Tiempo y vida

Tanto ha corrido mundo, que el mundo lo corrió.
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No es que la vida hubiese pasado lenta, si no que el recuerdo de la vida pasada lentamente hizo carne en una explosión de sentimientos encontrados. Nada es la existencia. Todo es la incertidumbre.
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El hombre se introduce en los círculos del tiempo, o éste en sus movimientos concéntricos absorbe al ser humano, para determinar su vida o muerte futura. Esa es la cuestión. Sólo así puede explicarse la incertidumbre que acompaña día a día a cada persona, cuyo destino bambolea entre el ser y no ser. Grande Shakespeare.
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Hombre y tiempo. Tiempo y hombre. No hay más juego. No hay más tiempo, aprovechémoslo antes que nos abandone en su rauda marcha, sin que dejemos vestigio alguno.
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Cada día, cada instante, hagamos una reverencia al Creador por habernos dado el don de la existencia y sentir, de este modo, que el corazón palpita en la puesta del sol, el llanto de un niño al nacer, las alas abiertas de una paloma al rozar la inmensidad del cielo, o el alba que brota ante nuestros ojos. ¡Ah, nada como la Naturaleza!
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La existencia humana apenas es asomo al umbral del tiempo, leve aproximación dentro del ritmo universal. Cambiante sí, pero no temporal, no destinada a periclitar. ¿Qué significa 70, 80 o 90 años en el incesante devenir del tiempo? ¡Nada! La existencia es una cadena ininterrumpida de seres vivientes sobre la superficie terrenal.
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La vida discurre como el agua que se escapa entre los dedos, sin que podamos aprisionarla, o decantarla, para saber si será duradera o pasajera. Solamente las obras humanas, forjadas en el genio de las artes, resisten el paso del tiempo y son eternas, como la obra de la Creación.