El Explorador J. Crevaux y el Río Pilcomayo Por: Santiago V. Guzmán (Tercera parte)

Recopilado por Juan Ticlla Siles

SEGUNDA PARTE
I
ANTECEDENTES RELATIVOS A LA EXPLORACION DEL PILCOMAYO POR EL Dr. CREVAUX. — CONDICIONES DE LA EXPEDICION EFECTUADA EN MAYO DE 1882. — FIN DESASTROSO DE LOS EXPEDICIONARIOS.
Muy a pesar mío me veo en la necesidad de relacionar algunos antecedentes que a propósito de los proyectos de exploración del Pilcomayo, se ligan con mi persona. Esta necesidad espero disculpara las referencias que paso a hacer respecto a la humilde participación que desde antes de ahora he tomado en este asunto.
En 1879 la ocupación de los puertos bolivianos de Cobija y Antofagasta por las armas chilenas, privó al comercio del Sud Bolivia de toda comunicación con el Pacífico. Con este motivo los comerciantes de Sucre, Tarija y Potosí se vieron obligados a dirigirse al Rio de la Plata, tanto para hacer por esta vía sus exportaciones, cuanto para adquirir las mercaderías destinadas al consumo de esos departamentos. Desde los primeros momentos se notó que la nueva ruta adoptada era de todo punto onerosa; la inmensa distancia de 600 leguas que era menester recorrer por tierra; los distintos medios de trasporte, muchos de los cuales eran totalmente deficientes, y la necesidad de mantener comisionados en diversos puntos de la República Argentina para el paso de las mercaderías, todas estas circunstancias demandaban extraordinarios gastos, y por consiguiente, el recargo de los artículos importados y que se exportaban, era enorme. Estas quejas, justificadas por otra parte, habían llegado hasta mí. Comparando la ruta clausurada sobre el Pacífico con la vía argentina, no podía hesitarse; la primera superaba en ventajas a la segunda. Era indudable que concluida la guerra en que Bolivia se hallaba empeñada el comercio volvería a dirigirse a sus antiguos puertos. Así, pues, se anhelaba una pronta solución del conflicto y aún se tenía fé en que el país recobraría las costas de que se le había despojado.
Por mi parte el amor patrio me había alucinado un momento haciéndome esperar la reintegración de los límites de la República. Pero examinando luego desapasionadamente la situación, contra la altivez del orgullo nacional, entreveía una situación desesperada. Tenía razón para desconfiar de los sucesos: el hombre que regía los destinos de Bolivia no me había merecido concepto que pudiera inspirarme confianza. Le había visto subir hasta la altura del Gobierno contra el torrente de la opinion, llegando a la cumbre a impulsos de un atentado, desprovisto del caudal de ideas y de la legitimidad de propósitos que son necesarios a los que tienen la misión de encaminar naciones jóvenes, faltas de reposo, de experiencia y aun de conocimiento de sus medios de vida.
Creía yo que el Gobierno correspondía al mejor entre los mejores, y por desgracia, aquel hombre estaba bien lejos de esta jerarquía. Mal, pues, podía hacer una campaña gloriosa quien carecía de luces para dirigirla. Las batallas modernas no se ganan con la espada, sino resolviendo una ecuación algebraica. Me inclino a creer que el General no sabía lo que eran matemáticas. — La primera derrota debía sernos cara; el vencedor se pagaría su triunfo engulléndose el litoral boliviano y el país vencido quedaría poco menos que embotellado.
Divisando esta poco halagadora perspectiva, creía que, caso de realizarse la pesadilla, Bolivia podía salvar de la asfixia respirando por el Plata. La vía más fácilmente habilitable era el Pilcomayo. Consagré decidida atención para conocer si sería posible su navegabilidad y los datos que pasaron por mi examen hicieron la convicción en mi espíritu.
Conocedor de que el respetable Dr. D. Saturnino Laspiur, que desempeñaba el Ministerio del Interior, se preocupaba con decisión de abrir vías fáciles de comunicación que radicaran el comercio boliviano en los mercados argentinos, me dirigí a él y le expuse mis ideas respecto de la conveniencia de habilitar el Pilcomayo a la navegación. El señor Laspiur, bajo cuyos auspicios había realizado una corta exploración don Luis Bernet, me manifestó hallarse de acuerdo con mi modo de pensar y se dignó encomendarme la redacción de un informe acerca de las condiciones geográficas del citado rio, así como de sus ventajas comerciales. Ese trabajo debía servir de base para llevar a cabo una exploración, la cual estoy seguro se habría realizado si el señor Laspiur hubiese continuado en el desempeño del cargo que merecidamente se le había confiado.
Cuando apareció mi informe no faltó quien juzgase ese trabajo como tiempo perdido en persecución de una utopía. Sin embargo, he visto después con harta complacencia que él ha servido de base para algunos proyectos de exploración importantes, como el que trataba de efectuar el conocido capitán señor Bossi, y otros de menor trascendencia. Ese escrito fue extractado y vertido al francés como obra original de un tercero, viniendo por esta razón a colocarme en la difícil condición de padre natural de un hijo mío nacido en Francia.
Desde 1879, ya sea que la citada compilación de datos hubiese despejado muchas dudas acerca del Pilcomayo, o que la importancia del comercio de Bolivia llamase la atención de este país, la verdad es que la prensa boliviana y sobre todo, la prensa de Buenos Aires, no han dejado de mano la cuestión de viabilidad por el Pilcomayo. Últimamente la Legación Boliviana encomendada al señor doctor Omiste, para satisfacer la ansiedad pública, proyectaba se realizase una exploración aunando los esfuerzos de los gobiernos argentino y boliviano, a quienes interesa la dominación de ese río. A su vez, el distinguido geógrafo señor Luis J. Fontana solicitaba la cooperación del gobierno de su patria para recoger, la por cierto envidiable gloria de resolver la cuestión de la navegación del Pilcomayo.
Por mi parte, aun cuando no tengo motivos para creer en la gloria, procuraba realizar la empresa por medio de recursos particulares; pero creyendo que el señor Fontana me llevaría la delantera, envidiaba su suerte de todo corazón, contemplándole como el redentor que abre las puertas a un pueblo hoy prisionero dentro de su propio territorio. La cuestión del Pilcomayo había llegado, pues, a hacerse epidémica, contando muchos atacados de la fiebre exploradora. Fue en esos momentos que arribó a Buenos Aires el ilustre viajero Julio Crevaux.
El Sr. Crevaux se había dirigido a esta parte de América con el objeto, ya fuese de reconocer las vertientes del rio Paraguay o bien descender el Tocantins hasta el Amazonas, y aun si fuese posible, explorar el Xingú. — Creo que el señor Crevaux no traía un plan fijo sobre el particular, pero lo evidente es que sus proyectos tenían por blanco recorrer los afluentes del Amazonas.
A su llegada a esta ciudad, el reputado explorador Sr. Francisco Moreno le habló del Pilcomayo, llamando la atención del viajero sobre el Chaco Central. — Después de compulsar datos no satisfactorios sobre el particular, según me ha manifestado el citado señor Moreno, el naturalista Sr. Holmberg, le dio a conocer el informe que yo había publicado, el cual impresionó a nuestro explorador; al día siguiente, el Sr. Ministro de Bolivia le manifestaba la importancia del reconocimiento del rio y los proyectos que tenía entre manos. Estas circunstancias hicieron cesar las vacilaciones en el espíritu de Crevaux y la del Pilcomayo quedó resuelta.
El explorador y su amigo el señor Moreno habían procurado estudiar todos los inconvenientes del viaje, y ¡funesta coincidencia! pocas noches antes de su partida, recorriendo nuevamente ambos las páginas del trabajo que di a luz, Crevaux se había detenido en la foja donde se enumeran las tribus feroces que pueblan las orillas del Pilcomayo y como si presagiara que una de esas tribus debía sacrificarle, señaló la página doblándola, conservándose hoy día tal como él la dejó antes de su partida!
Resuelto el viaje, el expedicionario se dirigió a Bolivia para descender el rio que se proponía explorar. Lo acompañaban los Sres. Luis Billet, astrónomo distinguido; Augusto Ringel, hábil acuarelista y fotógrafo; Ernesto Haurat, timonero de la marina francesa; Juan Dumigron, ayudante; y los marineros Enrique Rodríguez y Carmelo Blanco.
A su arribo a Bolivia fue entusiastamente acogido, cifrándose las más lisonjeras esperanzas en su expedición. Puede decirse que tenía el terreno preparado: el gobierno boliviano, deseoso de abrir una comunicación con el Paraguay a través del Chaco, había resuelto realizar una exploración en forma, a cuyos efectos se destinaron 100 hombres de línea y 50 milicianos de los valles de Caiza, conocedores del Chaco, los cuales debían expedicionar tan pronto como estuviesen listos los recursos que les eran necesarios.
El Prefecto de Tarija, así como el gobierno, querían que las dos expediciones saliesen conjuntamente, a fin de que la que debía seguir las costas del Pilcomayo, protegiese a la comisión científica que encabezaba el Dr. Crevaux ; pero este se negó a aceptar tal proposición, manifestándose decidido a penetrar en el corazón del Chaco sin más auxilios que los de sus compañeros de estudios y varios jóvenes voluntarios de Tarija que admitió por escolta. (4) Estos últimos iban a las órdenes del capitán Baldomero Vera y del teniente Bernardino Valverde; contábase entre este número el intérprete o lenguaraz Irimaye, que poseía los dialectos de las tribus del Chaco.
Cómo fue recibido el Dr. Crevaux en Bolivia, aparte de cartas particulares escritas a esta ciudad al señor Ministro de Francia y otras que han visto la luz pública, en las cuales se muestra harto agradecido a las demostraciones de que fue objeto, lo dice la siguiente comunicación dirigida el mismo día de su partida al Ministro de Instrucción Pública de Francia:
Bolivia, Marzo 13 de 1882.
“Señor Ministro:
“Después de un viaje de tres meses a través de la República Argentina y de Bolivia estamos próximos a emprender la exploración del rio Pilcomayo.
“Hemos sido admirablemente recibidos por los bolivianos, particularmente por los habitantes de los pueblos de Tupiza y Tarija; el Prefecto de esta última ciudad, señor Samuel Campero, se ha dignado prestarnos su apoyo, no solo moral sino pecuniario; encargándose de nuestro trasporte (diez días por mula) hasta el rio, y del abastecimiento completo de una escolta compuesta de once individuos voluntarios.
“La exploración del Pilcomayo es una empresa mucho más difícil y más onerosa de lo que pensábamos; pero el Gobierno de Bolivia que está particularmente interesado en el éxito de mi misión tomará a su cargo nuestros gastos extraordinarios.
“Antes de partir, que será dentro de una hora, ruego a Vd. se sirva recompensar al señor Campero por los muchos servicios que nos ha prestado, concediéndole el nombramiento de Oficial de Academia.
“Marchamos con esa plena confianza para la consecución del objeto de nuestro viaje, no carecemos de nada y nos encontramos en estado de perfecta salud.
“Los Reverendos Padres franciscanos del convento de Tarija, que son italianos, nos han suministrado los más preciosos datos respecto a los indígenas del Gran Chaco, ofreciéndonos su cooperación para la construcción de nuestras canoas.
“Tengo el honor de rogar a Vd. se sirva agradecerles por estos servicios, etc. (5)
“J. Crevaux. ”

La simpatía que Crevaux llegó a abrigar por Bolivia le hizo concebir otro proyecto de importancia para después de realizada la exploración del Pilcomayo. En comunicación dirigida al Dr. Antonio Quijarro, Ministro de Hacienda, le insinuaba la idea de expedicionar sobre el Purus, afluente importante del Amazonas, que tiene su nacimiento en el rico departamento de la Paz. El ministro en oficio del 9 de Marzo decía al sabio viajero:
“Recibiré con el mayor agrado el proyecto de exploración del Alto Purus, de que Vd. me habla; y realmente, yo creo como Vd. que su navegación es preferible a la de los ríos Madera y Mamoré, embarazados por formidables y numerosas rompientes. Tengo algunas nociones sobre el curso del rio Puras, por lecturas que hice antes de ahora y de las que resulta que es distinto del rio Madre de Dios. ”
Este antecedente demuestra los propósitos elevados del Dr. Crevaux, respecto de Bolivia, a la cual debía prestar importantes servicios revelando los secretos que esconde su rico e inexplorado suelo. Bajo de este concepto, su muerte es una pérdida que considero debiera ser llorada como un duelo nacional.
La permanencia del Dr. Crevaux en Tarija, fue corta; llegó a esa ciudad el 4 de Marzo y se dirigió a la misión de San Francisco el 13 del mismo mes. Después de tocar en Caiza, capital del departamento boliviano del Gran Chaco, arribó al punto de su destino donde construyó tres canoas para el viaje; su ansiedad era tanta, que el día 19 de Abril, antes de terminar los pequeños camarotes de las embarcaciones, se arrojó al agua sin más pensamiento, según él mismo lo expresaba, que llegar a la Asunción del Paraguay o perecer en la atrevida empresa.
Tres días después, el 23 de Abril, habiendo recorrido próximamente 39 leguas desde el punto de partida (que bautizó con el nombre de Embarcadero Omiste), llegó a la capital de las poblaciones Tobas, Teyo; puesto en comunicación con la tribu, el explorador, dando al olvido las prevenciones que se le habían hecho en Tarija respecto de la deslealtad de esta, comunicaba a uno de los padres misioneros del Chaco, confiadamente, que había hecho la paz con la terrible nación.
Los Tobas aceptaron a los viajeros con las pruebas de humildad y sumisión que acostumbran; recibieron los donativos que se les ofrecían, y cuando hubieron alejado toda desconfianza del espíritu de los exploradores, los rodearon en gran número y les dieron la muerte bárbaramente a puñaladas y garrotazos, (6)
Así terminaron en las sangrientas manos de la salvaje tribu todos los generosos anhelos de esos hombres que debían llevar con su obra la luz de la civilización al espíritu de razas degradadas por la barbarie
Momentos después se vieron las barcas abandonadas flotando sobre las aguas del río y más tarde cubiertos los salvajes con las ropas de las víctimas.
El portador de la funesta nueva, fue el indio Yahunahua, sobre el cual recaen sospechas de complicidad, presumiéndose sea el espía que anunció a los Tobas el próximo viaje de los expedicionarios. La fatal noticia conmovió profundamente a la ciudad de Tarija, como ha de haber conmovido al resto de la República de Bolivia al tenerse noticia del desastre.
Aquí esa inmolación ha arrancado exclamaciones de espanto y despertado aliento en las almas generosas para penetrar hasta el corazón de la bárbara tribu y vengar ejemplarmente la muerte de aquellos mártires del progreso humano.
Hay existencias que se hallan fuertemente ligadas a los destinos de los pueblos; columnas de apoyo, que cuando caen parece van a arrastrar en pos de si un cataclismo, esas existencias, esas columnas, son los hombres que después de ardua labor han logrado penetrar en las oscuras cavidades de lo desconocido; ellos traen la luz de en medio de la tiniebla y cuando su mano helada no puede sostener más la antorcha, la humanidad tiembla creyendo que va a precipitarse de nuevo en el insondable abismo!
Crevaux era uno de esos espíritus fuertes, llamado a dejar tras sí marcada huella. Sus viajes de exploración presagiaban para lo futuro una figura gigante. Poseía 35 años y había acumulado vasto material para la obra de más tarde; era el buscador de diamantes que después de recoger la deforme piedra la trasforma en sus manos y arranca de su oscuro seno rayos diáfanos de luz.
Ese sacrificio en la asidua peregrinación para levantar el monumento futuro, ha arrebatado a la ciencia uno de sus más escogidos obreros!
¿Quién era este joven sabio y qué méritos le hacen digno de esta ovación póstuma?
La breve reseña de sus trabajos e investigaciones, va a decírnoslo.

(4) Estos intrépidos voluntarios eran:
Baldomero Vera, capitán de ejército; Bernardino Valverdi, teniente 1° de ejército; Nemecio Valverde; Julián Romero ; Jacinto Gaite ; Miguel Montero ; Estanislao Zeballos ; Francisco Zeballos.

(5) Al día siguiente de su salida, en carta dirigida al Prefecto del Departamento, expresaba en estos términos su reconocimiento a la sociedad de Tarija por las distinciones de que fue objeto:

Santa Ana, Marzo 14 de 1882.
Señor Don Samuel Campero.
Mi caro amigo:
Doíle las gracias por los servicios que me ha prestado Vd. en calidad de Prefecto y por su generosa hospitalidad.
Gracias, a las familias de los señores Macedonio Trigo, Samuel Achá y Guillermo Cainzo, que nos han proporcionado tertulias.
Gracias, a todos los habitantes de Tarija, que han manifestado tanto entusiasmo en nuestra partida al Pilcomayo.
Gracias, a las madres de familia, a las esposas, que me han confiado a sus hijos, a sus esposos, para el bien de la Patria.
Gracias, a los RR. PP. Franciscanos por haber contribuido eficazmente en la causa de la civilización boliviana.
Doy a Vd. la mano, como a su digno Secretario Dr. Taborga.
Julio Crevaux.
Nota. — Ruegue Vd. al señor Luis Paz, se moleste en dar a luz esta comunicación en el Diario de Tarija.

(6) Con posterioridad a los datos que anteceden, se han recibido los siguientes detalles en una correspondencia de 8 de Junio publicada en el número 54 de El Trabajo de Tarija, y que con más o menos ampliaciones, ha reproducido la prensa del Plata.
El 19 del próximo pasado Abril, a las 9 a. m., el señor Crevaux y sus compañeros, dejaron las playas de estas Misiones, principiando su navegación y exploración en el misterioso Pilcomayo, a cuya corriente debía llevar la luz que lo iba a mostrar al mundo civilizado.
En la estadía del señor Crevaux en esta Misión, así como al tiempo de despedirnos de él, le rogamos que no se fiase de los indios, que siempre se muestran afables para después traicionar a los que momentos antes llamaban amigos. Crevaux nos prometió ser receloso, asegurando que nunca lo engañarían. Por desgracia, no sucedió así.
El mismo día que salieron de esta, a las 4 p. m., llegaron los viajeros al paraje llamado Irua, a cuatro leguas de aquí. Allí encontraron a los ex misioneros Noctenes, hombres tímidos y cobardes que se habían criado con los RR. PP. Conversores, y que se fueron de las Misiones por seguir a sus parientes, llevados por su carácter que los impulsaba a la vida salvaje. Allí se detuvieron hasta el día siguiente, conversando con los indios” y haciéndoles regalos. Yo vi, 48 horas después, una camisa de lienzo blanco que los exploradores habían regalado a un indio que vino con la última carta de Crevaux dirigida al P. Prefecto, en la que le decía : “Hemos llegado a este punto de Irua, y hemos hecho la paz con los Tobas”.
Pobre hombre! No sabía que aquellos indios no eran Tobas, y que eran inofensivos, y creía ya ver a los enemigos de la civilización a sus pies.
El día 2º, Crevaux siguió su viaje. Antes de salir de Irua, contrató un indio llamado Caliuis, para que le sirviera de guia hasta Teyo.
Crevaux llegó a Teyo y encontró allí a “Caserai” con un número crecido de Tobas y Chiriguanos, todos, a ver al explorador francés y sus compañeros, se acercaron y le preguntaron:
¿Vienen de buenas o de malas?
De buenas, les contestaron los viajeros.
Bueno, nosotros no seremos malos; los acompañaremos hasta Caballo-repotí y así irán seguros.
Los expedicionarios, incautamente creyeron en la palabra de los indios y se consideraron tan seguros en Teyo, como lo habían estado en Irua, siendo estos salvajes de distinta raza a la de los otros.
Si los expedicionarios se hubieran acordado de nuestras prevenciones, de que no creyeran en las ofertas de estos salvajes, tal vez hoy estuvieran recogiendo los laureles que la gloria les ofrecía.
Mientras Crevaux y sus compañeros descansaban en Teyo, los salvajes se reunieron en parlamento para decidir de la suerte de los expedicionarios. El parlamento se dividió en dos partidos, el uno gritaba: “Degollémoslos para que no pasen”; y el otro decía: “Dejémoslos pasar, pues que estos no son ni Tarijeños ni Caizeños ; luego no vienen a quitarnos nuestras tierras, estos son gringos : “que se vayan a su tierra”.
Al indio que trajo Crevaux de Irua, le dijeron los del primer partido: “No digas nada a los cristianos, porque si dices, te cortamos la cabeza”.
No obstante esta prohibición, el indio dijo a los expedicionarios: “Los Tobas están bravos y los pueden matar”; a lo que le contestaron: “No, no hay cuidado; muy bien nos han acogido
El 24 o 25 de Abril, este indio desapareció de la vista de los exploradores.
Los Tobas se ofrecieron a acompañarlos .hasta Caballo-repotí, pues en ese punto acordaron victimar a los exploradores, que no sospechaban ni preveían el peligro que les rodeaba.
Llegaron a Caballo-repotí y encontraron un crecido número de salvajes de muchas tribus.
Cuando saltaban de sus canoas, se acercaron los Tobas y les dijeron: “No saquen sus armas; nosotros no tenemos ninguna, ¿ para qué sacarlas y Si Vds. no son bravos, nosotros tampoco lo seremos”.
Los exploradores dejaron sus armas en las canoas, bajando sin ellas. Los indios los obsequiaron con carne de cordero.
A los pocos metros de sus canoas se vieron rodeados por salvajes, que, hambrientos y feroces, victimaron a los 14 exploradores, dándoles una muerte rápida y espantosa.
Inmediatamente de la victimación de los 14 exploradores, se lanzaron los Tobas a las canoas, donde encontraron a Ceballos, joven de 14 a 15 años, a quien tomaron cautivo.
La misma suerte corrió el cocinero que estaba preparando la comida para los exploradores.
Estos fatales sucesos tuvieron lugar a las 10 a. m. del día 26 o 27 de Abril
Estas fidedignas noticias las he recibido por Itiyuro y por el Oriente.