Cazadores-recolectores eran la “sociedad opulenta original”

“Si medimos el éxito de una civilización mediante su longevidad, entonces los Bosquimanos fueron, de lejos, la civilización más exitosa en toda la historia humana. Dado que la habilidad de una sociedad para reproducirse a través del tiempo depende de su habilidad para alimentarse, entonces la clave del éxito bosquimano yace en su enfoque económico”.
Así interpreta el antropólogo sudafricano, James Suzman, recientes datos sobre el genoma humano y nuevos hallazgos arqueológicos.

Suzman se ha especializado en la economía política del sur de África. Desde hace más de 25 años que vive y trabaja con los Bosquimanos de Botswana (al este del desierto de Kalahari). Desde 2012 fundó y codirige la ONG Anthropos, con sede en Cambridge (Reino Unido), que busca usar los métodos de la antropología para resolver problemas socioeconómicos y de desarrollo.

Según este experto, recientes estudios sobre el genoma humano muestran que hace aproximadamente 150 mil años, los Homo Sapiens –que existen desde hace unos 200 mil años- se dividieron en dos grupos.

Uno se expandió desde el desierto de Kalahari hacia el norte, colonizando luego el resto del planeta. El otro, considerado como ancestro de los bosquimanos, se quedó en su lugar. Para la época en que los humanos modernos empezaron a llegar a Sudamérica, hace once mil años, los Bosquimanos habían permanecido por 140 mil años o más en el Kalahari.
Asimismo, hallazgos arqueológicos recientes afirman que por al menos 70 mil años, los ancestros de los bosquimanos modernos vivieron en los mismos lugares y de manera muy similar a aquellos que siguieron cazando y recolectando hasta mediados del siglo XX.
Esto hace de los bosquimanos la civilización más antigua y longeva, a decir de Suzman, aunque por supuesto, hoy en día la vida de estos grupos humanos ha cambiado debido a situaciones como usurpación de tierras, guerras civiles, relocalización, colonialismo, entre otros problemas sociales en toda la región.

Una “buena vida” con poco trabajo
Antropólogos de los años 1960 consideraban que los Ju/’hoansi –un grupo de los Bosquimanos de Botswana, conocidos por tener una vida muy dura en esa época-eran los mejores ejemplares vivientes para saber cómo vivían las sociedades cazadoras-recolectoras, así que los eligieron como sujetos para un cuidadoso estudio económico.
“Los resultados de estos estudios sorprendieron a todos” –resalta Suzman- ya que éstos mostraron que “pese a la dureza de su ambiente, los Ju/’hoansi tenían una buena vida sobre la base de apenas unas 15 a 17 horas de trabajo por semana. Pasaban el resto de su tiempo realizando tareas del hogar, jugando, cortejando amantes, tallando regales, cuidando niños y contando historias”.

Las investigaciones posteriores revelaron que el enfoque relajado respecto al trabajo se basaba en su fe en que su ambiente proveería, y en su confianza para explotarlo: usaban más de cien especies vegetales y eran adeptos a cazar casi cualquier animal comestible.
Por tanto, los Ju/’hoansi tenían una “economía de ganancia inmediata”, que según Suzman, significa que nunca guardaban comida y generalmente trabajaban solamente para conseguir lo suficiente para satisfacer sus necesidades de corto plazo, “seguros de que siempre habrá más a la mano con solo dedicarle unas cuantas horas de esfuerzo”.
Los estudios también demostraron cómo el “feroz igualitarismo” de esta población aseguraba su “riqueza” al hacer que “los recursos fluyan a través de comunidades, asegurando así que incluso en los tiempos más magros todos tengan más o menos lo suficiente”.

Cuestionando el
problema económico
Para el famoso economista John Maynard Keynes, el “problema económico” desde el principio de los tiempos consistía en que los humanos tienen deseos o necesidades ilimitadas pero medios y recursos limitados para satisfacerlos. Al contrario, los Ju/’hoansi tenían pocos deseos que eran fácilmente satisfechos.
Pero Suzman observa que cuando Keynes lamentaba los infinitos deseos y “hábitos inculcados sobre nuestra crianza a lo largo de incontables generaciones”, se refería a una visión de la naturaleza humana que casi con certeza tuvo su origen en la Revolución Agrícola, “probablemente el punto de inflexión más importante de nuestra especie”.
Y es que “si bien la agricultura era mucho más productiva que la caza y recolección, y permitió periodos de rápido crecimiento de la población, también exponía a estas poblaciones a una nueva gama de riesgos catastróficos”, como las hambrunas debido a pérdida de cosechas o las nuevas y aterradoras enfermedades que transmitía el ganado.
“Como resultado, mientras los cazadores-recolectores como los Ju/’hoansi tenían una inquebrantable confianza en la providencia de sus ambientes, los agricultores neolíticos vivían con miedo a las sequías, plagas, pestes, enfermedades, hambrunas, y después también a los ataques por parte de forasteros igualmente estresados”, apunta Suzman. Al final de cuentas, el experto sintetiza que la “opulencia primitiva” de estos grupos dependía de mucho más que solo una disposición a contentarse con tener unas pocas necesidades fácilmente satisfechas: “También requería de una sociedad a cuya gente le importaba poco la acumulación de riqueza, y en la que todos jugaban un activo rol en hacer cumplir celosamente su feroz igualitarismo”.
No es por nada que Marshall Sahlins, uno de los antropólogos sociales norteamericanos más influyentes del siglo XX, rebautizó a los cazadores-recolectores como “la sociedad opulenta original”.