situaciones donde ocurren epidemias de enfermedades infecciosas».

“En un estudio de 2015, los investigadores de Ecohealth Alliance, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York que rastrea las enfermedades infecciosas en todo el mundo, y otros encontraron que casi uno de cada tres brotes de enfermedades nuevas y emergentes está vinculadas al cambio en el uso del suelo como deforestación”, tuiteó el presidente de la organización, Peter Daszak, a principios de este año.” (Zimmer, K, 2020[3]).

Por lo tanto, Valentina no sólo fue víctima de violencia machista y especista, ha sido víctima de un modelo extractivista de desarrollo que busca normalizar la muerte de muchas valentinas para favorecer el capitalismo transnacional. Donde no sólo Valentina pierde día a día el derecho a vivir en su territorio, donde también los pueblos indígenas y campesinos corren la misma suerte de pérdida y sin darnos cuenta el mundo entero pierde.

Valentina no sólo murió el 6 de marzo del 2019 por una paliza que le causó hemorragia interna, sino que su muerte y la de miles de animales y plantas chiquitanas comenzó el momento en que son desterrados de sus territorios por leyes y decretos que permiten incendios y modificación de uso de suelos, sin el debido estudio y respaldo técnico para dar lugar un modelo de desarrollo insostenible.

Para evitar se repita la catástrofe del 2019 y se dé continuidad a un círculo vicioso de degradación de ecosistemas, es necesario cambiar la lógica agroextractiva. Abrogar de manera urgente las leyes y decretos inconstitucionales y toda esta estructura normativa que devasta los medios de vida de las poblaciones ecosistémicas que viven en los bosques bolivianos.

El país en el 2020 no podrá sostener la crítica situación del SARS-CoV2 + Cuarentena + Incendios de gran magnitud + Pérdidas socioeconómicas. Estamos a dos meses de entrar en época seca y en el mes de marzo se registraron: “4,288 focos de quemas acumulados, de los cuales 3.625 se ubicaron en el departamento de Santa Cruz y 282 en el Beni. 723 focos de quema en 16 áreas protegidas nacionales y 12 territorios indígenas”. (CEJIS-CPTA, 2020[4]).

En términos económicos para un país mega diverso como Bolivia, es mucho más eficiente invertir en conservar y usar de manera sustentable sus bosques, donde tradicionalmente se practica la agricultura tradicional a pequeña escala y persisten experiencias de agroforestería integral, que invertir en mitigar las consecuencias fatales de un mal manejo de sus bosques (incendios, epidemias, plagas, erosión de suelos, sequías, contaminación, muertes, entre otros).

Los bosques, especies y culturas que lo habitan son el patrimonio natural y bien común de todas y todos los bolivianos y son fundamentales para la continuidad de la vida de pueblos indígenas, comunidades campesinas y afrodescendientes. Sin embargo, muchos de estos pueblos a pesar de haber demostrado históricamente tener las mejores capacidades para manejar de manera integral los bosques, viven en constante asedio por el avance de mafias y mercados madereros, mineros, hidrocarburiferos, de narcotráfico y tráfico silvestre. Muchos han sucumbido a estas redes de corrupción, amenazas y ofertas económicas.

Los beneficios económicos generados por los ecosistemas boscosos, son cuantiosos y están valorados económicamente, por sus funciones ecosistémicas, de hábitat para la biodiversidad, regulación de cuencas, equilibrio hídrico, regulación de clima, suelos fértiles, entre otros. Mientras que los usos de las tierras boscosas para agricultura intensiva introducen a los pequeños productores a un sistema de producción, comercialización capitalista y endeudamiento con el cuál pocos se benefician. La destrucción de dichos bosques beneficia principalmente a los oligopolios (empresas trasnacionales, e inversionistas nacionales rentistas), quienes fomentan incendios, agricultura intensiva que degrada los suelos, disminuyen la calidad y diversidad de los alimentos producidos y son responsables de la muerte de miles de polinizadores. Así mismo con la apertura de caminos habilitan la matanza y tráfico de animales silvestres y generación de vectores epidémicos.

Los desequilibrios causados a los ecosistemas mediante las intervenciones humanas, toman décadas para ser superados y requieren mayor inversión para reparar los daños provocados.

La realidad nos muestra que las políticas de desarrollo en Bolivia deben replantearse de manera apremiante. Es necesario invertir en educación ambiental climática integral e investigación científica para estar mejor preparados para todos los desafíos que se vienen. Es imprescindible que las autoridades actuales de Gobierno asuman su responsabilidad derogando los decretos y leyes que son precursores de ecocidio y genocidio.

Finalmente, no olvidemos que Valentina simboliza amor profundo de lucha por la vida que resiste, se reproduce y se permite transcender a un modelo devastador

*Activista Ambiental Bolivia

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[1] Escalera-Antezana, J. P., Torrez-Fernandez, R., Montalvan-Plata, D., Montenegro-Narváez, C. M., Aviles-Sarmiento, J. L., Alvarado-Arnez, L. E., … & Rodríguez-Morales, A. J. (2020). Orthohantavirus pulmonary syndrome in Santa Cruz and Tarija, Bolivia, 2018. International Journal of Infectious Diseases, 90, 145-150.
[2] Perez Nuñez, I. A., Moiso, A., & Walker, B. M. (2016). Control del riesgo medioambiental en enfermedades zoonòticas/vectoriales.
[3] Zimmer, K, (2020) Détruire la nature déchaine des maladies infectieuses. La Partaige, marzo 2020.  https://www.partage-le.com/2020/03/07/la-deforestation-et-la-degradation-des-milieux-naturels-en-general-generent-davantage-de-maladies-infectieuses-chez-les-humains-par-katarina-zimmer/?fbclid=IwAR38RWqj0_fIwcefUKFoSs71_-ygJA8PTHOizrMEpT87qQYOqCpbspWYdN0
[4] http://www.cejis.org/reporte-de-focos-de-quema-en-santa-cruz-y-beni-entre-el-6-y-el-20-de-marzo-de-2020/