8M: la ola de reivindicación se instala para siempre en Tarija

Decenas de mujeres llegaron hasta la plaza Luis de Fuentes de Tarija para recordar que las desigualdades existen y que ya no caben más promesas, sino acciones concretas y conjuntas

La ola feminista que recorre el mundo ha llegado para quedarse, también a Bolivia, y también a Tarija. Por mucho que se demonice el término, lo cierto es que la necesidad de una sociedad más igual y más justa, libre de violencia y discriminación se hace evidente. Así quedó claro en la jornada de ayer en la plaza Luis de Fuentes, donde decenas de mujeres de morado, de verde o de azul, se encontraron, se abrazaron, se festejaron y se reivindicaron con convencimiento y sin ningún tipo de temor.

Hubo recuerdo para las víctimas, hubo reivindicación de la maternidad, solicitudes para regular el aborto, hubo música en vivo, danzas del África Bambata, hubo consignas en coro de las de siempre y de las de ahora. Hubo discursos largos, algunos muy largos. Hubo pelos en punta para las jóvenes y algunos ojos llenos de lágrimas entre aquellas que llevan una vida defendiendo la causa y no habían visto una respuesta tan genuina hasta estos últimos años. Lágrimas de satisfacción. El tesón de “la Peky”, “la Mariel”, “la Eliréndiz”, “la Sonia”, “la Alba” y tantas más ha sostenido una estructura que ahora se nutre y crece con la ebullición de ideas y postulados que germinan en todo el mundo y fluyen por las redes sociales como nunca antes.

“Sororidad”, esa es la “palabra de moda” que entre risas, bromas y confusiones está cambiando el concepto de la relación entre mujeres, tantas veces predispuestas a la competitividad nociva.  También de eso se habla en Tarija, claro, y es fantástico más allá de que no haya leyes o decretos para la fecha y apenas un puñado de informes desde lejos en los que dan cuenta de la situación de la mujer en el país.

Los informes

Si existe o no existe la ideología de género es otro debate mundial que aquí en Bolivia se escenificó hace pocos días entre periodistas como Darwin Pinto – que dice que sí –, Raúl Peñaranda – que dice que no-, y Susana Bejarano, que básicamente dice que lo que sí existe son un montón de muertas cada año y una discriminación social y familiar palpable.

El informe de la CAF publicado por la fecha da cuenta de eso, con datos. Por ejemplo dice que en los 90 las mujeres estudiaban en promedio 7 años y ahora estudian 10, pero que igualmente los hombres siguen estudiando dos años más que ellas.

El estudio denominado “Brechas de Género en América Latina” también hace un llamado a la implementación de políticas educativas orientadas a mujeres adultas o residentes en zonas rurales, y a la puesta en marcha de reformas integrales que aseguren un  sistema educativo libre de sesgos de género. En cuanto a la familia, los gobiernos de la región deberían fomentar la corresponsabilidad en el trabajo reproductivo y no remunerado, impulsar medidas para reducir el embarazo adolescente y promover iniciativas para reducir la incidencia de la pobreza en los hogares con jefatura femenina. Por parte de las políticas laborales, el informe asegura que para combatir la segregación laboral por ocupaciones es imprescindible eliminar los obstáculos culturales, institucionales, legales y productivos que repercuten en una baja participación económica de las mujeres.

El dato concreto según el informe es que “el índice de analfabetismo de las mujeres supera al de los hombres, particularmente en las áreas rurales, donde más del 8% de las mujeres de entre 25 y 34 años declara no saber leer ni escribir”.

Muchos de los problemas laborales posteriores se originan también por la temprana conformación de la familia. Los hogares monoparentales (con hijo a cargo pero sin cónyuge presente), que suelen tener un nivel socioeconómico menor, siguen representando la mayor parte (57%) de los hogares con jefatura femenina. Además, “las mujeres todavía dedican una proporción de tiempo muy superior a tareas domésticas y de cuidado en comparación con los hombres, y estas brechas son más pronunciadas en presencia de niños en el hogar”.

“La desigual carga de responsabilidades de cuidado familiar implica que en América Latina el total de horas trabajadas (sumando las remuneradas y las no remuneradas) es mayor para las mujeres que para los hombres “ señala el informe de la CAF, que al mismo tiempo indica que el salario medio de una mujer latinoamericana es, en promedio, un 11% más bajo que el de un hombre. Pero esta brecha se agranda hasta un 22% cuando se comparan trabajadores con características similares.

No está claro si hace falta más feminismo o menos machismo ni cómo se encajan las teorías en la práctica diaria y de si hay que ir primero a los máximos y luego el resto. Lo que está claro es que queda mucho por hacer, y que el 8 de marzo ya no es de florcitas y palmaditas en la espalda. Y de eso iba la marcha.

 

La desigualdad vigente

De cada diez trabajadores de entre 25 y 54 años de edad en América Latina, solo cuatro son mujeres. Cuando están ocupadas, trabajan un promedio de 40 horas a la semana, ocho menos que los hombres. Dos factores particularmente relevantes para entender estas brechas en la oferta laboral son la situación familiar y la educación

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