Gauchesco

Mientras voy por el sendero,
sin saber dónde ni como,
me acribilla un aguacero
con sus goteras de plomo.

Tranquilamente me asomo
a mi ranchito pampero,
saltando del blanco lomo
del potro de mi potrero.

Casi llorando la abrazo
junto a la puerta a mi prenda,
que conduce en el regazo
a ese muchachito tierno,
que al irme para la hacienda
dejé en su vientre materno.