Entre dictadores se respetan: la curiosa simpatía de Alfredo Stroessner por Mariano Melgarejo

Aunque entre los gobiernos de Mariano Melgarejo y Alfredo Stroessner había casi un siglo de diferencia, dos mil kilómetros de distancia y corría de por medio la sangre de la Guerra del Chaco, el presidente paraguayo confesó su admiración por el boliviano, una tarde de 1963 cuando reasumió el mando de su país por tercera vez consecutiva.
Stroessner ganaba elecciones pero era un dictador. Ocho votaciones fraudulentas en las que se arrogaba más del 90% de los votos, lo hicieron presidente durante 35 años (1954 – 1989). En el verano de 1963 se realizó la tercera elección que lo mantendría en la silla presidencial tras “vencer” al candidato del Partido Liberal, Ernesto Gavilán.
El 15 de agosto de ese año, llegaron delegaciones diplomáticas de varios países para participar en el acto de ‘reasunción’ de mando en la capital paraguaya. En Bolivia, Víctor Paz Estenssoro cumplía su segundo mandato y envió una delegación presidida por el canciller José Fellman Velarde, el ministro de Defensa, Juan Luis Guitérrez Granier; el comandante de las Fuerzas Armadas, Luis Rodríguez Bidegain y el comandante de la Fuerza Aérea y futuro presidente, René Barrientos. La comitiva también la integraba mi padre, Eduardo Trigo O’Connor d’Arlach quien, siendo veinteañero, era oficial de Protocolo de la Cancillería.
El viaje a Asunción se realizó en un avión militar Douglas DC-3 y la estada fue de tres días en una casa que el Gobierno paraguayo había previsto para las misiones diplomáticas. En una recepción social en el Hotel Guaraní, luego de la posesión del dictador, uno de los funcionarios se acercó a donde estaban los delegados bolivianos y preguntó quién era Eduardo Trigo O’Connor d’Arlach. “El presidente Stroessner quiere hablar con usted”, le dijo. Con incertidumbre por haber sido convocado a un encuentro privado pese a su edad y su bajo rango diplomático, mi padre lo acompañó a la sala donde lo esperaba el mandatario.
“He leído su nombre y quiero saber qué es de usted Tomás O’Connor d’Arlach”, le preguntó el dictador. Cuando mi padre le dijo que era su abuelo, el presidente le contó que había leído el libro Dichos y hechos de Mariano Melgarejo –escrito por O’Connor d’Arlach a finales del siglo XIX – y le había causado “muy buena impresión”.

Un brindis por el mariscal
La simpatía de Stroessner por el presidente boliviano se remontaba a casi 100 años atrás. Cuando Paraguay estaba acorralado por Argentina, Uruguay y Brasil en la Guerra de la Triple Alianza, el presidente paraguayo era el mariscal Francisco Solano López, por quién Mariano Melgarejo sentía mucho afecto y a quién le ofreció una tropa de 12.000 soldados bolivianos (1)
A pocos días de haber terminado ese combate, una mañana de 1870, un correo del exterior llegó a manos del general Melgarejo (entonces todavía no había telégrafo en Bolivia). En la carta se anunciaba la victoria definitiva de los aliados sobre los paraguayos y la muerte del mariscal Solano López. Ese mismo día, el presidente boliviano había preparado un banquete en el Palacio de Gobierno en el que participarían representantes de Argentina y el secretario de la legación de Brasil.
Pasada la comida y llegada la hora del brindis Melgarejo se levantó, y poniendo en alto la copa de champagne y dijo entre otras cosas: “el general Francisco Solano López no pertenece al Paraguay es una gloria de América y de la humanidad. Bebo, pues, esta copa a la memoria de ese héroe y del gran pueblo paraguayo, a quien han podido vencer pero no rendir”.
Al percatarse de que durante el brindis todos sus invitados se habían levantado, salvo el brasileño y los argentinos, les dijo “no les exijo acompañarme en esta copa, porque no sería correcto que los verdugos brindasen en honor de sus víctimas”.(2)

Una avenida por el general
El breve encuentro entre Stroessner y Eduardo Trigo giró en la admiración que el presidente profesaba por Mariano Melgarejo y el autor del libro. Antes de despedirse, y de que mi padre retornara junto con su delegación, el dictador le dijo que en gratitud con el antiguo general boliviano, tenía la intención de ponerle el nombre de Mariano Melgarejo a una avenida de Asunción.
Si bien en la capital paraguaya existe actualmente una calle Melgarejo, no se encontró evidencia de que ésta haya sido nominada en honor al presidente boliviano ni de que se hubiese cumplido el deseo de Stroessner. En todo caso, de haber existido una avenida en su memoria, puede que haya cambiado de nombre luego del largo paso dictador por la historia paraguaya.

(1) Según un artículo publicado en la página web del Ministerio de Defensa de Bolivia
(2) “Dichos y hechos del general Melgarejo” de Tomás O’Connor d’ARlach